Otras miradas

No nos olvidemos de ellas

Personal sanitario de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid se abraza emocionado ante los aplausos de los vecinos en apoyo al trabajo de la sanidad pública. REUTERS/Sergio Perez
Personal sanitario de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid se abraza emocionado ante los aplausos de los vecinos en apoyo al trabajo de la sanidad pública. REUTERS/Sergio Perez

Hoy todo el país habrá pasado de fase. Muchas personas podrán ver a sus seres queridos tras duros meses de confinamiento. Al fin, se podrán estrechar lazos, después de tanto tiempo de soledad edulcorada con videollamadas. Sin embargo, muchas personas hoy seguirán en fase cero y no podrán disfrutar del alivio que supone para muchos este cambio de fase hacia la "nueva normalidad".

Algunas personas se quedarán en fase cero por miedo a salir de casa y ser multados o deportados -personas sin documentación-, otras tendrán miedo a salir por fobias y problemas de salud mental tras este duro confinamiento vivido; las más vulnerables por pertenecer a grupo de riesgo tampoco podrán salir como les gustaría, y no podrán compartir espacios que para otros sí serán posibles.

También las sanitarias, las que han velado por nuestra salud durante todo este tiempo, y también mucho antes, seguirán en primera línea, durmiendo en habitaciones separadas a las de sus seres queridos por miedo a contagiarles. Ellas seguirán estando en primera línea, con pocos recursos, tras despidos masivos durante la emergencia sanitaria, muchas de ellas contagiadas, con secuelas psicólogicas y estrés postraumático – la mitad de los sanitarios lo sufre, según un estudio de la Universidad Complutense-. No nos olvidemos de ellas.

Muchos menores no tendrán acceso a la educación básica, más del 4­0% no tendría acceso a internet, según datos de una encuesta del secretariado gitano. Además, solo un tercio de los menores participantes en los programas educativos dispone de ordenador y el 30% no puede realizar las tareas o trabajos que les están enviando desde los centros educativos, la mayoría por no tener un equipo adecuado, según denuncian en este mismo informe.

Otros saldrán de casa, pero lo harán para ir a buscar comida a las colas del hambre. Solo en Madrid y en el mes de abril, se atendían 33.514 demandas de ayuda alimentaria, y en Andalucía 380.000. Cientos de miles de familias pasando duras situaciones económicas, que hasta ahora solo han recibido ayuda de la solidaridad vecinal ante el olvido de los servicios sociales de las comunidades autónomas.

Por otra parte, seguimos teniendo el problema de la vivienda. Según datos de Eurofound, el 11% de los españoles no puede pagar su vivienda y el 7% cree que tendrá que dejarla, por el impacto del covid. Durante estos meses, hemos podido ver como muchas personas han tenido que padecer el confinamiento hacinados en pisos o en viviendas en muy precarias condiciones.

Las personas mayores, abandonadas a su suerte en vivencias de soledad no deseada, sin cuidados, falleciendo solos, tal como vimos en la Comunidad de Madrid, donde los bomberos encontraron a 62 ancianos fallecidos en sus casas durante el confinamiento. También quedarán en fase cero todas esas personas mayores que seguirán en residencias con gestión privada, viviendo con miedo a morir desatendidas y abandonadas, como hemos podido ver estos meses.  Y es que lamentablemente, la saturación sanitaria tras años de duros recortes, redujo al mínimo los traslados de las personas mayores con síntomas de coronavirus que enfermaban gravemente en las residencias de Madrid especialmente (seguido de Cataluña).

No podemos olvidarnos tampoco de las mujeres que sufren violencia machista, que tendrán que seguir viviendo con sus parejas sentimentales, muchas de ellas por falta de recursos. Todas las que han estado 24 horas conviviendo con su maltratador machista, debido al encierro forzoso, muchas de ellas sufriendo graves problemas de salud mental.

Me dejo muchos más casos de personas vulnerables y situaciones a las que debemos poner remedio o quedarán una vez más, en el olvido. Ahora que se pasa de fase, algunos nos quedaremos atrás, ya sea por motivos médicos o por vulnerabilidad social o económica.  Cierto es que las medidas del Gobierno ayudarán a aliviar la situación, y no será tan duro como en la época de los cien desahucios diarios, pero no olvidemos que las colas del hambre siguen ahí. Por tanto, creo que este modelo de sociedad ha llegado a su fin, es momento de plantearnos seriamente qué mundo queremos habitar, el covid nos ha puesto en jaque mate y contra las cuerdas para repensar un nuevo sistema que no deje a nadie atrás y que sea más amable y respetuoso con el entorno.