Opinion · Otras miradas

El fiasco Mr Wonderful

“La mejor forma de esclavizar a un hombre es encerrarlo en el falso sentido de individualidad”. Agustín García Calvo.

Vivimos tiempos convulsos y confusos en los que las extenuantes jornadas laborales, los problemas económicos, el culto a la perfección física y la superficialidad nos dejan muchas veces en fuera de juego. Los problemas que la crisis y el sistema nos afectan a nuestra salud. El estrés es nuestro peor enemigo, pero nos hacen creer que el peor enemigo somos nosotros mismos. El fallo es no conseguir ser feliz.

Después de jornadas de doce horas, que no permiten a las personas unirse para generar espacios de movilización, llegas a casa y tienes el siguiente trabajo: ser feliz con auto ayuda. Chúpate esa.

El Sumun del individualismo que nos gobierna es el de buscarte la vida para mejorar tu vida, pero solo.  Vivimos en un aislamiento que cada vez nos asfixia más y lo peor de todo es que no somos capaces de detenerlo. Desde que nos despertamos hasta que acostamos, desde nuestros primeros años hasta el último aliento, parece necesario demostrar a los demás nuestro super poder para que nadie nos vea caer, nunca. Fíjense en cualquier película de superación, siempre muestran la importancia de la lucha, entendida como algo individual y no como algo fruto de la colectividad y el apoyo mutuo.

En esta situación los libros de autoayuda se han convertido en un gran negocio. Sin embargo, estos libros de autoayuda, lejos de ayudar, generan más impotencias en quienes no consiguen los 10 pasos para ser la persona más feliz del mundo, según Mr Wonderful. Y eso, lejos de sanar, genera frustración y ansiedad. De hecho, algunos sociólogos afirman que la autoayuda está en camino de convertirse en la religión del siglo XXI.

Pues mira no os compro la autoayuda. Además, ¿qué tipo de ayuda es auto? Es algo así como hacerse un auto-regalo en lugar de regalar.

También existe una tendencia neoliberal en cuanto a las enfermedades que se curan y las que no, como que quienes no se curaran decidieran no hacerlo. También en la discapacidad, necesitamos ser superheroínas y superhéroes de cara a los demás; mostrar nuestra mejor imagen; reflejar sacrificios a veces inhumanos para que los demás nos valoren o nos traten como “normales”. Estoy de acuerdo en la idea de cuidarse, auto cuidarse y hacer todo lo posible para sentirse bien, para vivir la enfermedad o discapacidad con el menos dolor o impedimentos posibles; pero es importante hacerlo por uno mismo y los demás desde otra lógica y  no desde el punto de vista neoliberal del esfuerzo premiado.

“Aunque la mayoría de personas no van hacia ninguna parte, es un milagro encontrarse con una que reconozca estar perdida”, decía Ortega y Gasset.

Cuidar, cuidarnos, querernos, apoyarnos, puede ser la clave para que nuestra vida merezca ser vivida. Por supuesto, una sanidad universal, gratuita y de calidad es necesaria y esperemos que pronto pueda ser recuperada o al menos sanada en parte.

El escenario socioeconómico que no es crisis, sino estafa, nos ha llevado a muchos a buscar un salvavidas en medio del océano. Los libros de autoayuda se han vendido como una manera de dar la clave entre tanto caos. Sin demasiado éxito, dicho sea de paso. Sobre este punto, dice Aldous Huxley: “No hay mayor negocio que vender a gente desesperada un producto que asegura eliminar la desesperación”.

Existe en la autoayuda algo de egoísmo e individualismo, además de pérdida de tiempo y dinero –no en todos los casos, no seré faltona-. Caemos en ese concepto sin darnos cuenta de que en muchas ocasiones una forma de ayudarnos a nosotros mismos es ayudar, acompañar o cuidar a quienes nos rodean. Pero hasta eso nos ha enseñado el capitalismo: el sálvese quien pueda, ya sea leyendo autoayuda, creyendo en algún dios, o siendo el empleado del mes y llevándose el trofeo.

En lugar de autoayudarnos de libro en libro o de taller en taller donde te prometen la sanación segura, quizá sea el momento de cuestionarnos a nosotros mismos, asumiendo que somos co-creadores y corresponsables ya no de nuestro estado de ánimo, sino también de las circunstancias actuales que vivimos. Una manera de sanarnos individualmente y en colectivo –una no pueden ir sin la otra- es tratar de transformar precisamente el sistema que nos lleva a enfermar. Y no hay Mr. Wonderful que pueda arreglar eso.