Otras miradas

ETA no es VOX

José Ángel Hidalgo

Funcionario de prisiones, escritor y periodista

Me niego a admitirlo por más que la izquierda relajada lo escupa por ahí sin descanso, a ver si cuela: es inaceptable relacionar a VOX con el terrorismo, es insufrible que Ortega Smith pueda compararse con Txapote, ni Abascal con el que fuera jefe militar de ETA, Txeroki, ni por supuesto ver casada la figura de la Monasterio con la de la sanguinaria Tigresa, por mucha blusa de leoparda que luzca la primera por la Asamblea de Madrid.

¿Cómo se pueden escuchar semejantes barbaridades con total impunidad? ¿Dónde está la Fiscalía cuando se la necesita? ¿Todavía flatulenta tras la copiosa butifarrada?

Viene a cuento este descabello de lo de ETA por la bomba lanzada a los niños de Hortaleza, ya que se indica por ahí que ese atentado en grado de tentativa no es más que un montaje de los GAL: nos informa de esto y con detalle el líder Abascal en un inmenso tuit, y claro, no puedo estar también más en desacuerdo, aunque mira por donde que en esto de culpar de las desgracias propias (y de las ajenas) al aparato del Estado sí que se aproxima mucho el líder de VOX a los fundamentos teóricos de etarras como Txeroki.

El concejal extremo Ortega Smith en nada coincide sin embargo con tipejos como Txapote: niega en redondo (y con fiereza democrática) que el autor del lanzamiento de la granada de Hortaleza sea conmilitón suyo, pues ya se sabe que Txapote, cuando asesinaba, reivindicaba el crimen en cuanto ponía el pellejo a salvo, que para eso estaba el terrorismo de su banda, para darle pábulo a la causa.

¿Qué es eso de tirar la bomba y esconder la mano? Tan nervioso se pondría el sicario etarra con esa mera suposición como se ha puesto Ortega Smith estos días con la sugerencia de un periodista sobre la contraria: unos nervios parecidos, pero cuyo sentido semánticamente se repelen.

Si queremos enriquecer un poco este debate es pertinente recordar que los nazis de la Cóndor que arrasaron Guernica (mandatados por el jefe de la banda terrorista alemana, en connivencia con el jefe de la banda terrorista española) negaron siempre el apocalipsis que desataron con sus bombas.

Esas bandas criminales también negaron el Holocausto judío, ahora que lo recuerdo, pero es que eran nazis viejos, de los de antes. Uf, quizás pueda estar alguien llegando a la conclusión (precipitada) de que los nazis nuevos, después de matar, prefieren negar los hechos cobardemente, y el caso es que los hechos nos demuestran que no es así.

Breivik, con sus setenta niños socialistas masacrados en aquella isla tan fría, acude ahora (qué cosas) en socorro de Ortega Smith: los nuevos nazis revindican enseguida la sangre que derraman, por lo que después de matar hasta el éxtasis Breivik se entregó relajado y sin lucha a la policía: acababa de perpetrar el polvo, o el tratado político, de su vida. Era nazi de los nuevos, y estaba más que satisfecho, como lo estarían Txeroki o Txapote, de la difusión de sus crímenes: ¿qué sentido tendría para ellos ocultarlo?

Por lo tanto, esta conclusión descarta absolutamente a militantes reconocidos de VOX de ser los autores materiales, colaboradores necesarios o meros inspiradores del lanzamiento de la famosa granada: ellos son, como dicen muchos ahora, neonazis, nazis nuevos, no de la vieja escuela, y aunque Breivik y Abascal coincidan en sus pensamientos como coindicen a simple vista dos gotas de sangre, eso no significa que el segundo haya dado el paso gravísimo de respaldar sus manifiestos con el bombardeo de un patio infantil.

Pienso que si por ejemplo desde VOX se decidiera limpiar de una vez la frontera africana ametrallando porteadoras cuando acuden con el fardo a ganarse diez euros, no tengo duda alguna de que nos lo anunciarían a los españoles con un tuit antes de acometer la hazaña. Son nazis de los nuevos, con nuevas estrategias de comunicación, ya se ha dicho.

José María Aznar es de la vieja escuela, por poner un ejemplo patético, aunque locuaz, de lo contrario. A éste la iba cometer el crimen y después esconder la mano, como sus ancestros de Guernica: tras ser el muy reconocido responsable político de los doscientos muertos de los trenes de Atocha, se acojonó y mintió desde el minuto uno como un bellaco: a la historia de la infamia pasará la gran bola que nos quiso hacer tragar, ¡que Al Qaeda significaba Movimiento Nacional de Liberación en recio vascuence! ¡Es que era y sigue siendo de los viejos!

En fin, que todo esto de la ETA ha venido inspirado por el tuit de Abascal: es que las mejores historias criminales siempre son las que se les escuchan a los que, a pesar de que nada les acuse directamente, saben no obstante muy bien de qué va la vaina.

¿Los GAL operando en una escuela infantil de Hortaleza? ¡Supera esa trama terrorista, Juan Madrid! ¿Días contados? Con todo lo que me gusta esa novela, me resulta casi ligera comparada con lo que daría de sí literariamente el tuit de Abascal: pensar en Amedo y Domínguez removidos como zombis, sicarios torpes de gabardina gris con mucho lamparón de sangre y chorizo, ¡teledirigidos por Iglesias para ejecutar uno a uno a todos esos bribones de los ‘menas’! ¡Hay que tener las neuronas todo el día con el nervio en alto para llegar a esa sofisticación argumental!

¡Días contados! ¡Buena novela, y qué gran película de Imanol Uribe! ¡Carmelo Gómez, siempre!