Opinion · Otras miradas

Ciudadanos y el pragmatismo neoliberal

María José Fariñas Dulce

Profesora de Filosofía del Derecho. Universidad Carlos III de Madrid

María José Fariñas Dulce
Profesora de Filosofía del Derecho. Universidad Carlos III de Madrid

En vísperas de las elecciones catalanas del 21-D, Ciudadanos se está consolidando como una nueva derecha, sin complejos, capaz de captar el voto de las clases medias y bajas que han sufrido los efectos negativos de la crisis económica y de la alarma independentista en Cataluña, especialmente entre lo que se ha denominado el “precariado” (los excluidos económica y culturalmente de la sociedad), en los electores primerizos (jóvenes urbanos “emprendedores”) y en los “desclasados” que ven cómo descienden cada vez más en el ascensor social, a la vez que van perdiendo su conciencia política e ideológica (el antaño denominado “cinturón de rojo” en Barcelona, por ejemplo). Lo consigue con un discurso personalista, oportunista y autoritario, que lanza mensajes simples, supuestamente tranquilizadores y novedosos, pero que no aborda el debate socioeconómico de fondo en la discusión política.

Critican abiertamente el Estado de Bienestar como un obstáculo para el dinamismo de la economía y el buen funcionamiento del mercado de trabajo. Véase sus ya clásicas propuesta de “contrato único” (flexibilidad laboral sin seguridad), de recortes fiscales, retroceso en política social, recortes en servicios públicos y gasto social, exclusión sanitaria, reducción del empleo público y endurecimiento de las políticas migratorias. Rechazan el intervencionismo estatal en la política social, pero promueven ese mismo intervencionismo a favor de las empresas y élites financieras.

No hablan de derechos, sino de “cheques”, “ayudas” paternalistas, “complementos salariales”. Albert Rivera ha reiterado que prefiere “trabajadores con dinero en el bolsillo para consumir”, pero sin derechos, sin salario mínimo interprofesional, sin negociación colectiva, con salarios más bajos y con empresas privadas de colocación. Da prioridad al crecimiento económico y la redistribución del ingreso, pero obvia las tensiones internas y externas que ello puede provocar.

En política europea, su sutil escepticismo le lleva a cuestionar el proyecto europeo en beneficio de una vuelta al atlantismo. Recordemos que el partido de Rivera ya ha votado a favor de Tratado de Libre Comercio EEUU-Europa  y el  Tratado de la EU con Canadá (CETA) en el Parlamento Europeo.

En su Programa Electoral no existe un verdadero proyecto económico y social. No tienen un proyecto de país. Proponen soluciones pragmáticas, y no ideológicas, con las que pretenden demostrar su pretendida “centralidad política”. Paradójicamente, mientras reclaman más y mejor democracia, manipulan y vacían de contenido las instituciones democráticas, por ejemplo sus arriesgadas propuestas de supresión, sin más, del Senado y del Consejo General del Poder Judicial o su cuestionamiento de la función pública en la educación.

Su estrategia ha consistido en construir un marco de referencia sociocultural, maximalista y voluntarista, basado en la regresión hacia supuestos valores esenciales y tradicionales: trabajo, nación, seguridad y transparencia, orden, patriotismo y dinamismo económicos. Muy lejos de él quedan las propuestas para una reconstrucción de los compromisos de solidaridad (frente al individualismo híper consumista y posesivo del interés privado), la redistribución social (frente al neoliberalismo del mercado y el fetichismo del crecimiento económico), la igualdad (frente a los abusos de superioridad fáctica, también los de la  asimetría de género) y la democratización y (des)mercantilización de las relaciones sociales (frente a poderes opacos y salvajes, arcanos o nuevos).

Para C´s, parece que la acción política no es una cuestión de calidad en la construcción de intereses comunes y emancipación social, sino una cuestión de cantidad. Todo ello encaja perfectamente con la lógica del mercado y con una concepción de la democracia entendida como mera protección de los intereses y fines privados dentro de un grupo: una forma de relaciones entre agentes independientes que buscan maximizar sus ventajas sin necesidad de tener presente el interés general de todos, ni la construcción de un proyecto cívico compartido. Proponen el triunfo de un individualismo sistémico, del que acude al sistema social solo para obtener ventajas privadas. La utopía neoliberal de la sociedad de individuos libres en un Estado ultra mínimo.