Opinion · Otras miradas

Los amigos de la familia Aznar son quienes juzgan

Cristina Fallarás

Periodista y escritora

En el año 2013, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella (PP), vendió al fondo buitre llamado Blackstone (Fidere) nada menos que 5.315 inmuebles de protección pública de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS).

Eran NUESTROS. Eran tuyos, míos, de nuestros padres, madres, abuelos, de nuestros hijos e hijas. La buitresa Botella eligió un enorme puñado de NUESTROS pisos y se los vendió a un grupo de carroñeros por cuatro perras.

Pero no solo eran NUESTROS. Esos pisos formaban parte de nuestra contribución para que las familias más pobres tuvieran amparo. Se llaman «viviendas sociales» o «de protección oficial» porque son aquéllas para las que, arrimando el hombro, dedicamos una parte de nuestros impuestos a quienes menos tienen.

La buitresa Botella (infame, infame, infame y mil veces mil puedo repetirlo) vendió aquello que era de todos y todas destinado a albergar familias con dificultades.

De los 5.315 inmuebles, 1.860 eran viviendas. Allí vivían familias. Cerca de 2.000. Llegó el fondo buitre, aplicó las leyes del mercado y empezaron los desahucios.

Ayer, el encabezado de la noticia era éste:

TITULAR: El Tribunal de Cuentas anula la condena a Ana Botella por la venta de pisos de protección pública a fondos buitre

SUBTÍTULO: La resolución ha sido adoptada por dos votos de los tres miembros que conforman la Sala, y por la que ambos, nombrados consejeros del Tribunal de Cuentas a propuesta del Partido Popular, han acordado de absolver a la exlíder popular de una operación que supuso un perjuicio de casi 25,8 millones de euros.

«Anula la condena», «venta de pisos de protección pública», «a fondos buitre»… VOMITO.

Y después de vomitar llamo a la muchacha, hoy mujer, que a base de pegar post-it en coches y puertas, puso en marcha a los vecinos contra esta bestia que ahora se revuelve y les consume: «Cuando pasan estas cosas, estas noticias, me acuerdo de la gente que, en el camino, se ha quitado la vida o que ha tenido que irse de su casa porque no podía soportar tanta presión».

Habla Arantxa Mejías Cano. La buitresa Botella vendió el piso de sus padres, Manolo Mejías y Mercedes Cano –75 metros cuadrados, tres dormitorios, dos baños, todo exterior– por 65.000 euros. Hasta aquí me llega el batir de sus carroñeros lutos celebrando.

CEDO LA VOZ A ARANTXA:

Hoy siento un nudo en la garganta. No sé cómo empezar, Cristina. Llevamos 5 años luchando, queriendo sacar a la luz el atropello que hizo la institución vendiendo nuestros hogares, nuestras casas, con unas batallas judiciales que son interminables, con dos archivos de la causa penal. Hace poco tiempo ha sido abierta la causa y parecía que iba bien… aunque después de la noticia de hoy, la absolución de Botella en el Tribunal de Cuentas, estamos desolados, con cara de gilipollas. Que absuelva a Botella una persona que trabajó para su marido como ministra de Justicia, Margarita, es grave y preocupante.

Primer gobierno de Aznar, con Margarita Mariscal de Gante a la cabeza.PARÉNTESIS:

Por «Margarita», Arantxa se refiere a Margarita Mariscal de Gante, exministra de Justicia de José María Aznar, huelga decir, marido de quién ETC.

Vamos con el «ETC»: el hermano de esa Margarita que ha salvado a Botella responde al nombre de José Manuel Mariscal de Gante. Conocemos su nombre por el vino de un criminal. El hermano de la Margarita que nombra Arantxa invitó al torturador Billy el Niño a una copa oficial de vino aún no hace un año. Y ambos, la ex ministra de Justicia que hoy salva a Botella y su hermano pro-torturadores, son hijos de Jaime Mariscal de Idem, comisario de la Brigada Político Social del franquismo. ¡Oh!

El otro consejero que ha votado a favor de la absolución es José Manuel Suárez Robledano, también nombrado a propuesta del PP.

Dos de tres. Absuelta la buitresa.

SIGUE ARANTXA:

No sólo porque no vean claro el perjuicio económico que este tipo de operación supuso para el Ayuntamiento, la institución, sino el que ha generado a tantísimas familias. Consiste al final en destrozar la vida de tantísimos ciudadanos y familias en suelo público, que es de todos, poniéndoles la alfombra roja a las Fondos que están especulando con la vida y el futuro de tantas personas.

Desde luego, es una indignación la que se siente, y una impotencia muy grande, de ver que los amigos de la familia Aznar son quienes juzgan.

Cuando veo este tipo de resoluciones judiciales, no sé si esta lucha de tantos años merece la pena. El desgaste de vida familiar, personal que supone estar luchando contra gente que tiene tanto poder… al final son los que dominan. No me sorprende tanto cuando el padre de la señora Margarita Mariscal de Gante ya era juez en la época de Franco, porque vemos de dónde vienen, dónde están posicionados.

Nosotros vamos a seguir luchando hasta que nos queden fuerzas, a seguir recurriendo hasta que podamos. Se puede recurrir al Supremo, pero sólo puede hacerlo el Ayuntamiento de Madrid. Aunque parecería lo lógico, sería sorprendente que lo hiciera el alcalde Almeida. No va a suceder. Sí que espero que los partidos de la oposición, que tienen una representación dentro de esos consejos, se lo exijan. Por justicia social, ¿no?, y por justicia institucional. Porque al final el Tribunal de Cuentas está hablando del perjuicio patrimonial y económico que generó esta operación para la propia institución, que es el dinero de todos.

Como dice el refrán, el que hace la Ley hace la trampa. Ya modificaron la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) para hacer este tipo de operaciones, y ahora en el Tribunal de Cuentas están juzgando gente muy cercana no solo a su partido, sino a su circunstancia familiar. Es preocupante y muy sospechoso.

Ahora mismo siento una enorme desolación, tristeza, impotencia y rabia. Y como yo, todos los vecinos. Al fin y al cabo, yo pongo voz a muchas familias.

Y cuando pasan estas cosas, estas noticias, me acuerdo de gente que, en el camino, se ha quitado la vida, o que ha tenido que irse de su casa porque no podía soportar tanta presión. Y que esta gente se vaya de rositas… Y encima que lo diga el Tribunal de Cuentas, donde quien juzga es su amigo o, en este caso, amiga, les lava la imagen.

Me parece aberrante, vergonzoso lo que está pasando. En situaciones así te sientes muy desamparada, porque aunque veas muy claro lo que es justo e injusto, parece que la Justicia se posiciona del lado de la gente que tiene poder. No sé si es que tienen alguna deuda personal con esa gente, pero desde luego estamos jodidos.

Ante los gobiernos del PP hemos asistido sin la imprescindible perplejidad a los casos Gürtel, Bárcenas, Naseiro, Púnica, Bankia, Lezo, Taula, Cifuentes, Fabra, Brugal, Palma Arena, Cooperación… Hay muchos más, pero ninguno como la venta de las viviendas de protección oficial, sociales o como quieran llamarlas a un fondo buitre. Sé que lo de la Púnica, la Gürtel o, ampliando campo, el caso Palau o los ERES, dibujan un daño económico e incluso de «valoración pública» mayores. Y digo NO. Cuando una repasa las corrupciones de los partidos políticos, jamás aparece la venta de viviendas sociales a fondos buitre que llevó a cabo Ana buitresa Botella. Y, sin embargo, en mi opinión no ha existido un ejemplo de barbarie comparable a éste.

Una señora gobierna una ciudad. Los hombres y mujeres y las familias que habitan esa ciudad aportan un pellizco de sus magros ingresos para mantener un paquete de viviendas, y al hacerlo les pertenecen, son públicas, de todos y todas. Lo hacen para que puedan habitarlas aquellas gentes que ni para techo tienen. Un día, la señora que gobierna esa ciudad decide vender esos hogares con sus familias dentro. Por cuatro duros. Para que dejen de ser «de protección» y «oficial». Entonces es cuando los carroñeros empiezan a cebarse en los moradores. Entonces, la buitresa Botella cede nuestras viviendas y se lucra y ya son de los buitres. Entonces, la vida de todas aquellas familias, también.

Nada comparable.