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El teléfono fijo tradicional se muere

Los teléfonos de góndola ya son una reliquia, los que no sean VoIP lo serán también en dos años. - Pixabay

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado esta semana la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) en los Hogares correspondiente a 2022. Entre los hallazgos, vuelve a evidenciarse el descenso del teléfono fijo en los hogares, presente únicamente en el 62,5% de los mismos, lo que supone 4,7 puntos menos que en 2021. ¿Está definitivamente abocado a su extinción?

La encuesta del INE revela la tendencia hacia el teléfono móvil, pues más del 62% de los hogares dispone de fijo y móvil, pero sólo el 0,4% con únicamente el fijo, frente al 37,3% que utiliza exclusivamente el móvil para comunicarse desde el hogar (comparado con el 32,6% de 2021). No es un fenómeno exclusivo de nuestro país, pues si miramos hacia otros vecinos europeos, las circunstancias son muy similares.

Más allá de los hábitos de consumo, uno de los motivos se encuentra en la cada vez mayor dificultad y coste de mantenimiento, por lo que las operadoras apuestan por su reemplazo. Tanto es así que en Reino Unido BT ya ha puesto fecha de caducidad para su Red Telefónica Pública Conmutada (RTPC), fijándola en el 31 de diciembre de 2025, lo que provocará un efecto dominó en el resto de operadoras que utilizan su red, como sucede en España en el caso de Movistar (Telefónica). En países como Francia, Orange llevará a cabo esta transición entre 2023 y 2028, su bien desde finales de 2019 ya no comercializa líneas fijas que no sean VoIP.

Y es que el futuro para quienes se resistan a abandonar el teléfono fijo pasa por la Voz sobre IP (VoIP), es decir, la comunicación que se realiza a través de tecnología digital utilizando la misma red de fibra con la que se proveen servicios de internet. Dicho de otro modo, quienes quieran hablar desde su casa con teléfono fijo necesitarán una conexión a internet.

Las redes de fibra óptica son significativamente más baratas de gestionar que las de cobre. Bien lo sabe Telefónica, que es una alumna aventajada en la transición digital. Ya en 2018 anunció que apagaría una central de cobre al día hasta 2020. Un desmantelamiento que ha continuado y, de hecho, hace apenas cuatro meses que la operadora informaba que sólo en el primer semestre del año ha cerrado alrededor de 1.000 centrales, lo que equivale a unas 65.000 toneladas de cobre.

En términos de coste, una central de cobre es cuatro veces más cara que una de fibra, ocupando hasta un 15% más espacio físico. En la actual coyuntura, con la escalada del precio de la energía, las cuentas de Movistar se resentirían de no haber migrado a la fibra, pues ésta trae aparejados ahorros energéticos de hasta un 60%, a lo que habría que sumar menor número de averías y, por ello, de visitas del servicio técnico.

2025 es la fecha tope que también se ha marcado Telefónica para abandonar definitivamente el cobre. De hecho, este mismo año ha vendido parte de su red de cobre al fondo australiano Macquarie por unos 200 millones de euros. Este es el motivo por el que muchos usuarios y usuarias que disfrutaban de conexiones a internet vía ADSL están siendo 'forzados' a pasarse a la fibra, que pese a ser más barato para el operador resulta más caro para el abonado. Negocio redondo para la operadora.

Entre las desventajas de acabar con el teléfono fijo tradicional destaca la dependencia de la electricidad: ante un corte de luz, quedaremos incomunicados, salvo que contemos con una batería de respaldo o un sistema de alimentación ininterrumpida, que no sólo ha de proveer energía al teléfono, sino también al router. En países como Reino Unido, cuando se acredite la dependencia del teléfono fijo, será obligatorio y gratuito para el operador suministrar este batería. Asimismo, antes de realizar este tipo de cambio hacia un teléfono fijo digital es importante tener en cuenta si alguien en el hogar cuenta con un dispositivo/colgante de teleasistencia que utilice la línea telefónica para la comunicación.

En el caso de las empresas, especialmente las más pequeñas, también se verán afectadas más allá de sus comunicaciones de voz. Los sistemas que utilicen la telefonía tradicional, desde los terminales de pago con tarjeta a las alarmas deberán ser adaptadas al nuevo sistema. Los defensores del nuevo sistema tratan de despejar los mayores temores, asegurando que la tecnología ha avanzado tanto que incluso los servicios de emergencia son capaces de localizar una llamada VoIP. Sea como fuere, el teléfono fijo tradicional se muere y lo veremos más pronto que tarde.