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La IA oculta en campañas políticas

La IA oculta en campañas políticas
La IA puede favorecer la manipulación en las campañas, sin que el votante sea consciente de ello. - Pixabay

Nos encontramos en plena campaña electoral y los partidos políticos emplean todo tipo de estrategias para intentar ganar votos. Este periodo electoral es el escenario ideal para detectar la estupidez (y mezquindad) natural, pero dado que nos encontramos en plena vorágine mediática en torno a la Inteligencia Artificial (IA), ¿por qué no mezclar ambos mundos? ¿Es posible? Ya lo creo, ya lo temo.

Mientras la legislación vaya muy por detrás de la tecnología, la creación de imágenes sintéticas hiperrealistas, prácticamente imposibles de distinguir de la realidad, pueden poner en serios aprietos al ingenuo elector. La denominada IA generativa es capaz de clonar voces, imágenes, vídeos... tan reales, a un coste relativamente pequeño, que no sería de extrañar ver dos intervenciones simultáneas de un candidato en riguroso directo. El deepfake sería prácticamente indistinguible.

Sin embargo y aunque esa práctica no es futuro, ya es presente, lo que más preocupa es la capacidad de la tecnología para automatizar masivamente las campañas sin que ni siquiera el electorado sea consciente de ello por recibir mensajes absolutamente personalizados. La aplicación de software empresarial al ámbito político es algo que en España está por explotar masivamente, pero que sin duda llegará.

Los denominados sistemas CRM (Customer Relationship Management) que utilizan las empresas para automatizar el marketing y la relación con sus clientes son mucho más sofisticados de lo que la mayor parte de los consumidores piensa. Esta tecnología es capaz de registrar la trazabilidad de un consumidor antes, incluso, de que éste se convierta en cliente, tan sólo con que navegue por una página web o visite por un determinado perfil de una red social.

En función de su comportamiento, de manera automática puede comenzar a ser impactado con anuncios –campaña que previamente habrá pagado la empresa- y, en caso de solicitar información y proporcionar un correo electrónico, recibir contenido personalizado. La empresa es capaz de saber si su correo electrónico fue o no abierto antes de ser eliminado, si se limitó a leerlo o, además, abrió algún enlace. Tan sofisticado es el software, que si el consumidor visita la página web y el sistema detecta que el cursor del ratón se dirige a cerrar la ventana del navegador, antes de que esto suceda aparece una nueva ventana (pop-up) con alguna promoción u otro gancho para retenerlo.

Estos son solo algunos ejemplos que en mayor o menor medida bien podrían aplicar los partidos políticos en sus campañas, con itinerarios automatizados de comunicaciones en función de las decisiones que vaya tomando el elector. Así, dependiendo de si abre o no un correo electrónico se desencadena una sucesión de comunicaciones distintas, cada una de las cuales varía automáticamente ajustándose al comportamiento para que el receptor tenga la sensación de personalización. Son lo que en el mundo empresarial se llaman customer journeys.

Retomando el inicio de este artículo, ¿se imaginan recibir una llamada telefónica de su candidato preferido? ¿Qué impacto podría tener este nivel de cercanía, abordando cuestiones que realmente le preocupan a ese votante en cuestión, tratándolo como si fuera el vecino del 5º? Obviamente, no sería el candidato o candidata real, sino una voz sintética creada con IA que gracias a haber sido entrenada previamente con modelos de aprendizaje podría mantener una conversación con soltura, ciñéndose al programa electoral. El candidato clonado podría mantener millones de conversaciones simultáneas mientras el real anda preparando con calma el debate televisivo o reuniéndose con empresarios para recaudar fondos e influencia para su campaña.

Este escenario no es tan descabellado y, de hecho, para las presidenciales de EEUU en 2024 ya se pronostica que la participación de la IA será decisiva. Si en las elecciones de 2008 y 2012, especialmente en el lado republicano, Facebook jugó un papel esencial, el año que viene podría ser el turno de la IA. Tanto es así que Donald Trump ya ha subido vídeos generados con IA en su red social Truth Social y el Comité Nacional Republicano generó con IA un vídeo en el que se presentaba un futuro distópico para asustar ante la posible reelección de Joe Biden (vídeo superior), presentando la quiebra de EEUU, el ejército inundando las calles del país y el pánico reinando ante oleadas de crímenes y llegadas de migrantes en masa. La desinformación va a alcanzar cotas nunca antes vistas –y mira que las hemos visto altas- apoyándose en tecnologías de IA, automatización y aprendizaje automático.

El procesamiento masivo de datos (big data), la automatización y la IA pueden afinar quirúrgicamente el modo en que los partidos llegan a sus votantes, utilizando para ello fuentes abiertas, como es el contenido que libre y públicamente se expone en redes sociales, a partir de las cuales se puede deducir posición social, nivel de estudios, inclinación política, etc. No dejen de leer el interesantísimo artículo firmado hoy por los analistas de datos y politólogos Daniel Núñez y Víctor Pérez-Guzmán titulado Elon Musk sabe lo que votas y esto es solo un ejemplo. La información de cada individuo disponible para los partidos políticos es ingente; la diferencia respecto al pasado es que ahora sí tienen recursos suficientes para procesar toda esa información gracias a la tecnología, haciéndolo, además, sin que los votantes tengan la menor idea.

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