Otras miradas

Otto Skorzeny oxigena a Villarejo

José Ángel Hidalgo

Funcionario de prisiones, escritor y periodista

Los días de invierno han pasado duros y largos en su celda de Estremera: el comisario Villarejo, gruñendo como un jubilado más, aleja a las palomas que se le ciscan sin respeto entre los barrotes de su ventana; en el horizonte ve que la arboleda se adensa entre arbustos y juncales; adivina la presencia de un cauce importante de agua, el Tajo, que a su paso cerca de la prisión ralentiza el viaje hacia Portugal: parece que sus aguas se pasman con el rumor doliente de más de mil hombres encerrados: en esa queja multitudinaria los gruñidos del comisario también cuentan.

Otto Skorzeny
Otto Skorzeny

Villarejo, con la contradicción propia de un preso más, alimenta luego a los mismos pájaros que espanta de su ventana; les arroja migas del pan, carente de textura y sabor eucarísticos, que en la cárcel se hornea.

A primera hora del pasado domingo se encontraría Villarejo con más nervios de lo habitual. La lluvia que ya ha empezado a caer en las vegas del Tajo, le llevaría al amanecer un viento húmedo cargado con aromas de ribera; todo un impacto emocional: este hombre de mundo se estremecería de repente ante el significado de esos perfumes, pues ya pasó por ello en 2018 y de sobra sabe lo que sucede dentro de la cabeza de un caco cuando una palabra en concreto estalla como una bomba de mano bajo la nuca: ¡la primavera!

Sí, Villarejo ya sabe que no hay cosa más nociva para la templanza de un cautivo que el impacto de las lluvias de abril; le envenenan la libido con los trinos de los pájaros, el polen y la humedad rebosante de aromas que llega del río: rebrota en las cabezas la memoria del crimen junto a la consciencia del dolor que implicará vivir otra primavera encerrado en una cárcel.

 Otto Skorzeny
Otto Skorzeny

Sin embargo, el comisario jubilado tuvo este domingo pasado una ayuda inesperada ante el inevitable tsunami emocional que le sobrevenía. Un artículo de El País, ‘La cloaca más sórdida, firmado por Enric González, le iba a llenar de grandes emociones al verse colocado sin anestesia en la misma escala de valores que ese periodista desplegó para ubicar éticamente nada menos que a Otto Skorzeny.

Skorzeny, usado como heroica referencia para humillar a nuestro comisario, fue un criminal de guerra conocido como Caracortada, oficial de las Waffen SS, el ‘nazi prototípico’ como le llamaba Hitler, amparado tras su fuga de Alemania por Franco y Perón, superhéroe aún hoy de cabezas peladas de onda muy corta, de locos exterminadores como Brevik o Tarrant.

Así es aunque parezca mentira: el jubilado Villarejo era denigrado este domingo al considerársele "cosita cutre" (sic), ínfima rata de cloaca, al comparársele sin rubor con otro habitante de oscuras tuberías, Skorzeny, éste sin embargo dotado con una grandiosidad heroica que le redime sin duda ante los ojos de la Historia (y de John le Carré, ay) según lo escrito por el articulista de El País.

Otto Skorzeny junto a Benito Mussolini tras su rescate.
Otto Skorzeny junto a Benito Mussolini tras su rescate.

Yo, sin embargo, estoy en total desacuerdo. Aún más, creo que el tiro le sale a Enric González por la culata de su mal engrasada Luger, y es por eso que pienso que Villarejo salió fortalecido el domingo, reconfortado, aspirando hondo la humedad de las primeras lluvias de primavera tras la lectura de El País.

Así lo pienso, pues tras ver al comisario humillado, insultado y de rodillas ante el heroísmo sanguinario de Skorzeny, Villarejo comparece ante los ojos del lector avisado como un pobre y detestable diablo que hubiera merecido de alguna manera ser redimido, él sí, como personaje en las páginas de Le Carré, como lo fuera el patético Alec, Richard Burton en El espía que surgió del frío, o cualquiera de los de El Topo, a elegir entre los más abyectos o estúpidos, personajes todos ellos creados bajo una mirada compasiva, humana, que difícilmente creo que el escritor inglés hubiera dedicado ni por un segundo a nuestro aguerrido oficial de las Waffen SS.

¿Pero cómo se puede comparar a Skorzeny con Villarejo? ¿Tenemos que elogiar a una fiera monstruosa para denigrar a una rata, por muy repugnantes que nos resulten sus andanzas?

¿Qué gesta tan heroica fue esa de liberar de su hotel-presidio a Mussolini (en manos de unos cuantos carabineros), una cantinela que siempre se utiliza para ensalzar al heroico Skorzeny? ¿Somos como niños jugando a la guerra? ¿No comprende Enric González que el regreso de Mussolini y la constitución de la República de Saló a instancias de Hitler, supuso el inicio de uno los capítulos más represivos y sanguinarios de la historia de Italia?

¿Ha visto la película Saló o los 120 días de Sodoma? ¿Se hace cargo del alcance de lo allí expresado por Pasolini, la metáfora política de la depravación de la extrema derecha, del retrato del fascismo y la aristocracia ahogando al pueblo en los Círculos de la Mierda y de la Sangre? Estoy convencido de que si la hubiera visto jamás hubiera escrito esas letras. Pero bueno, puedo estar equivocado, y el cable ético que sin duda se le echó este domingo a Villarejo igual tiene una humana intención.

¡Recibamos en todo caso con felicidad estas deseadas lluvias de primavera!