Otras miradas

Círculos, sociedad civil y democracia: un Podemos para ganar Madrid en 2019

Ramón Espinar
Secretario General de Podemos en la Comunidad de Madrid
Fran Casamayor
Secretario de Organización de Podemos en la Comunidad de Madrid

Las elecciones del 26 de junio de 2016 cerraron el ciclo electoral abierto en las Europeas de 2014 con la irrupción de Podemos y la quiebra del modelo bipartidista. Ni la crisis económica ha terminado para la ciudadanía en nuestro país ni está cerrada la oportunidad política de estructurar un movimiento amplio de cambio que conquiste poder político en favor de la mayoría social, pero el contexto político sí se ha modificado sustancialmente desde que aparecimos como herramienta electoral.

El saldo del primer ciclo electoral de Podemos es, sencillamente, impresionante. Construir un espacio político con más de cinco millones de votos en las elecciones generales, presencia en todos los parlamentos autonómicos y haber formado parte de las candidaturas de unidad popular que hoy gobiernan los principales ayuntamientos del país es un balance imprevisto y extraordinario. Pero no agota ni colma las expectativas y las necesidades de nuestro pueblo: Podemos nació para ganar, no para ocupar un espacio parlamentario. Ganar elecciones y construir una alternativa que ponga las instituciones al servicio de la ciudadanía.

Hemos aprendido mucho en este tiempo y hemos recordado muchas de las enseñanzas del tiempo de las plazas: las instituciones son útiles para transformar la vida cotidiana, son una palanca crucial para la política. Pero no la agotan. Quienes queremos cambiar la vida e intervenimos para hacerlo en la España de 2017 (casi 2018), tenemos hoy objetivos similares pero afrontamos tareas diferentes a las de la irrupción de Podemos como "maquinaria de guerra electoral". Aquello funcionó y devolvió la esperanza en la política institucional a millones, pero no fue suficiente.

Tras el 26-J afrontamos procesos internos y debates estratégicos de mucho calado, a menudo trasladamos más las disputas de la vida orgánica que las reflexiones y horizontes de transformación que subyacían a la deliberación. Por eso hay que rescatarlas, porque nos son imprescindibles para mantener el rumbo: cuando el territorio está en cambio constante (vivimos el escenario político más volátil de nuestra historia reciente), los principios y las tareas definidas colectivamente representan una brújula imprescindible.

Quienes suscribimos este artículo formamos parte de la dirección, lo decimos con mucho orgullo y más responsabilidad, de la organización más numerosa y potente de Podemos en toda España: la de la Comunidad de Madrid. Más de 70.000 inscritos, más de 70 círculos, 27 diputados y diputadas autonómicas, cientos de concejales y gobiernos municipales con alcaldes y alcaldesas del cambio en varios municipios.

Revalidar los gobiernos del cambio, crecer para gobernar en el sur y el Henares y ensanchar el espacio político del cambio en el terreno electoral es una tarea fundamental, decisiva para el futuro de nuestra región y para extender el cambio a toda España. Pero hay tareas más allá de las contiendas electorales.

Ser capaces de levantar la cabeza y definir tareas más allá de las elecciones no es sencillo cuando se tienen que asumir los ritmos y las dinámicas de la política institucional. Y, sin embargo, es imprescindible. Las instituciones gobernadas por el cambio representan hoy mejoras indiscutibles para la vida de millones de ciudadanos y ciudadanas al tiempo que anticipan, frente a las descalificaciones de los partidos viejos, la posibilidad de gobernar el país. Si Pablo Iglesias puede ser Presidente del Gobierno es porque hay miles de representantes del cambio en las instituciones anticipando políticas al servicio de las mayorías sociales.

Pero es imprescindible definir algunas tareas más. Desarrollar y apoyar herramientas de sociedad civil que permitan el empoderamiento popular y subviertan la idea de la ciudadanía como sujeto que consume y vota y lo trasciendan en favor de desarrollos de sociabilidad más humanos y cargados de valores. Hay dos dimensiones en la tarea de desarrollar herramientas para la sociedad civil: de un lado, el respeto total y el apoyo a la autonomía de los movimientos sociales que representan la organización colectiva y las demandas de la ciudadanía; de otro, el desarrollo de actividades y dinámicas de sociabilidad sostenibles, cooperativas y accesibles para todas y todos. Esto es, apostar porque el cambio político sea la prolongación de un cambio cultural de raíces hondas: seremos tan transformadores en nuestra acción de gobierno como nuestro pueblo nos demande. Por eso debemos construir instituciones populares que puedan vehicular esas demandas y organizar el cambio mucho más allá de los hemiciclos.

La otra tarea fundamental tiene que ver con nuestra organización. Podemos es indiscutiblemente una herramienta de cambio político, pero de su configuración en el terreno institucional y cultural dependerá su éxito y alcance. Para eso es imprescindible el trabajo de nuestros círculos. Son las personas que participan en los círculos quienes han puesto en pié Podemos y buena parte del éxito del cambio político en nuestro país. En nuestra primera fase de "máquina de guerra electoral", fundamentalmente, como voluntarios y voluntarias que se han dejado la piel para poder competir con los partidos viejos sin deber dinero a los bancos ni favores a los poderosos. En este tiempo, deben ser también instancias de intensa participación política e intervención cultural en pueblos y barrios. Y deben ser escuchados y atendidos por los dirigentes.

La pasada semana, Podemos en la Comunidad de Madrid eligió en un proceso de votación presencial participado por más de 2600 militantes, a ocho representantes de los círculos en nuestra dirección política. Es un proceso del que sentirnos satisfechos y un paso más en la dirección de construir una organización que represente, al mismo tiempo, un ejemplo de democracia y participación, un motor de transformación social y una palanca para la contienda electoral.

Poner este país al servicio de la mayoría social es una tarea ingente en la que, quienes hoy dirigimos Podemos, solo somos una etapa y una parte. Tras el "asalto" a los parlamentos, ha llegado el tiempo de sembrar instituciones comunes que exijan y apoyen el movimiento de cambio. Con un paso algo más lento que en nuestro trepidante inicio pero igual de firmes sabemos que un pueblo que decide que ha llegado su tiempo es imparable. Construir una herramienta a su altura es el reto.