Corazón de Olivetti

Un amanecer republicano

 

Ella se quita las legañas en el primer bareto donde despachan calentitos. Pide café con una gota de coñac y empapa los churros en la conversación con los suyos. Con Carmen, la catedrática, que bromea al recordar que el rey celebró el aniversario de la Segunda República, el pasado año, cazando elefantes en Bostwana: "Su abuelo Alfonso XIII, ya saben, mantenido por un dictador y por un dictablando hizo las maletas rumbo a Roma el día en que los republicanos ganaron las municipales aunque tan sólo fuera en las grandes ciudades españolas a donde no llegaba la larga mano y el voto inducido de los caciques".

Progreso es un cromo. Sus progenitores fueron anarquistas y le pusieron el nombre de un deseo. Ahora, para en los albergues cuando sus hijos se hartan de aguantar su mal genio, su profunda convicción de que alguien le robó la vida. Pero sabe latín Progreso. Y nada más mentar al conde de Barcelona, al exiliado en Estoril, al rey que no pudo reinar, apunta lo que sabe: "Su padre don Juan, que luego le dejaría una golosa herencia en Suiza, salió pintando de la escuela de marina de San Fernando, a través de Gibraltar, esa eterna espinita en el zapato de España que sin embargo ha servido durante los últimos dos siglos para que muchos españoles pudieran ponerse a salvo del cainismo de nuestro propio país".

Anno horribilis para el rey campechano, el del por qué no te callas, el de la motocicleta que recorría la transición rindiéndole homenaje castizo a su tatarabuela Isabel II, rezan algunos artículos de prensa, se comenta en la radio e incluso se denuncia en ciertos programas de televisión: "La Casa Real ya no es un tabú, algo es algo", masculla la cátedra. O sentencia Ignacio, que iba para friki hasta que el 15-M le abrió los ojos: "Pero año horrible también para cinco millones y pico de parados que veían como aquel señor tan simpático que predicaba austeridad de forma ininteligible en los mensajes de fin de año se dejaba una pasta gansa en un safari millonario en un continente que se muere de hambre".

A la cafetería acaban de entrar tres del sindicato de Sánchez Gordillo. Se saludan escuetamente, porque se conocen de vista, de pedir lo imposible y no lograr demasiado: "Mientras el Borbón se pegaba un trompazo por mor de unas extrañas e insuficientemente explicadas maniobras orquestales en la oscuridad, el nombre de su hija Cristina seguía entre las penumbras del caso Noos. Un año después fue imputada por unos días, hasta que todo quedó en suspenso en espera de que la audiencia se pronuncie: no le hará falta a la infanta contratar a Miquel Roca, si tiene de su parte a la fiscalía y al abogado del Estado. ¡Menudas tasas judiciales tiene que estar pagando la Casa Real por tan llamativo trato de favor!"

Eso estará diciendo, probablemente, mi amiga Pruden, mientras se echa al coleto de sus noventa y dos un carajillo junto al amanecer tricolor de España. Acudirá a la manifestación republicana, como viene haciendo desde que puede acudir a manifestaciones, aunque los suyos sigan en una tumba sin nombre y el juez que quiso sentar a la dictadura en un banquillo terminó sin juzgado en donde sentarse. Ella sabe que la monarquía fue impuesta por Franco aunque los fascistas sigan diciendo que se la pegó a su Caudillo con la democracia, pero también comprende ella –enjuta como un pésame y fuerte como el instinto de supervivencia-- que la república no es en sí mismo el paraíso. Es ahí que Progreso, como de costumbre, recuerda Casas Viejas con Azaña y el bienio negro con la CEDA. Sin embargo, todos ellos, mientras van pagando lentamente las consumiciones, se dicen que prefieren quitar y poner a los presidentes que aceptar desde la cuna a un jefe del Estado que no haya salido elegido por la voluntad de las urnas.

Nunca creyó Pruden que asistiría al amanecer de la Tercera República. Pero ahora ya no está tan segura. Y no es que haya muchedumbres a su lado, aunque este año seguro que verá más gente en la celebración de esta efeméride. "Es que hasta la derecha se está volviendo republicana", le espeta Carmen. "La extrema derecha siempre lo fue", añade Progreso.
"Yo no sé si la República es necesariamente democrática, pero la monarquía no surge de la democracia de la sangre", farfulla Ignacio, aunque probablemente lo haya leído en un twitter.

Pruden, que es muy leída, no pierde ocasión en citar a los clásicos. El otro día se encontró con Alberto, un periodista cincuentón que iba de rojo en los últimos años del franquismo, pero cuya ideología, ahora, anda más descolorida que su cuenta corriente: "El problema es que no tenemos plan B"."Si el plan A es la monarquía, está claro que no funciona", atajó la vieja, que ha decidido llevar hoy bajo el brazo un libro de economía de José Luis Sampedro, quizá por algo más que solidaridad respecto al Carbono 14. "Pero no hay alternativa sólida, ¿qué República queremos, federal, confederal, presidencialista?", insistió el veterano reportero. Y ella: "¿Tú has leído a Bertolt Brecht? Escribió un poema sobre Gautama El Buda que llegaba a una casa en llamas y alertaba a sus inquilinos para que escaparan del fuego. Ellos empezaron a preguntarle si hacía frío afuera o si era seguro salir de la habitación ardiendo. Buda, sencillamente, les dejó que se quemaran".

Unos cuantos, unos cientos o unos miles --depende de la ciudad y de las temperaturas--, se sumarán a Pruden en las próximas horas. Suficientes, pensará ella, en un país que no sale a la calle a diario para protestar por la corrupción rampante y los salarios menguantes, por los ladrillazos sobre nuestras costas, por la amnistía fiscal y las inyecciones de dinero a los bancos, por los desahucios y las preferentes, por las medias verdades y las mentiras absolutas, por quienes prefieren defender la Marca España metiendo la cabeza bajo tierra, en lugar de dar la cara para que España se desmarque de dichos individuos.

"Al paso que van, no haremos falta los republicanos. Ellos mismos terminarán derrocándose", maldice ella mientras se cruza con las familias de orden que siguen creyendo que la culpa de todo la sigue teniendo Zapatero y que el decreto sobre expropiaciones promulgado esta semana por la Junta de Andalucía es un claro ejemplo del comunismo soviético. ¿Alguna de esas dos Españas tendrá que volver a irse otra vez, con el corazón helado? Ojalá que no. Algunos, sencillamente, quizá no tendríamos a donde hacerlo.