La tramoya

¿Para qué sirven las previsiones del Banco de España?

El Banco de España (BdE) acaba de pronosticar que la economía española se recupera y que lo hará incluso más que lo previsto por el gobierno. Afirma que el Producto Interior Bruto crecerá un 1,2% en 2014 y un 1,7% en 2015, dos décimas más de lo que dijo Rajoy en el último debate sobre el estado de la Nación.

El efecto de esta previsión del BdE es evidente e inmediato: corroborar la sensación de recuperación que el gobierno, la patronal bancaria y algunos grandes medios de comunicación están tratando de generalizar desde hace unos meses. Casualmente, antes de que se celebren unas elecciones, las europeas, en las que el Partido Popular que ahora gestiona los intereses de los grandes grupos económicos y financieros podría darse un batacazo histórico a consecuencia de sus incumplimientos electorales y del fracaso de las políticas que viene realizando.

¿Qué fundamento tienen estas predicciones del BdE?

A mi juicio, casi ninguna. Tanto es así, que el propio BdE las pone en sordina por varias vías en algunos casos. Por ejemplo:

- Ni siquiera las da por hechas, pues afirma que es posible que el gobierno tuviese que llevar a cabo un ajuste fiscal en 2015, lo que provocaría "un avance más moderado de la actividad ese año".

- La estimación del BdE se basa en un crecimiento del 5% y 6% de las exportaciones en esos años pero el propio Banco de España dice que eso solo se daría si se consolida la recuperación en la Eurozona y no se frena el crecimiento de las economías emergentes. No tiene en cuenta, sin embargo, que lo más probable es que el euro siga apreciándose (dificultando las exportaciones), que todos los informes apuntan a una caída en la actividad de los países emergentes y, por tanto, de sus compras al exterior, y que la recuperación en Europa es dudosa teniendo en cuenta todo ello y el proceso deflacionario en el que estamos (el propio BdE deja caer que los efectos negativos de la deflación pueden ser mayores de los esperados).

- Vincula también el mayor crecimiento a una mejora (débil, en todo caso) en el nivel de empleo que a su vez impulsaría la demanda interna por la vía del consumo. Pero no tiene muy en cuenta que hoy día lo decisivo a este respecto no es que aumente el empleo sino la evolución de la renta familiar disponible, que es muy posible que apenas crezca (incluso aunque aumente el empleo) por el carácter tan precario y empobrecedor de los puestos de trabajo que se están creando.

A mi juicio, las predicciones del Banco de España sería distintas y no tan favorables a los intereses del gobierno y de los banqueros, empeñados en decir que todo mejora para tratar de salvar los muebles en las próximas elecciones, si en lugar de esas hipótesis tan débiles se tuvieran en cuenta otros hechos. Por ejemplo, la evolución negativa de las ventas de grandes empresas, de las ventas interiores y de la actividad industrial, el estancamiento real de las exportaciones, la caída de la renta familiar, el aumento de la desigualdad, la evolución negativa de las pernoctaciones en las zonas turísticas, el incremento de la deuda, el estancamiento del crédito, la complicación de la situación política que se puede producir y el predominio en Europa de los intereses alemanes que son muy contrarios a los nuestros, entre otros.

Si se tuvieran en cuenta este tipo de variables las predicciones del Banco de España sería casi con toda seguridad un fiasco y que no se van a cumplir.

Y no será la primera vez que eso ocurra.

Según la Diana Económica de la Escuela de negocios ESADE, que refleja el mayor o menor nivel de acierto en las predicciones de diversas instituciones económicas, el Banco de España fue la institución que menos acertó, después del Gobierno de España, en 2012 y 2013, casualmente los años de gobierno del Partido Popular.

Lo mismo que ha ocurrido en otras ocasiones. Como demostré en otro artículo (El Banco de España frente a la crisis), esta institución, cuyos directivos gozan de más privilegios que ningún otro empleado público, ha hecho del error una práctica normal y de la connivencia con los intereses privados una guía de actuación. Así lo demuestra también que una vez que van concluyendo sus funciones en el Banco los gobernadores, subgobernadores y directores generales pasen sin solución de continuidad a las entidades financieras privadas o a sus patronales.

El Banco de España reclama independencia pero la utiliza para apoyar mejor a los intereses de unos pocos privilegiados. Sus predicciones, disimulos y complicidades ante todo lo que ha pasado es un escándalo y el que nadie le haya pedido cuentas por sus errores y por el coste tan grande que han tenido es una muestra clara de cómo funciona nuestra democracia y de sus limitaciones ya insoportables.

En mayo de 2006, la Asociación de Inspectores de Entidades de Crédito del Banco de España escribió al entonces vicepresidente del Gobierno y Ministro de Economía y Hacienda para denunciar que el gobernador, Jaime Caruana, mantenía una actitud pasiva ante los problemas que se estaban generando en el sector financierto, que hacía una lectura complaciente de lo que ocurría y de no tomar medidas para evitar lo que se venía encima (pdf). ¿Qué partido le pidió cuentas? Ninguno. ¿Qué fiscal intervino? Ninguno. ¿Dónde está ahora ese exgobernador que dejó crecer la burbuja de crédito y la quiebra de la banca española? Es el Director General del Banco Internacional de Pagos, que se supone que es la autoridad que controla a los bancos centrales. Y efectivamente así es, los controla para que sigan haciendo lo que hace el Banco de España, estar al servicio de la oligarquía financiera que está arruinando a España.

Y ahora, que cada lector o lectora conteste por sí mismo a la pregunta que encabeza este artículo.