Opinión · Otras miradas

Que la protección de datos nos sea obstáculo para la lucha contra la corrupción

El proyecto de reforma de la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD) es una ocasión perdida para actualizar la protección de datos sin comprometer la agilidad de lucha ciudadana contra la corrupción y los abusos.

El nuevo gobierno está tramitando la LOPD tras la aprobación del Reglamento Europeo de Protección de Datos de aplicación directa desde el pasado 25 de mayo. Aquí se pueden consultar las enmiendas (PDF).

Algunos de los artículos han suscitado polémica como un primer intento de establecer una especie de “Ministerio de la Verdad” y un “olvido digital” que podía borrar huellas de delitos. El diputado responsable de la misma, Artemi Rallo (PSOE), la ha modificado a fondo integrando una buena parte de las objeciones. Aun así, en nuestras conversaciones con él, no hemos conseguido avances sobre el tema crucial de que la protección de datos no acabe en colisión con el derecho al acceso a la información.

Es un aspecto que nos preocupa particularmente en Xnet porque, como denunciantes de corrupción y abusos, estamos viendo cómo, cada vez más, la protección de datos se usa como excusa para entorpecer la revelación de información de ilícitos y fraudes.

Nuestra preocupación no es baladí. Tanto es así que el propio reglamento europeo en su artículo 85 indica expresamente que los Estados miembros conciliarán por ley el derecho a la protección de los datos personales con el derecho a la libertad de expresión y de información, incluido el tratamiento con fines periodísticos y fines de expresión académica, artística o literaria y para ello establecerán exenciones o excepciones.

Y añade: “A fin de tener presente la importancia del derecho a la libertad de expresión en toda sociedad democrática, es necesario que nociones relativas a dicha libertad, como el periodismo, se interpreten en sentido amplio”.

Utilizando el término “conciliar”, pide que la protección de datos no produzca un escoramiento en detrimento de la libertad de información.

Por supuesto nosotros somos activos defensores de los derechos a la privacidad de las personas de a pie. Pero también somos activos defensores de la importancia de la transparencia de las instituciones públicas y grandes corporaciones y de sus responsables, justamente para rectificar la asimetría de poder de la que hablamos muy a menudo, rectificación que, entre otras cosas, debería ser uno de objetivo de la legislación que nos ocupa.

En este sentido ya se ha expresado la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre el caso del Comité húngaro de Helsinki.

Pues bien, en las negociaciones no hemos conseguido estas “exenciones o excepciones” en favor de la libertad de información, con el peligroso argumento de que “esto lo decidirán los tribunales”.

En un estado en que acceder a la justicia es un lujo en tiempo y dinero, ya sabemos lo que esto quiere decir: que solo habrá equilibrio para quienes se lo puedan permitir. Además implica una gran pérdida de tiempo valioso en cualquier esfuerzo para destapar la corrupción y acabar con la impunidad.

Así que este Proyecto de Ley nos parece tristemente una ocasión perdida ya que por otra parte la ley contiene algunos elementos loables y novedosos como son: la expresa mención al Derecho a la neutralidad de Internet; el derecho de acceso universal a Internet donde se indica que no puede haber discriminación para el acceso; el derecho a la intimidad y uso de dispositivos digitales en el ámbito laboral; el derecho a la desconexión laboral; el derecho a la intimidad ante la utilización de sistemas audiovisuales o de geolocalización en el ámbito laboral, entre otros.

Naturalmente no hemos querido entrar en todos los temas que ahí se tratan, solo en los que nos competen para preservar los derechos fundamentales.

Por último queremos recordar que el RGPD es una buena legislación fruto de años de lucha. Y es de aplicación directa, no es necesaria su transposición salvo alguna adecuación que requiere expresamente.

Para nosotros, lo que se haga “de más” no debe en ningún modo comprometer algunas de las conquistas que ha supuesto.