Otras miradas

La izquierda a por uvas

Vista de un recipiente de la vacuna de los laboratorios Pfizer/BioNTech contra la covid-19. EFE/Thais Llorca

¿Dónde está la izquierda cuando hablamos de Covid, es decir, casi todo el tiempo? ¿En qué coño o carajo están pensando? Hablo de la zurda europea y de la española y de la del mundo entero. ¿Por qué no se ocupan de lo obvio? ¿Por qué no hay un clamor? Es que no lo entiendo. ¿Dónde quedó lo de mejorar el mundo? ¿Cómo están perdiendo esta oportunidad enorme?

Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, una líder de un partido de centro –por decir algo–,  como es el partido Demócrata norteamericano, es quien está tirando del carro para que se liberen momentáneamente las patentes de las vacunas y de los tratamientos contra la Covid. El mes pasado escribió una carta que está haciendo a su país reconsiderarlo, aunque solo sea por pura geopolítica.

En la OMC, en la Organización Mundial del Comercio, Sudáfrica e India llevan meses rogándolo y juntando firmas. Ya son más de 100 países, ninguno europeo, los que lo solicitan con una lógica tan global como indiscutible. El mercado no está produciendo las cantidades de vacunas que necesitamos. Hay que producir más y más rápido para salvar vidas y economías. Además, si solo vacunamos en algunos países, el virus seguirá mutando en el resto y convertirá las vacunas en inservibles.

Estados Unidos, gracias a Pelosi y al cambio de gobierno y a sus ganas de volver a competir por la influencia en el mundo con China, estudia cambiar su postura sobre el asunto. Europa a por uvas. España más de lo mismo.

¿Dónde está la izquierda útil? ¿Dónde los líderes que distinguen lo importante de lo superfluo? ¿Dónde está la sociedad civil que empuje? ¿Se nos va la fuerza en cuatro clicks y nos olvidamos? ¿Qué nos pasa que los grandes objetivos se nos deshacen al pronunciarlos, se nos convierten en cantinelas que cantamos sin convicción? ¿Se nos pierden en las redes y en el cerebro?

Este jueves santo Ximo Puig, el presidente socialista de la Generalitat valenciana, sacó el tema en una entrevista en la SER, hablando también de indemnizar a las farmacéuticas afectadas. Llegó a decir "no quiero proponer nada que esté fuera de la lógica de mercado". En Europa, en España, en Estados Unidos y apuesto a que en más de medio mundo hay leyes que dicen que, en caso de emergencia sanitaria, la salud es lo primero pero no se aplican ni en este caso. Es decir: tenemos mecanismos con los que de verdad poner la salud por delante sin romper el juego, pero nadie lo hace.

Y las preguntas surgen en tromba: ¿por qué no hay líderes que lideren esta batalla tan importante como obvia, tan factible como crucial? ¿De verdad tiene que venir Ximo Puig a decir en prime time lo que no le he oído a Pablo Iglesias o a Alberto Garzón, ni a Íñigo Errejón, ni a Ada Colau, ni a Mónica Oltra?

Es cierto que Unidas Podemos firmó la petición de Right2cure, la primera iniciativa ciudadana europea en Salud que exige transparencia y que nadie se lucre con la pandemia. Necesitan un millón de firmas de europeos para que la comisión se lo plantee. Su cuenta en twitter en España tiene en este instante 272 seguidores. La recogida de firmas empezó el 30 de noviembre pasado. Llevan 130.350 recopiladas y se han dado de plazo para conseguir el millón hasta el 1 de mayo de 2022. Mayo de 2022. ¿Se puede dar más por perdida una batalla?

Así que, repito:  no lo entiendo. ¿Por qué la izquierda no está en esta lucha sin parar? ¿Por qué no imponen la cuestión en la agenda informativa a todas horas? Los pocos que lo intentamos en las tertulias somos mirados con condescendencia. Pareciera que hablamos de conseguir la paz mundial o de terminar con el hambre. Esas luchas se convirtieron en melancólicas después de decenas de años de batalla. Ésta, sin embargo, es de ahora y para ahora y puede cambiar cosas para siempre.

Me preocupa, como a tantos, el coctel molotov de los fascistas murcianos. Pero me preocupa y duele más ver cómo la izquierda se pierde en marcar los bandos y en hablar de su ombligo. No necesitamos que nos digan quién es el enemigo;  sí, que inventen maneras de vencerlo.

Y a la sociedad civil también le pregunto:  ¿qué mierda nos pasa? ¿Se nos va la fuerza por el click? Pareciera que consumimos grandes objetivos, como consumimos lo demás: intensamente y rápido, de usar y tirar. Mucho lema y poco compromiso. ¿Así conseguiremos algo? ¿Se nos olvidó cómo se consiguieron las conquistas sociales?  ¿Estamos también perdidos? Centrémonos, aunque suene paradójico,  para seguir siendo de izquierdas y no solo de un bando. Si perdemos las oportunidades de cambiar cosas dejaremos de tener sentido.