Otras miradas

El techo de cristal en la ciencia: ellas siguen quedándose a las puertas

Ainhoa Goñi

Periodista especializada en comunicación científica

María Navarro

Periodista

La brecha de género frena la carrera de mujeres y niñas desde que estudian hasta que trabajan.
La brecha de género frena la carrera de mujeres y niñas desde que estudian hasta que trabajan.

La brecha de género frena la carrera de mujeres y niñas desde que estudian hasta que trabajan. Así lo revelan los datos oficiales en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la ciencia.

Cuando se habla de igualdad en el ámbito de la ciencia basta acudir a los datos, objetivos, claros y evidentes, para comprobar que el techo de cristal no se ha roto. A pesar de los intentos en las instituciones públicas y privadas, los datos globales no se han modificado. Solo el 28% de todos los investigadores en el mundo son mujeres (UNESCO). Eso nos dice que hay un mal mayor, un problema enraizado en la sociedad que no permite que se produzcan cambios. Pero también hay un problema mayor que apunta a la acción política que ha permitido que no se produzcan cambios sustanciales para que desaparezcan los auténticos problemas con los que se topan una y otra vez mujeres de todo el mundo.

Los cambios se deben producir a todos los niveles, porque las mujeres no solo enfrentan a un techo de cristal, sino a varios conforme van pasando distintas etapas de su vida educativa y profesional.

La primera barrera es la de los estudios. En la mayoría de países, la mayoría de estudiantes que realizan cursos avanzados en matemáticas y física son varones, según la UNESCO. Además, una niña hoy en día sigue sin tener referentes reales que le ayuden a ver que los niños no se dividen en letras o en ciencias y que no hay carreras femeninas y masculinas. Pocas estudian o pueden leer el trabajo de investigadoras más allá de Marie Curie o de Hypatia de Alejandría por la película de Amenábar. Pero la gente sigue sin saber que la patente que más dinero ha supuesto al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) durante muchos años la hizo un mujer; Margarita Salas, recientemente fallecida.

Las mujeres STEM, acrónimo inglés de los términos Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas son una realidad y hay que seguir contando su historia. Las niñas tienen que crecer sabiendo que todos los trabajos están a su alcance y que todas las carreras son una opción. Porque, de momento, los datos revelan que dentro de la población femenina en la educación superior a nivel mundial, sólo alrededor del 30% elige disciplinas STEM. En concreto, la matrícula de las estudiantes es especialmente baja en tecnología, información y comunicaciones (3%), ciencias naturales, matemáticas y estadísticas (5%) e ingeniería, manufactura y construcción (8%). Y más alta en salud y bienestar (15%).

Las que hacen este tipo de carreras y luego pasan a investigación, que también incluye áreas como las Humanidades y Ciencias Sociales, se encuentran con muchos problemas. Muchas se quedan en el camino. Así lo asegura Naciones Unidas: "No sólo la participación femenina en la educación y el empleo STEM es baja, sino que la tasa de deserción es especialmente alta". Las mujeres abandonan las disciplinas STEM "en forma desproporcionada durante sus estudios, durante la transición al mundo del trabajo e incluso  durante su trayectoria profesional". Aunque, el mayor nivel de abandono se encuentra en el nivel de postgrado.

En ciencia se sigue penalizando la baja por maternidad, porque se retrasa el doctorado, o el proyecto de investigación determinado, que no se puede posponer. A ello apunta el informe de la UNESCO 'Descifrar el código: la educación de las niñas y las mujeres en STEM'. Concluye que entre los factores que influyen en la tasa de abandono de las mujeres en estas disciplinas se encuentra "la compatibilidad que se percibe entre algunas de estas disciplinas con la identidad femenina, las obligaciones familiares, el ambiente y las condiciones laborales".

Pero éste no es el único problema. Algo está pasando, y probablemente uno de los problemas sea el tanto por ciento de las mujeres en los tribunales, por el que las mujeres no consiguen los mejores puestos de investigación y se quedan en el camino, en plazas menores.

En el caso de España, el CSIC, la institución pública española de referencia en ciencia, cuenta con casi el 50% de mujeres y hombres en su plantilla. Pero, conforme va aumentando en nivel del puesto y, por tanto, de la retribución del mismo, las mujeres vuelven a chocarse con ese techo de cristal. Es lo que se conoce como la 'gráfica tijera', en la que se ve perfectamente cómo a medida que avanzan en puestos de responsabilidad el número de mujeres disminuye mientras el de ellos crece. De este modo, en la categoría de Profesores de Investigación, ellas solo representa el 26,1% según los últimos datos del CSIC.

Los últimos datos del informe de mujeres investigadores también concluyen que, aunque el número de mujeres en el personal directivo ha aumentado, la proporción de mujeres directoras de instituto es solo del 16,7%.

En lo relativo a premios, la realidad de los datos vuelve a poner a las mujeres en el sitio que algunos quieren que tengan. Con más de 100 años de historia, los Premios Nobel, los galardones con más prestigio del mundo, casi siempre olvidan a las mujeres.

A lo largo de todos estos años, en sus tres premios científicos, en Fisiología o Medicina, en Química y en Física se ha otorgado este reconocimiento a 616 investigadores. Sólo 20 de las personas premiadas son mujeres, una de ellas es Marie Curie, la primera persona premiada con dos Nobel, un reconocimiento que sólo tienen tres investigadores más.

En lo nacional, las cifras siguen la misma línea. El Premio Princesa de Asturias, un galardón que se otorga desde 1981, tampoco suele recaer en mujeres. En la categoría de Investigación Científica y Técnica, de los 74 investigadores elegidos, sólo 5 son mujeres. Es curioso, por ejemplo, que en esta categoría sólo haya dado un premio a una mujer entre 1981 y 2014, a la primatóloga Jane Goodall, y que entre 2015 y 2019 ha premiado a cuatro mujeres. Tal vez el hecho de que el foco se haya puesto en estos temas ha obligado a muchos a revisar su objetividad a la hora de premiar los trabajos científicos.

Si alguien quiere seguir mirando cifras, ya adelantamos que no varían mucho, le recomendamos seguir con la Medalla Fields, conocida como el Nobel de las Matemáticas. En la versión española, también con cifras similares, se pueden consultar los Premios Nacionales de Investigación o los Premios Jaume I, porque en alguna de sus categorías cuentan exclusivamente con una premiada. Los mal pensados dirían que hay más mujeres potentes a las que se les puede reconocer su trabajo.

Algo peor que no reconocer el trabajo de una es que, de forma deliberada, se le niegue este premio y se le otorgue a sus colegas. No es el único caso, pero uno de los más sonados es el de la astrofísica Jocelyn Bell. Mientras estudiaba el postgrado, co-descubrió la primera radioseñal de un púlsar en 1967, lo que ha permitido contrastar la teoría de la evolución estelar. Este hallazgo fue reconocido con el Premio Nobel de Física en 1974. Ella no estaba entre los premiados, a pesar de que fue la primera en observar los púlsares.

Estas son las cifras y la historia, nada alentadoras para las mujeres y las niñas en la ciencia. Pero eso no significa que no puedan cambiar y avanzar hacia la igualdad real, también en la ciencia.

Hay solución, y pasa por la educación. "Hay que cambiar los valores y los estereotipos desde pequeños", asegura  Pilar López Sancho, Presidenta Delegada de la Comisión de Mujeres y Ciencia del CSIC.  Porque, aunque es obvio que "las niñas tienen las mismas capacidades intelectuales que los niños", se les haya hecho creer que no. Así lo aseguraba López Sancho, que recordaba la investigación publicada en Science que reveló cómo las niñas desde muy pequeñas, a los seis años, empezaban a creer que ellos son más inteligentes que ellas.

Además, dijo, hay que "concienciar a la gente de que estamos sesgados". Porque "a la hora de juzgar, tanto hombres como mujeres, tenemos un sesgo pensando que el hombre tiene mejores características para ciertas profesiones que las mujeres".

López Sancho reconoció la complejidad que tiene combatir la brecha de género, pero recomendó atender a cuestiones como que "siempre que hay mayor número plazas ofertadas, la tasa de éxito de las mujeres sube, y casi se equipara a la de hombres". De hecho, "en el momento en que hubo crisis, la tasa volvió a bajar".

El mensaje que lanza Pilar López Sancho a las más jóvenes es claro. Tienen que "tener confianza en sí mismas" y "dedicarse a la ciencia".  Porque "la ciencia es importante y la visión que aportan las mujeres a la ciencia puede ser definitiva".