Otras miradas

El beato Palafox persigue a Cayetana

José Ángel Hidalgo

Funcionario de prisiones, escritor y periodista

La cabeza de lista del PP al Congreso por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo en un acto en Barcelona. EFE/Marta Pérez
La cabeza de lista del PP al Congreso por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo en un acto en Barcelona. EFE/Marta Pérez

Desde que en la Semana Santa pasada se pusiera de manifiesto en el artículo Cayetana Álvarez de Toledo se tropieza con su tesis doctoral, el choque cruento entre las dos personalidades que escinden el cerebro de nuestra marquesa de Casa Fuerte (por un lado la doctora en Historia que apuesta por el "pactismo revolucionario" del virrey Juan de Palafox para resolver el conflicto plurinacional de la monarquía española, y por otro, la actual, quebrantahuesos sin mariconadas del independentismo catalán), podemos concluir que en esa cabeza nobilísima y convulsa ha vencido con brutalidad el temperamento expeditivo de la segunda.

Como le sucediera a la poco ventilada azotea de Norman Bates, el pobre loco de la película Psicosis que viviera roto en dos personalidades, sujeto por momentos a la voluntad de una madre ya muerta, la doctora Cayetana parece haber olvidado una parte fundamental de su ser, la científica, la que adquirió un gran compromiso con su esforzada tesis doctoral sobre Juan de Palafox, beato que curaba con milagro el insomnio y pactista convencido de que la diversidad española no se podría resolver si no con diálogo y leyes apropiadas a cada uno de los territorios de la península… otro milagro, éste sin que nos haya sido obrado todavía.

La Cayetana historiadora, mujer de grandes virtudes intelectuales (lo pienso sinceramente tras la lectura de su libro) se ha abandonado a la Cayetana desbocada, sujeta a un proceso creciente de septicemia política que interesa el verbo y otras herramientas de transmitir odio a la opinión pública.

Así, las ideas torcidas que sus dos padrinos malos ya le inculcaran a partir de 2011, tanto Aznar con su odre viejo repartiendo vinagre, como un Pedro Jota verborreico que proclama libertades que al minuto se pirra por traicionar, no han hecho sino radicalizarla una vez introducida en esos jardines del demonio.

Una papelera con los lazo amarillos que Cayetana Álvarez de Toledo retiró de TVE.
Una papelera con los lazo amarillos que Cayetana Álvarez de Toledo retiró de TVE.

Después del trompazo electoral de abril, Cayetana se prepara a conciencia para un segundo golpe presa de convulsiones crecientes, tal y como le sucediera a Norman Bates, a quien una crisis de identidad macabra le sucediera otra aún más sangrienta.

Así anda nuestra marquesa por los platós, imbuida hasta las cachas de su personalidad faltona e intolerante, ajena totalmente a sus hermosos escarceos intelectuales con la España del siglo de Oro y armada con una tijera con la que corta lazos amarillos en TV3, tal y como Norman, disfrazado de vieja, asaltaba en la ducha a la mujer que podría arrebatarle a su precioso niño… Norman también: suena la música chirriante de Hitchcok entre puñalada y lazo amarillo caído: sangra la razón, se impone una locura absurda, total.

Y es muy de lamentar toda esta secuencia psicótica.

Al conocer su entusiasmo por el diálogo entre territorios diferentes defendido por el virrey Juan de Palafox, por su firmeza reformista y la capacidad de sus ideas para curar el insomnio patológico que sufre España en Cataluña, no me termino de acostumbrar a esta Cayetana de hoy, intolerante, macarra y feroz.

Seguro que existe un tratamiento adecuado para que la doctorada en Oxford recupere su autoestima intelectual.

La cura podría comenzar en breve, con un tratamiento a base de dura realidad democrática al que se sometería en la convulsa clínica de Barcelona el próximo domingo electoral. Si asume los catastróficos resultados que obtendrá, quizás sea la definitiva lección que finalmente la retire de la primera línea política para llevarla de nuevo a la placidez reconfortante de las bibliotecas, a las silenciosas aguas de la tolerancia que siempre imprime el estudio reposado de la Historia.

Me sentiría feliz de recuperar su pluma para esta tan necesaria y pedagógica ciencia. Y apostaría a que John Elliot, su padrino bueno, desde Oxford, encarecidamente, lo desea también.