Otras miradas

Después de la tormenta

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió hoy de las consecuencias para la salud mental que está teniendo el coronavirus en el mundo.EFE/ Alejandro García
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió hoy de las consecuencias para la salud mental que está teniendo el coronavirus en el mundo.EFE/ Alejandro García

… no sabemos cuándo llegará la calma.

Hace ya varios meses que comenzó esta tormenta en la que aún seguimos, con apenas algunas treguas y claros. La incertidumbre, el confinamiento, los duelos, el miedo a contraer la enfermedad o las secuelas de haberla contraído, nos están dañando a nivel mental.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió a mediados de mayo del 2020 que la crisis del coronavirus y sus consecuencias afectarían la salud mental de muchas personas. La organización explicó que se podría registrar un aumento de los suicidios y de los trastornos, y pidió a los gobiernos que no dejasen de lado la atención psicológica.

Uno de los factores que más malestar está causando es la incertidumbre en la que vivimos, el no saber cuánto va a durar este temporal. "La posibilidad de frustración siempre ha estado ahí. La enfermedad, la muerte, las catástrofes... pero no las tenemos presentes. Esta situación ha hecho que no nos quede más remedio que hacerlas presentes. Esto afecta a muchos niveles y dispara también muchas vulnerabilidades que ya estaban ahí", explica Marta Fernández de @criapsicologia.

A esta incertidumbre se suman las dificultades económicas de muchas personas que han perdido sus puestos de trabajo. Los confinamientos han repercutido en muchas familias que dependían de la economía sumergida. La pandemia ha provocado que se agraven las desigualdades sociales y la pobreza, dejando a millones de personas en el mundo sin recursos.

El impacto de esta crisis tendrá consecuencias especialmente en los colectivos más vulnerables, como la infancia. "La pandemia va a hacer mucha mella en los niños y esto lo vamos a ir viendo en los próximos años. A niveles tanto de interacción social y afectivo con las demás personas como a nivel psicológico son secuelas que se les podrían quedar", comenta Pablo García, sociólogo. Este es uno de los colectivos más vulnerables y Unicef España ya ha incidido sobre la importancia de adoptar una política nacional de salud mental infantil, además de asegurar la disponibilidad de personal especializado y el aumento de servicios.

Otro de los colectivos más afectados es el de los profesionales que han estado más expuestos al virus, tanto aquellos vinculados al ámbito sanitario como aquellos que han llevado a cabo otras tareas esenciales. Algunos de ellos conviven desde marzo con el miedo de llevar el virus a casa.

En ese sentido, debemos exigir a las instituciones que fomenten inmediatamente los servicios públicos de salud mental. Los sanitarios que aguantaron la primera ola, aun no se han recuperado de lo que vivieron. Muchos de ellos se encuentran dados de baja por las secuelas psicológicas, ¿alguien les está ayudando y haciendo un seguimiento?

Sobre las secuelas que quedarán es un enigma, pero hay algunas claves. "Hay experiencias de aislamientos, pero no de aislamientos tan grandes a nivel poblacional.  Creo que tenemos que poner el foco en los discursos que utilizamos y reforzar los servicios preventivos en términos de salud mental", explica Marta Fernández. "Sobre el vídeo viral de una niña que decía que la mascarilla era mejor que morirse;  una niña no debería estar preocupada por morirse y no deberíamos enviarles al colegio con ese peso, ni hacia ellos mismos ni hacia las personas convivientes en el hogar familiar. Me resulta muy evidente cuando lo veo en una niña, pero esto afecta a toda la población. La responsabilidad individual y social existe, pero estamos lindando en la culpa y eso es peligroso", afirma.

Anabel González, psiquiatra,  ha participado en un grupo de investigación -ISAMEC 19- un trabajo para ver la repercusión de la pandemia a nivel de estrés, ansiedad y depresión. Una de las conclusiones que han sacado es que el nivel de estrés y malestar no están bajando. Lo que entienden es este estudio es que esta situación no está generando una adaptación al ser enormemente cambiante, con mucha confusión.

Hay un poco de luz entre tanta tempestad y verla nos ayuda Anabel González. "Hay varios factores  que pueden hacernos llevar mejor todo esto, por un lado el autocuidado, las personas que se cuidan mejor compensan internamente lo que está pasando a pesar de las dificultades; y por otro cuidarse en las relaciones, reforzando una conexión con los demás". Otro factor tiene que ver con la regulación emocional , tal y como cuenta en su libro  "Lo bueno de tener un mal día", es la forma en la que regulamos las emociones, ya que puede funcionar como un moderador y como un multiplicador de malestar, "de tal forma que si sentimos cualquier tipo de emoción y nos enfadamos por sentirla o tratamos de controlarla, las emociones se complican", explica. "Si conseguimos darnos cuenta de esto que pasa y empezamos a cuidarnos un poco más, compensaremos lo que está ocurriendo. Del mismo modo si cuando nos sentimos mal lo que hacemos con esas emociones es lo que nos ayuda y dejamos de hacer lo que nos perjudica, las emociones y lo que vamos sintiendo, cada vez lo iremos llevando mejor", comenta.

Y mientras esperamos a que escampe, será necesaria una red importante de cuidados, unido a ese autocuidado al que hace mención Anabel. Eso y exigir a las instituciones que se tomen de una vez en serio la salud mental de la población, tan importante en los tiempos que corren...