Otras miradas

Un país en lucha por el desarrollo rural

Eva García Sempere

Candidata de IU al Congreso por la provincia de Málaga

¿Han pensado alguna vez qué pasaría si no tuvieran acceso a internet y, con dificultades, a la red telefónica? Muchas de sus acciones cotidianas: leer el periódico, hacer gestiones diarias o ayudar a sus hijas a buscar información para un trabajo sería mucho más complicado.

¿Y perder citas médicas porque el correo no es el servicio universal y puntal que debería? ¿Se imaginan no tener cerca una sucursal bancaria para poder pagar recibos o sacar el importe de su nómina? ¿Quedarse sin escuela? ¿Que el pediatra no pase más que dos veces en semana y no haya urgencias médicas? ¿Que no existan centros de día, ni llegue la ley de dependencia? ¿Vivir aislado porque no hay un transporte regular que les conecte con otros municipios? ¿Que el agua potable acabe de llegar al municipio pero dependa cada verano de camiones porque se abastecen de pozos aún?

A pesar de la capa de invisibilidad que rodea al mundo rural, esta es una foto de nuestro país hoy. Y es, nada más y nada menos, que la realidad dura y compleja del 72% de nuestro territorio.

Aldea despoblada en Galicia. EFE
Aldea despoblada en Galicia. EFE

Esta realidad es la que existe detrás de eso que llamamos la España Vacía y que nosotras preferimos denominar España Vaciada. Porque, si en la actualidad tenemos en la UVI a muchas comarcas, si pueden perderse para siempre 2.500 pueblos en los próximos 15 años o si comunidades como Castilla y León pierden cada día 64 habitantes, si provincias como Jaén se desangran, es por años de políticas conscientes de desmantelamiento de los servicios públicos, de falta de inversión y de abandono. Son políticas de sabotaje social que han tenido su cara más amarga en el mundo rural.

Gran parte de nuestro territorio se vacía y, con él, se van saberes, historias y modelos sociales y económicos que, si no ponemos remedio, se perderán para siempre. Es cierto que el proceso de éxodo a las ciudades, y de los pueblos más pequeños a las cabeceras de comarca, no es precisamente un fenómeno de última hora. Ni siquiera es exclusivo de nuestro país. Lleva años dándose y es común al resto de Europa. Quizá es mayor la virulencia y la rapidez con que ocurre en nuestro territorio, y su raíz es, como decíamos, décadas de sabotaje social. Las políticas de desindustrialización sin planes de reconversión reales, de apuesta por el turismo convirtiendo a nuestros pueblos en parques temáticos para domingueros impidiendo a sus vecinos y vecinas poder acceder a viviendas a coste asumible, años de ir retirando servicios públicos en nombre de la eficacia económica, de ahogar a los municipios y robarles la soberanía a golpe de modificación del artículo 135… son algunas de la claves del éxodo rural.

Pero el mundo rural no va desaparecer sin dar la batalla. Cada vez más habla con voz propia y reclama las medidas necesarias y justas para garantizar la supervivencia y, por una vez, que se le reconozca el derecho a estar en pie de igualdad con los municipios más grandes. Y, no lo olvidemos, en esta lucha ha habido unas protagonistas por derecho propio: las mujeres del mundo rural, las principales afectadas por la falta de servicios y de un modelo de desarrollo que la excluye en muchos casos. Las mujeres que aún han de pelear por hacer realidad la ley de cotitularidad y estar a la par que sus compañeros varones. Las cuidadoras que se encargan de suplir una administración ausente y han dicho basta. Quienes este año llenaron portadas de periódicos por hacer historia el 8 de marzo.

El papel de las administraciones, de quienes queremos representar a la mayoría social, debe ser poner en pie un modelo político, social y cultural valiente que no sólo fije población sino que recupere los pueblos.

Tenemos el diagnóstico y tenemos las claves principales: vamos a hablar de política agraria común con rostro de mujer, para las personas productoras, que fije población al territorio y con perspectiva ambiental para garantizar la supervivencia a futuro; de la necesaria reforma y fortalecimiento del sector agroalimentario, acabando con la nefasta venta a pérdidas y flexibilizando el paquete higiénico–sanitario; vamos a hablar de una política de aguas en un contexto de cambio climático para planificar y adaptar el sector primario a las condiciones actuales y futuras.

Pero vamos a ir mucho más allá. A garantizar el día a día de nuestra gente de manera digna: ni una escuela menos, que la sanidad esté garantizada siempre y en cualquier momento, que las personas mayores tengan los recursos suficientes y también quienes les cuidan. Que cualquier persona en cualquier lugar tenga acceso a un sistema de transporte que concilie su vida laboral y social. Que, en definitiva, se cierre la fractura territorial en servicios públicos que desangra el país.

Y no vamos a olvidar la necesaria reindustrialización: nos duele Puertollano, Linares, el norte de Córdoba. Pueblos no tan pequeños pero que años de abandono están vaciando a marchas forzadas. Vamos a hablar de políticas ambientales y turísticas: No necesitamos ni queremos convertirnos en un inmenso parque temático para ir de vacaciones que expulse a nuestras vecinas de sus pueblos porque esa vivienda a la que querrían acceder es una potencial casa rural y se queda lejos de su alcance económico. Queremos políticas de vivienda pública y regulación del sector turístico.

Queremos políticas culturales alejadas de las anécdotas y las fotos: construir oferta cultural dotando de las herramientas necesarias para ello, y garantizando el acceso a las personas que viven allí. Redignificar la cultura asociada al territorio recuperando y permitiendo su conocimiento a las siguientes generaciones: somos trashumantes, somos ganaderas y pastoras, somos constructores en piedra seca y cultivamos nuestras tierras con sistemas ancestrales. Pero también somos poetas, escritoras y pintores, cantantes de trap y músicos tradicionales. Somos pueblo que, despacio, está gestando algo grande y no va dejarse morir.

No queremos ser "obreros" de monocultivos ni "precarias" en macrogranjas. Queremos un mundo rural vivo que apueste por un sistema de desarrollo centrado en las personas y el medio ambiente, que garantice la lucha contra el cambio climático y enfrente los retos ambientales.

Tenemos experiencia, ideas y fuerza para defenderlas. Ya hemos salido y no pensamos dejar de luchar hasta conseguir nuestro objetivo.