Opinion · Otras miradas

África, ¿el continente del futuro?

Miguel Pajares

Doctor en antropología social (Universidad de Barcelona) y Presidente de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado

Leí con gran interés el dossier de la Vanguardia titulado África, el continente del futuro, un conjunto de artículos en los que se abordan las perspectivas de ese continente. En ellos se de sus hándicaps, así como de sus grandes posibilidades de desarrollo económico, tanto por sus riquezas naturales como por las dinámicas de crecimiento que se dan en varios de sus países (Etiopía, Ghana, Costa de Marfil, Ruanda, etc.). Acabada su lectura me sobrevino la decepción: en todo el conjunto de artículos apenas se hacía mención al cambio climático. Estoy acostumbrado a este tipo de decepciones; el cambio climático aún no es mainstreaming: se habla mucho de él en las cumbres específicas o cuando se publican determinados informes, pero se olvida en las cumbres económicas, en los análisis y programas de crecimiento económico o en el quehacer diario de los gobiernos y las grandes corporaciones. Pero me sorprende que no aparezca en un dossier sobre África publicado en octubre del 2019, porque a estas alturas ya está claro que el cambio climático es precisamente lo que podría hacer que África nunca llegue a ser el continente del futuro.

El anterior presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, dijo que “en la década del 2030 podríamos encontrarnos con que el calor extremo y la sequía no permitan que el 40% de la tierra que actualmente se utiliza en África para cultivar maíz pueda seguir utilizándose”. Disminuciones no tan grandes, pero también muy graves, se darán en el resto de cereales y demás cultivos; por ejemplo, cuando el calentamiento global sea de 2ºC (cosa que pasará antes del 2040 si no se hacen las acciones “urgentes y a una escala sin precedentes” que reclamó el IPCC el año pasado), la producción de mijo y sorgo en África Occidental habrá caído entre el 15 y el 25%. La FAO ha dicho que las pérdidas de productividad asociadas al calor están reduciendo ya la obtención total de alimentos en África (un continente que habrá doblado su actual población en el 2050).

Todos los desiertos de África están expandiéndose, y lo harán a mayor ritmo a medida que el calentamiento global se intensifique. El desierto del Sáhara sube dos metros cada día por el norte y baja un metro cada día sobre el Sahel. El país más poblado de África, Nigeria, pierde cada año 3.500 km2 de praderas y tierras de cultivo debido a la desertificación. El cambio climático hace las sequías más frecuentes e intensas y las lluvias más torrenciales y destructivas. Ahora, el 90% de las lluvias en el Sahel son tormentas y, por tanto, son cada vez menos beneficiosas para la agricultura, ya que rompen el suelo, se llevan los tallos verdes, y el agua apenas penetra en el terreno. Algo parecido ocurre en el Cuerno de África: allí llevan una década casi continuada de sequías (intercaladas con lluvias torrenciales), y el déficit de agua y de forraje en Etiopía, Somalia y Kenia se ha traducido en altas tasas de mortalidad del ganado: en el 2017 los rebaños disminuyeron en Somalia entre un 40 y un 60% según la FAO.

Cuanto más dejemos crecer el calentamiento global, mayor será la escasez de agua potable en África y más devastadoras serán las olas de calor. Los lagos están perdiendo superficie y los ríos caudal, pero lo más preocupante es el rápido encogimiento que están sufriendo muchos de los depósitos subterráneos más importantes. En África del Norte la disminución del agua potable tiene ya un ritmo escalofriante: la FAO nos dice que el agua dulce disponible se ha reducido en dos terceras partes en los últimos 40 años. Según el Banco Mundial, un mundo 2ºC más caliente (un grado más que ahora) supone para África del Norte que entre el 20 y el 40% de los veranos sufran olas de calor de las que ahora se consideran inusuales o extremas, y que la descarga anual de lluvia disminuya notablemente. Y la perspectiva para otras regiones de África no es muy diferente.

Además, hay que tomar en consideración la subida del nivel del mar, ya que la mayor parte de las grandes ciudades de África del Norte y África Occidental son costeras, y también hay importantes ciudades costeras en África Oriental y Meridional. Por otra parte, en algunos países la producción agrícola está en buena medida en los deltas, como en Egipto, donde el 63% de la producción agrícola está en el delta del Nilo, o en Nigeria, donde el delta del Níger es su área agrícola más productiva. La subida del nivel del mar salinizará los deltas y será devastadora para su agricultura.

El cambio climático acabará afectando gravemente a todos los países del mundo, pero no por igual. La universidad estadounidense Notre Dame elabora anualmente un índice de vulnerabilidad a los impactos del cambio climático y en el publicado este año nos dice que de los 25 países más vulnerables, 17 son africanos. Y el documento Perspectiva Global de la Tierra de Naciones Unidas (2017) nos dice que el cambio climático comportará para África “intensificación del estrés hídrico, rápido descenso del suelo de cultivo potencialmente disponible, caída continua de los rendimientos de los cultivos, pérdida continuada de la productividad, elevadas pérdidas de biodiversidad y altos niveles de malnutrición”, y añade que ello irá acompañado de “escasos medios económicos e institucionales con los que hacer frente a todo lo señalado”. Si dejamos que el calentamiento global avance hacia donde ahora se encamina, África acarreará con las peores consecuencias. El cambio climático arruinará toda posibilidad de despegue de ese continente. Y eso que sólo responsable del 3% de los gases de efecto invernadero emitidos desde el inicio de la industrialización.