Otras miradas

La brecha de género, también en el mundo de la ciencia

Silvia Lavado Anguera

Responsable del Observatorio de Género de la Universidad Europea y profesora de Ingeniería de la Escuela de Arquitectura, Ingeniería y Diseño

La Asamblea General de Naciones Unidas proclamó en diciembre de 2015 que, tal día como hoy, todos los 11 de febrero serían el Día Internacional de la Mujer y la Niña y la Ciencia como parte de la agenda de Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 para luchar contra la brecha de género en ciencia, tecnología e innovación.  Se trata de un esfuerzo colectivo a nivel global para mejorar el acceso a educación, empleo, luchar contra la discriminación y reconocer ese talento del 50% de la población que en muchas ocasiones está desaprovechado.

Es por eso que multitud de organizaciones están desarrollando programas de fomento de vocaciones STEM (siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) para asegurarnos, como sociedad, de que no nos quedamos atrás en materia de investigación y desarrollo, y de que proporcionamos a nuestros jóvenes una opción de futuro de la que puedan vivir.

Yo soy una de las voluntarias que acuden a los colegios a contar las bondades de la ingeniería y, sin tener nada contra las letras (disfruto como la que más de un libro de historia), es importante ver que, aunque quieras ser filólogo, vas a tener que relacionarte con una inteligencia artificial para hacer tu trabajo; adiós a las letras puras, hola a la fusión de conocimientos.

A pesar de que la ausencia de vocaciones científicas entre las jóvenes es bastante perceptible, me gustaría destacar que estamos ante un momento "histórico" en materia de liderazgo femenino dentro de la ciencia. Y es que el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), el CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) y la ONT (Organización Nacional de Trasplantes), joyas de la corona de la ciencia española, están dirigidas por mujeres.

Ciencia, liderazgo, éxitos, reconocimiento. Tener a tres brillantes mujeres al frente de nuestras instituciones es un orgullo para todas y, sin embargo, insisto de nuevo en que se trata de algo histórico, fuera de lo común. Si bien las mujeres somos mayoría como estudiantes en las universidades, el número cae por debajo del 30% en carreras de física e ingeniería. Y aun cuando estas jóvenes terminan los estudios, el número de ellas que efectivamente consolida su vocación y se dedica profesionalmente a ello cae, y aquellas que llegan a puestos directivos dentro de su profesión cae aún más, encontrándonos un desierto de referentes a la cabeza de las instituciones, que a su vez provoca que menos chicas elijan este tipo de carreras.

Resulta especialmente necesario motivar a las chicas estas carreras, ya que, por motivos históricos, por falta de modelos o por prejuicios, ellas están alejándose cada vez más de este tipo de estudios, decantándose únicamente por la rama biosanitaria. Por supuesto que necesitamos grandes cerebros en la Medicina, pero no podemos prescindir del talento de la mitad de la población para vocaciones tecnológicas.

Esta motivación hacia profesiones STEM resulta especialmente importante entre las jóvenes de Secundaria y Bachillerato, pues se encuentran en una etapa crucial donde deben tomar una decisión que marcará el resto de su vida. Resulta curioso que, al impartir talleres de robótica en Infantil o en los primeros cursos de Primaria, tanto las niñas como los niños se apasionan por igual con los robots. Sin embargo, en los cursos más cercanos a la universidad, la brecha de género es mucho más palpable, y es así donde debemos actuar con mayor atención y estar convencidos de que estamos ofreciendo a las jóvenes una alternativa viable y emocionante.

Otro tema relacionado con esto es la falta de modelos a seguir. Todos conocemos a Albert Einstein y a Nikola Tesla, pero, ¿y a Mileva Maric? ¿y a Hedy Lamarr? Ellas también han definido nuestro mundo y, junto con muchas otras mujeres, han inventado la sociedad en la que nos movemos. La informática, concretamente, tiene más madres que padres. Pocas chicas en el instituto han tenido un acceso directo a esta información, que ayudaría a desterrar la idea de que las STEM no tienen nombre de mujer.

En base a esta reflexión, no me gustaría terminar sin hacer referencia al Observatorio de Género de la Universidad Europea. Un espacio creado para analizar, visibilizar y sensibilizar a la comunidad universitaria y a terceros sobre formas de trabajar por y para conseguir la igualdad de género. Las mujeres somos la mitad de la población mundial, y las oportunidades deben estar ahí para que todos podamos demostrar nuestro talento, tan necesario para afrontar los desafíos de las próximas décadas. Todos podemos contribuir a este objetivo y, sin duda, la educación es un excelente punto de partida para conseguirlo.