Corazón de Olivetti

La muerte alrededor

Los muertos del Estrecho son algo más que accidentes de tráfico en las autovías de la globalización. Los avances científicos nos alargan la vida y los retrocesos económicos nos la acortan. Tanto hablar del rescate de bancos, países o cuatreros, y somos incapaces de rescatar simples personas corrientes, con el agua al cuello.

Cuando se fueron a pique, en el mar de Alborán, los sueños y el resuello de varias decenas de fugitivos de la crisis crónica de Africa, ¿por qué no llegó a tiempo el socorro?. ¿Se habrían salvado más vidas si, como apuntan diversas organizaciones no gubernamentales, se hubiera atendido antes a su rescate que a establecer un protocolo de seguridad que quizá demorase la posible asistencia a esos viajeros a ninguna parte y a la deriva? La pregunta sopla sobre el viento de Motril mientras un sepulturero enluce el nicho sin nombre de algunas de sus víctimas.

Ya no está la vida alrededor, Fernando Fernán Gómez. Lo único que nos rodea es la muerte. La de un tiempo, la de una concepción del mundo y de la historia pero, sobre todo, la de esa gente de carne y hueso, sin personal shopper ni limusina, a la que el capitalismo salvaje –o simplemente el capitalismo-- sigue llamando, como en la vieja canción de Raimon, clases subalternas.

Ayer, en plena fiesta del cordero, cerraron durante dos horas y pico las fronteras de Melilla bajo una lluvia de piedras marroquíes y balas de goma o de fogueo a la española. No se sabe bien si se trataba de que los rifeños no entraran en la ciudad autónoma o de evitar que Europa entera huyese de sí misma hacia el sur, avergonzada por traicionar lo que le hizo ser Europa.

También hay náufragos tierra adentro. En Granada, el mismo día en que no menos de setenta inmigrantes zozobraban en alta mar, un hombre, José Miguel Domingo, se suicidaba en Granada por no afrontar el acabose de un desahucio. Otro lo intentaba, poco más tarde, en Valencia., justo un año después de que tunecinos y argelinos se quemaran a lo bonzo presagiando las primaveras árabes que aquí han quedado en un simple y eterno otoño.

¿Por qué los estados se precipitan a salvar el culo de la banca y no a lanzar un cabo a los seres vivos? Probablemente ocurre porque la Unión Europea ya es un estado fallido como los geoestrategas de salón dicen de casi toda Africa.

Casi diez años atrás, otra patera se hundía en la Bahía de Cádiz con casi cuarenta personas a bordo, mientras la Bahía de Cádiz, media Andalucía y otra media España, se siguen hundiendo con un paro galopante sin que aparezca nunca el séptimo de caballería en su auxilio. Casi cuarenta cadáveres, entonces, frente a la Base de Rota, cuya supuesta misión es la de defendernos pero que fue incapaz de defender del último suspiro a todos aquellos indefensos. Hoy, domingo, si el tiempo no lo impide y la autoridad lo permite, diversas marchas recorrerán el sur, frente a las bases de Rota, de Morón y de Gibraltar. Sus vecinos están tan acostumbrados a la supervivencia que no le hacen ascos a la llegada masiva de tropas que busquen casas de alquiler, un taxi libre, un restaurante donde llevar a la familia mientras dure su estancia en puerto antes de zarpar para defender a Occidente de enemigos previsiblemente menos peligrosos que las agencias de rating y los tiburones financieros.

Nadie se pregunta cuánto nos costará la broma del escudo antimisiles que le hemos comprado al antepenúltimo Premio Nobel de la Paz. Ignoro si con dicha suma hubiéramos dispuesto de un helicóptero más que hubiera llegado a tiempo para coger del brazo al último ahogado del último desastre. ¿No hubiera sido mejor invertir en un escudo anti-desahucios, anti recortes en salud y en educación? También ahí la muerte sigue alrededor y resulta curioso como al mismo segmento de la opinión pública que parece preocuparle sobremanera la presunta independencia de Cataluña o la eterna espina de Gibraltar en el zapato de España, no abre la boca ante el alquiler de nuestra soberanía militar que lleva ya casi cincuenta años ocupada por Estados Unidos. Pregunten a los andaluces qué harían en caso de que un muyaidín atentara contra algunas de las unidades aeronavales de propulsión o carga nuclear que hacen parada y fonda habitualmente en esas tres bases. Protección Civil no les ha dicho jamás qué patera tendrían que usar para escapar del peligro, en qué lugar estarían a salvo de quienes pretenden salvarnos.

En vísperas del Día de Difuntos, tendríamos que encender un cirio en memoria de aquellos que por tierra, mar y aire, no tiraron nunca la toalla de la esperanza. Y, en vísperas de Halloween, podríamos alumbrar si acaso la calabaza de nuestro desencanto: ¿truco o trato?, tendríamos que preguntarnos a nosotros mismos. Truco: aceptamos con Jorge Luis Borges que la muerte es una costumbre que suele tener la gente. Trato: tratamos de eludir esa implacable estadística e impedimos que muera ese alma difícilmente trasplantable y que alguna vez nos hizo fieramente humanos.