Otras miradas

Domingo de sol

Estos días pasados podíamos ver como Marcelo, jugador del Real Madrid, aparecía en la playa de Malva-rosa de Valencia, posando con su familia y colgándolo además en las redes sociales. En el Instagram del jugador madridista se puede ver una fotografía de su familia -todos ellos sin mascarilla, incluido el propio Marcelo- en la playa valenciana con el mensaje "Domingo de sol".

La respuesta en redes sociales no se hizo esperar y con razón. Muchos le recriminaban al futbolista haber salido de la Comunidad de Madrid sin una causa justificada. Las infracciones leves, como la de Marcelo y cía, son sancionadas con importes que van de los 60 a los 600 euros y el no llevar la mascarilla serían unos 100 euros de multa.  Sin embargo, me pregunto si alguien con tal número de seguidores y con gran influencia para la sociedad, debe pagar lo mismo que alguien anónimo. No solo eso, sino que las multas deberían ir en aumento según la renta porque para cualquier persona 600 euros es bastante dinero, pero para alguien como Marcelo es calderilla.

Solo hay que tener un poco de memoria para recordar que la Liga De Fútbol ya tenía prioridad frente a la sociedad al principio de la pandemia. Mientras no había test ni PCR para nadie, sí había para los jugadores de la primera división. De hecho, Fali, jugador del Cádiz CF se negó a jugar al considerar injusto este trato de favor y aseguró que no volvería a jugar hasta que no hubiera vacuna para todos y fuera seguro volver a trabajar en el terreno de juego.

Mientras Marcelo y cia posaban en las playas valencianas, la mayor parte de la sociedad, pasaba también un domingo de sol, pero en sus casas o en sus comunidades y con la mascarilla puesta. Meses sin poder salir a ver a familiares, o viajar a otros lugares porque no tenemos el privilegio de poder hacer lo que nos dé la gana. El privilegio de la desigualdad lo compra el dinero y con el dinero uno parece que puede permitirse el lujo de propagar el virus. Lo vimos durante los primeros meses de pandemia, cuando el príncipe Joaquín de Bélgica vino a una fiesta privada en Córdoba, aun habiendo un estado de alarma que no permitía viajeros de otros países. La fiesta terminó con 30 contagiados, el príncipe incluido.

Todo este tipo de conductas irresponsables e insolidarias dan un mensaje muy negativo a la sociedad, que lejos de querer seguir cumpliendo a rajatabla las medidas sanitarias terminan por hartarse y agotarse, trayendo consecuencias muy negativas para la sociedad y la salud pública.

Si algo hemos visto en esta crisis del covid es una vez más, las desigualdades que existen entre las distintas clases sociales, como pudimos observar en la fiesta del periódico El Español, a la que asistieron personalidades de todo tipo: políticos del PP, PSOE y Ciudadanos, grandes empresarios, banqueros, militares, deportistas… varios de ellos sin usar la mascarilla. Unidas Podemos rechazó ir al evento.

Detrás de todas estas conductas hay responsables políticos. Aquellos que hablan de libertad o comunismo, pero se han cebado con los barrios más pobres durante toda la pandemia, decretando muchos más confinamientos perimetrales y reprimiendo la protesta, como pudo verse en el barrio madrileño de Vallecas.

Mientras no podemos salir de la Comunidad de Madrid para ver a nuestros familiares o amigos, y así lo cumplimos estoicamente, somos testigo de como nuestras calles y especialmente nuestros bares (no museos) se llenan de gente que viene de otros países. "España, la fiesta, libertad", dicen los turistas embriagados entrevistados por la prensa televisiva. Entretanto, las UCIS están al límite de su capacidad y nos encontramos en riesgo extremo de transmisión del virus, con un aumento de casos y una inminente cuarta ola.

Y mientras vemos esas imágenes de jolgorio sin medidas de seguridad sanitaria, se tiran puertas abajo, se endurecen las medidas para la ciudadanía poniendo obligatoria la mascarilla en medio del campo o en la playa, en lugar de aumentar el ritmo de vacunación o incrementar el número de trabajadores en la sanidad. La OMS ya ha señalado directamente a los responsables de la Unión Europea por el ritmo lento de vacunación. De hecho, durante estos días de Semana Santa y desde el jueves santo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, mantendrá cerrados los centros de salud, obligando así a los pacientes a desplazarse a más de 50 km para vacunarse en el Zendal. Eso sí, la cervecita fresca que no falte el domingo de sol.