Otras miradas

En memoria de Julio Anguita: 'e pur si muove'

Sol Sánchez

Diputada de Unidas Podemos Izquierda Unida

"Hubo un hombre llamado Galileo Galilei dedicado al estudio, a horas encerrado, viendo astros, sacando las conclusiones de su observación que descubrió que la tierra no estaba en el centro del universo, que se movía […] y aquel descubrimiento se enfrentó a la verdad institucionalizada […]".

Corrían los años 90 y así empezaba Julio Anguita una de sus más célebres intervenciones conocida como el gran discurso antisistema. Escucharlo nos impactó. 

Muchos de quienes entonces nos acercábamos a los incipientes movimientos antiglobalización nos sentíamos ajenos a la política institucional y a la militancia política tradicional. Desconfiábamos de ella. Era la época de las acciones contra el 50 aniversario del Banco Mundial y el FMI, la acampada del 0´7 en Madrid, la organización de movimientos campesinos en el sur global, y la catarsis del 99 contra la Organización Mundial del Comercio. Y a pesar de las dificultades de entendimiento entre los heterogéneos movimientos que vertebraban aquel magma y la política organizada en partidos, allí estuvo desde el principio la Izquierda Unida de Julio Anguita, y sobre todo su voz. Esa voz que, con pasión y razón, y sobre todo con autoridad moral inapelable, recogió, hizo suyas y a veces incluso anticipó, las luchas que desde los márgenes fueron defendiendo las alianzas mestizas de aquellos tiempos. Anguita fue capaz de reconciliarnos con una dimensión de la política que dábamos por perdida.

Paraísos fiscales, dictadura de los mercados, mercantilización, explotación de los países del sur global, deuda económica y ecológica… y por supuesto la épica y solitaria lucha contra los Tratados de Construcción neoliberal de la UE,  fueron incorporadas a las tradicionales luchas de la izquierda. Anguita entendió como nadie que la obligación de quien quiere cambiar el mundo es hacer frente común con todos aquellos que trabajan por el mismo objetivo. De tú a tú, con el respeto de quien le enseña a la gente con el convencimiento de que esta sabe más de lo que cree saber, carente de la altanería de quien cree tratar con ignorantes, y con la clarividencia de quien anticipa las trincheras por venir. Ejemplaridad, trabajo y estudio serían los componentes de la receta que buscaba multiplicar en la esfera pública. En una entrevista ya en 2012 dijo: "No te creas superior porque tú también formas parte, pero si puedes sé, en lugar de partido de vanguardia, partido levadura. Porque las vanguardias a veces corren tanto que no hay Dios que las pille." 

 A pesar de dejar la primera línea política en Izquierda Unida en el 99, nunca dejó de impulsar proyectos políticos y sociales como el Frente Cívico, una vez más aunando, como en aquella inicial Convocatoria por Andalucía. Al irse supo estar en su papel, una vez más ejemplar, convirtiéndose en referente ético de varias generaciones y fuente de asesoramiento para los nuevos dirigentes del ámbito de la izquierda transformadora.  

El último día que coincidí con Julio Anguita fue el pasado 1 de febrero, en su penúltimo proyecto colectivo. Ese día juntó a unas cuantas personas en Madrid para discutir un documento, La disyuntiva, en el que explicitaba que ya no estamos combatiendo únicamente la injusticia, la desigualdad y la explotación, sino que luchamos por la posibilidad de la vida misma. Ponía el acento en los peligros inmediatos del deterioro medioambiental y el cambio climático. Profético una vez más. De él también aprendimos que tener razón no garantiza victorias, de ahí que entre sus últimas preocupaciones, muy relacionadas con lo anterior, destaque ese acento en organizarnos desde la base ante lo que viene. 

De ese día recuerdo que en aquella comida en un cercano bar de menús ocupábamos una amplia mesa con más de doce comensales. A nuestro lado había otra más grande y ruidosa. Algunos empezamos a observarlos y especular entre nosotros si sería una reunión de amigos de trabajo, o de excompañeros de estudios. Finalmente descubrimos, ya entablando abiertamente conversación con los vecinos, que simplemente era un cumpleaños con amigos y amigas del barrio, de esos de toda la vida… treintañeros y treintañeras, algunos rozando la cuarentena y unos cuantos un poco más jóvenes. 

Lo que quedó especialmente marcado en mi recuerdo fue la constatación, una vez más, del hondo reconocimiento que de su figura había calado en nuestra sociedad. Al rato de haber establecido comunicación entre mesas, la chica que celebraba el cumpleaños me preguntó: es Julio Anguita, ¿verdad? Le respondí que sí, que salíamos a comer de unas jornadas que él mismo organizaba ahí al lado. Entonces confirmó con sus amigos que sí, que allí estaba Anguita. Hablando más bajo, para no incomodarle, me comentó el respeto y la admiración que se le tenía en su casa. Y, casi susurrando, entre ella y otro amigo reprendieron entre risas a las dos personas más jóvenes de la mesa que no tenían muy claro quién era. Eran un grupo heterogéneo, no parecían un grupo de personas especialmente politizadas. 

En un país y un tiempo como el nuestro, en el que los políticos son según los sondeos una de las mayores preocupaciones de las y los españoles, ¿cuánta integridad y luz no tiene que transmitir una persona para causar esa reacción?

Anguita siguió trabajando e iluminándonos hasta hace tan solo unos días, cuando lanzó un manifiesto en el que apuntaba a las herramientas y mínimos aceptables para superar la crisis que está generando la pandemia del Covid-19, para defendernos de su instrumentalización por parte de la extrema derecha. El mejor homenaje que podemos hacerle es continuar ese trabajo esforzándonos por estar mínimamente a la altura.

Hubo un hombre llamado Julio Anguita que nos animó a estudiar, a trabajar, a observar atentamente y a sacar nuestras propias conclusiones. A defenderlas, aunque eso supusiera enfrentarnos a verdades institucionalizadas. Ya no está, pero solo muere del todo lo que no deja huella, y él nos ha dejado toneladas de ejemplo e inspiración para pronunciar e pur si muove cada vez que sea necesario.