Opinion · Otras miradas

Los autónomos y autónomas también votamos: con memoria, por el futuro

María José Landaburu

Secretaria general de la unión de autónomos UATAE

Hemos vivido una campaña que podemos calificar de extraordinaria en muchos sentidos: tras casi un año sin gobierno, después de unas elecciones fallidas; con la aparición de actores políticos nuevos; con un debate territorial latente, y en los albores de lo que se anuncia como una nueva crisis.

En este escenario, cabría esperar de los candidatos a presidir el Gobierno, si no una cierta audacia, sí al menos una reflexión profunda y un compromiso decidido con los retos que hemos de enfrentar en común. Al menos, tendríamos que saber de ellos cuál es el plan estratégico y el objetivo último de sus políticas en la legislatura que entra; cómo vamos a soportar el vaivén de la ya más que previsible recesión; cómo amortiguar los efectos que, sobre la economía doméstica, pero sobre todo sobre la ciudadanía, va a producir este escenario, y, sobre todo, cómo se va a proteger a quienes más lo necesitan, qué red vamos a poner en funcionamiento para que, esta vez sí, la pequeña y la mediana empresa, los autónomos y autónomas, los trabajadores y trabajadoras no nos quedemos por el camino.

Sin embargo, ha sido la campaña del ruido, de las prisas por terminar, de la apatía, del populismo en el peor sentido. Tenemos la sensación de no haber escuchado ninguna propuesta de calado, que nos parezca que pueda servir de palanca de transformación para estos tiempos. Quizás, como debe hacerse para que las cosas sean posibles, debamos empezar por el principio: determinar cuál es la política fiscal que necesitamos, quién paga impuestos y cuánto, para financiar el modelo social que queremos, sabiendo que los ingresos en todo caso son limitados. Sin ello, escucharemos barbaridades como que todo se puede pagar si eliminamos las comunidades autónomas.

Se han repetido clichés, frases hechas y se han replicado como un eco algunas de las medidas que las organizaciones civiles, profesionales o sindicales poníamos sobre la mesa. Oír hablar de derogación de la reforma laboral, o de la cotización por ingresos reales, en el caso de los trabajadores por cuenta propia, a quienes no han querido o no han podido -difícil saberlo- llevarlas a efecto produce mas indignación que esperanza, mas quemazón que alivio.

Los autónomos y autónomas necesitamos respuestas. No podremos resistir un nuevo proceso de caída de la demanda después de lo ya vivido sin, por un lado, un plan estratégico que sirva de pilar a los sectores productivos fundamentales y que frene su lenta destrucción (comercio, industria, etcétera) y, por otro, un sistema de protección social justo que dé respuestas a todos y todas, pero especialmente a quien más lo necesite. Son imprescindibles cotizaciones ajustadas a la realidad de los ingresos; impulso económico en el inicio de la actividad; apoyo para mejorar la competitividad de las y los que ya estamos; cobertura para las contingencias de enfermedad o maternidad y paternidad… Y no podemos seguir siendo jubilados y jubiladas pobres ni estar abandonados cuando cesamos la actividad.

Si no reflexionamos sobre esto, si no tomamos medidas inmediatas, el trabajo por cuenta propia va a seguir siendo el régimen de la precariedad, el último eslabón en la cadena del empleo, pero además va a seguir atrayendo a los tiburones habituales y a los que crecerán con profusión en el contexto de una nueva crisis para seguir aprovechándose de miles de personas, muchas de ellas jóvenes, que, si no lo evitamos, conformarán la esclavitud del siglo que se ha iniciado.

Por eso, porque nada nos es indiferente, porque necesitamos respuestas, vamos a ir a votar con memoria, pero también con ilusión de futuro; con la mano tendida, pero con la fuerza suficiente para exigir que no se nos olvide. Aún estamos a tiempo.