Memento

Qué pereza de Eurovisión

El rapero Oleg Psyuk, representante de Ucrania en Eurovisión, posa con la bandera tras presentar su canción en la semifinal.- Jens Büttner / dpa

Eurovisión me da pereza. Me cansan los concursos musicales que premian más por intereses que por las composiciones. Además, ¿qué objetividad existe en la música? ¿Quién decide qué es mejor y qué es peor? Si las apuestas dan por ganadora a Ucrania por el "voto de simpatía", ¿qué importa la música? ¿Por qué lo llaman festival de la canción si es lo menos importante? Como siempre, lo primero es la competición, las banderas, los favoritismos y las pasiones. La música es la excusa para verter nuestro amor y nuestro odio hacia unos y otros.

Me da pereza que de repente parezca que se ha recuperado el concurso para el pueblo por el simple hecho de que ya no solo aspiraban triunfitos a representar a España. Me dan y me dieron pereza los debates que salieron alrededor del concurso realizado en Benidorm. Qué pereza aquellas personas que hablaban de oportunidad histórica, de haber ido a mostrar a Europa sonidos tradicionales gallegos o pezones. Como si fueran a sorprender y no a ser otro producto que repudiar dependiendo de su posición en el ranking final. Porque en si se debe hacer sangre o no de los derrotados no hay tanto debate. Nos encanta el fracaso ajeno. El gallo que le sale a uno durante su actuación o la cara de frustración en directo y en HD. Los mismos que hoy amamos pasarán al cajón del olvido en el momento en que ni Albania le de sus votos.

Me da pereza que se catalogue como apolítico cuando hay pocos festivales con mayor carga política. Porque oportunidad histórica es la que tuvo Miki Núñez en 2019 si hubiera dado plantón al lavado de cara de Israel. Mientras todavía salía humo de los últimos bombardeos sobre la población palestina, todo el mundo bailaba al ritmo de ‘La Venda’. La misma que nos ponemos cada vez que muere un niño en Gaza o en los campos de refugiados de Belén. La misma que se puso RTVE y los representantes de todos los países participantes.

En cambio, este año sí expulsan a Rusia y seguro que más de uno luce la bandera de Ucrania durante la retransmisión. Porque este es un programa televisivo y al final son los medios los que deciden sobre qué tenemos que indignarnos y qué asesinatos tenemos que asumir con naturalidad. Por cierto, esta semana ha sido asesinada por el ejército israelí la periodista de Al Jazeera Shireen Abu Akleh. Por si tenéis tanto orgullo y tantas ganas de condena ante las injusticias. Pero joder, qué temazo de electrónica presenta Israel. Qué bailable. Qué ganas de votarlo, ¿verdad? El cinismo también me da una pereza extrema.

No sabemos si Chanel a partir de mañana será el hazmerreír de un país por su posición final o el orgullo de los que lucen la bandera por cualquier triunfo, aunque sea en un deporte que desconocían pocos días antes. No sabemos si pasará al cajón del olvido, siendo rescatada para participar de invitada en algún Pasapalabra de aquí a unos años, si vivirá eternamente de una canción o si será una anécdota más en una extensa carrera. Es lo de menos para el fan de Eurovisión. Solo la necesitan hoy para sus chascarrillos y sus debates nimios. Para hacerla TT por sus errores más que por sus aciertos. No pasa nada, imagino que le compensa y a ella le da pereza que unos y otros la utilicemos.

Pero sobre todo me da pereza que se disfrace de fiesta de la música a esta fiesta del cinismo, del blanqueo de los crímenes y de la competición más absurda y descarnada. Las fiestas de la música se celebran cada fin de semana en las múltiples salas de este país. Sé que eso te da pereza a ti, que es más cómodo verlo desde el sofá con el Twitter abierto, pero si realmente te interesa la cultura y potenciarla, paga una entrada. Lo demás es apoyar un producto televisivo más de usar y tirar.