La realidad y el deseo

Europa y los intelectuales

La intervención de Miguel Arias Cañete después de su debate con Elena Valenciano animó una campaña electoral triste. Como es lógico, muchas mujeres se han indignado con la exaltación machista de su enorme capacidad intelectual frente a las pobres ideas de su contrincante femenina. Lo que me extraña es el silencio de los intelectuales. ¿Arias Cañete uno de los suyos? ¿Una superior capacidad intelectual?

La cultura, la Universidad, la ciencia y las artes españolas no viven una situación fácil, ya se sabe. Las cosas se han puesto muy complicadas con los recortes en investigación, la pobreza de las inversiones en educación, la asfixia de las bibliotecas y la subida espectacular del IVA en el mundo del espectáculo. Ofrecer al señor Arias Cañete como modelo de capacidad intelectual puede ser el diluvio que colme el mar y provoque el naufragio definitivo.

Si ustedes se fijan en el cartel electoral del candidato conservador que cuelga por las calles de España, podrán comprobar que Arias Cañete no es el único responsable de sus desafortunadas declaraciones. Los estrategas del PP nos ofrecen en un azul penumbrosos y pensativo la imagen de un filósofo griego. Medita con gafas de despacho universitario moderno y mira hacia el siglo XXI. Frente a la demagogia de la protesta y a la ingenuidad de las utopías, Arias Cañete parece conocer, más allá de toda presión sensible, el noúmeno de Europa. Él lo sabe todo, consigue unir la sustancia con el accidente, lo trascendental con lo empírico, las esencia con la existencia, la especulación metafísica con la financiera. No es un mal planteamiento, porque la facilidad con la que los padres de Europa nos han abandonado en las mandíbulas salvajes de la especulación es un asunto que exige una gran capacidad de trato con lo oscuro.

Enfilado en el camino de la capacidad intelectual por orden de sus asesores, al señor Arias Cañete se le fue el asunto de las manos en una mañana de cansancio. Pensar cansa, pensar agota hasta el punto de que el hombre se vio en el trance de explicar que intentaba no abusar de sus enormes capacidades intelectuales para no parecer machista delante de una mujer. Hizo un uso inoportuno de su estrategia electoral de fondo, de su azul metafísico y sus gafas de sabio.

Hizo también un uso sincero de la ética y la historia de su partido. Después de la derrota inesperada del Real Madrid ante el Maccabi de Tel Aviv, se extendieron por Twitter unos mensajes racistas escalofriantes. ¡Esto con Hitler no hubiese sucedido! No es para criminalizar las redes sociales, pero es muy triste. Lo que no sé es por qué nos llaman la atención este tipo de actitudes en una España cansada de oír esto no pasaba con Franco. La derecha española ha sido incapaz de distanciarse de Franco, el aliado de Hitler, el forjador de la División Azul, un azul místico mezclado con el olor de las cámaras de gas y el amanecer de los fusilamientos.

Hay cosas que no pasaban con Franco. Nadie se escandalizaba entonces de que las mujeres fuesen más tontas que los hombres. Para convivir con Arias Cañete, y con el arzobispo de Granada, editor de un libro titulado Cásate y sé sumisa, será bueno recordar un ensayo de Carmen Martín Gaite titulado Usos amorosos de la posguerra española (1987). Todo está muy bien explicado, incluso para que lo entiendan mentes menos privilegiadas que la del candidato conservador.

Arias Cañete está hundido. No le preocupa mucho la reacción del electorado español, porque duda, quizá con razón, de nuestra capacidad intelectual. Pero tiene miedo de que el machismo haga inviable la carrera de su saber en el noúmeno de Europa. Y eso sí es un problema.

Claro que el asunto de la dignidad de las mujeres no se acaba en el machismo de Cañete. Las mujeres, además de mujeres, son ciudadanas, trabajadoras, políticas, personas... No entiendo muy bien por qué Elena Valenciano ha sacado a pasear en su campaña a Manuel Valls, responsable socialdemócrata de la política austericida en Francia y cara dura del racismo galo contra una muchacha rumana de la raza calé. Tampoco entiendo la fascinación por Martin Schulz, el candidato socialdemócrata a la Presidencia de la Comisión. Este hombre llegó a la Presidencia del Parlamento Europeo por un pacto con el Partido Popular y, en alianza con Angela Merkel, prepara medidas para expulsar de Alemania a los ciudadanos europeos sin recursos.

Ay, ay Europa, pobre España. El libre movimiento de capitales es más importante que la libertad de sus ciudadanos. Quizá tenga razón Arias Cañete. Su capacidad intelectual debe ser muy superior a la mayoría de las mujeres y de los hombres de Europa. Es la única forma de entender por qué la gente lo vota a él, a sus socios y a sus socias.