Opinion · Otras miradas

Violencia de género 2.0

Hasta hace bien poco no conocía el concepto violencia digital de género. Después de haber sufrido varios ataques digitales en Twitter, con suplantación de identidad mediante y filtración de datos personales, contacté con varias personas expertas que me explicaron algo más sobre el tema.

Varias activistas que escribimos en redes sociales y denunciamos esta y otras situaciones nos vemos sometidas a violencias continuas.

Llevamos años sufriendo estas violencias, algunas de ellas incluso denunciadas. Sin embargo, no existen los suficientes medios para protegernos. Como dice la jurista Laia Serra “la respuesta del Estado (policía, judicatura) no está adaptada a nuestras necesidades. No se da la importancia debida al impacto de esas conductas, se carga a la perjudicada con el peso de pruebas tecnológicas y no se actúa con rapidez para atajar el efecto bola de nieve”.

Por su parte, La psicóloga experta en comportamientos digitales y activista de Derechos Digitales, Aurora Delgado, asegura que “los ataques digitales duelen más allá de lo físico, porque crean una nueva vulnerabilidad: la indefensión aprendida”.

Imagen de uno de los episodios de la serie 'Black Mirror'.
Imagen de uno de los episodios de la serie ‘Black Mirror’.

Y así es. Como si de un capítulo de Black Mirror se tratara no entendía nada de lo que estaba sucediendo. Sentía que no tenía el control sobre mi identidad digital, que no podía hacer nada para defenderme.

Por otro lado me sentía estúpida. “Ana, esto no es importante, no es la vida real”, me decía. Entonces ¿por qué me sentía tan indefensa y angustiada? Tras hablar con varias compañeras y algunas feministas que han sufrido este y otros ataques, supe identificar lo que era una nueva violencia a la que nos someten: violencia de género 2.0.

El pasado mes de diciembre, la revista Pikara Magazine y la jurista feminista Laia Serra, con el apoyo de Calala Fondo de Mujeres y Front Line Defenders, registraron en el Congreso de los Diputados un informe sobre las violencias machistas en la red que exige abordar la ciberviolencia como una cuestión de género.  Ya el pasado mes de julio una resolución del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas hacía un llamamiento a que los Estados adoptasen «medidas inmediatas y eficaces» para prevenir la violencia contra mujeres y niñas, también en contextos digitales.

Tal y como explica Serra “por su lado, el Código Penal, no prevé todas las posibles violencias digitales ni las sucesivas formas de responsabilidad. La judicatura no reconoce que son violencias políticas, que pretenden moralizar y perpetuar desigualdades. Pretenden expulsarlos del espacio público digital convirtiéndolo en insoportablemente hostil”.

La idea que hay detrás de todos estos ataques es la de silenciarnos, la de acobardarnos, la de quitarnos voz porque denunciamos el machismo y los discursos de odio que hay detrás de estas cuentas atacantes. Este tipo de violencia es continua, de tal forma que llegue un momento en el que por agotamiento, hartazgo o incluso miedo, tengamos que abandonar estos espacios.

“Es un sentimiento de indefensión, de no saber cómo responder al atacante”. Tal y como dice Aurora Gómez “la persona atacada cree que no tiene herramientas, conocimiento ni poder para manejar la situación. Con lo que acaba desistiendo de actuar”.

De la misma manera que el machismo desea que las mujeres abandonemos el espacio público, se está haciendo todo lo posible por parte de ciertos grupos de corte ultraderechista para que abandonemos el espacio digital. Pero tal y como ocurre en las calles o el espacio público, la unión entre nosotras es el arma más potente. “La víctima se siente incomprendida. Esto dificulta que pueda pedir ayuda. Porque evidentemente nadie tiene herramientas ni poder sola. La sororidad es la verdadera arma de defensa, también la violencia digital de género”, explica la experta en comportamientos digitales, Aurora Gómez, de Corio Psicología.

Por su parte, desde la Asociación Stop Violencia de Género Digital animan a las víctimas a denunciar. Desde su punto de vista “hay que ver este tipo de delitos como cualquier otro”.  Según cuentan esta tipificado y castigado y si se presentan bien, son admitidos los casos. Animan a denunciar, ya que según la asociación, si sube el número de denuncias las penas aumentarían. Ante la incertidumbre que causa el no sabe quién se encuentra detrás de la agresión, la asociación responde: “Internet no es anónimo…. siempre hay alguien detrás y se suele dar con ella en la mayoría de las ocasiones”.

Es necesario que se legisle en este sentido, porque actualmente existe un vacío legal y gubernamental que nos desprotege. Las plataformas como Twitter no dan respuestas a nuestra situación y no se toman en serio los mensajes de odio que se esconden tras su red social. Estas plataformas tienen la responsabilidad de respetar los derechos humanos y necesitamos regulación gubernamental que presione en este sentido.

Además, y tal y como comenta Aurora “a diferencia de los ataques presenciales, donde gracias a la lucha feminista la sociedad sabe identificarlos y cómo apoyar, los ataques digitales cuentan con la invisibilización y no comprensión por parte del entorno”. Por ello es importante que demos voz a este tipo de violencias y presionemos para que se nos apoye también en estos espacios. No diré nombres aquí, porque sois muchas las que me habéis apoyado y es precisamente por eso por lo que seguiremos denunciando este y otros ataques. Nos quieren en soledad, nos tendrán en común.