Otras miradas

Cómo hacemos invisible la pobreza

Teresa Zamanillo Peral

Catedrática Emérita de Trabajo Social con grupos. Facultad de Trabajo Social de la UCM

Una persona pide en la calle. — EFE
Una persona pide en la calle. — EFE

¿Por qué no se conocen los Servicios Sociales en España mientras que los de Salud ocupan un lugar central entre la población? En este artículo intentaremos hacer algunas interpretaciones para conocer las razones de esta ignorancia, así como insistir en que la salud y el bienestar social están indisolublemente unidos. El fundamento de esta afirmación es que no tendremos nunca una buena salud si nuestras condiciones de  vida son precarias. He aquí un dilema existencial.

Pero antes de seguir con esta importante pregunta hemos de definir qué son los Servicios Sociales. De una manera general, podemos decir que son el conjunto de servicios y actuaciones orientados a mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía, por medio de distintas prestaciones tales como las siguientes: información, atención, orientación, apoyo y acompañamiento a las personas, familias y grupos de población que se encuentran en entornos de fragilidad o inestabilidad social, económica o psicológica debido a diferentes circunstancias temporales o de larga duración (entre otros podemos señalar los siguientes: desde orientación a residencia de mayores, hasta problemas de menores en riesgo, crisis familiares, maltrato a la mujer o exclusión social grave).​

Mas, no se trata solo de un dilema existencial sino también estructural, puesto que han de resolverse graves problemas sociales que antes se pensaba que concernían solo a la Caridad, a la Beneficencia, o a la Asistencia Social. En la Transición se intentó dejar atrás la protección solamente asistencial que constituía la ayuda a los pobres, al crear el sistema de Servicios Sociales. Pero jamás se llegó a reafirmar como sistema y hoy está más debilitado que nunca, de tal forma que subsiste en paralelo con la Asistencia Social y la Caridad.

Por eso, como trabajadores sociales, pensamos que el sistema debe ser reeditado con una nueva legislación y normativa, así como con innovadoras técnicas de trabajo con la población. Con un sistema de Servicios Sociales definido y dotado con una garantía de ingresos mínimos,  por ejemplo como la Renta Básica Universal, las personas podrán optimizar sus condiciones de vida y se podrá ofrecer a las  familias y a sus hijos las oportunidades vitales necesarias para caminar hacia la mejora de sus trayectorias de vida. Es necesario crear  condiciones sociales que se sustenten en el apoyo técnico y profesional al desarrollo de las capacidades intelectuales, emocionales y técnicas que garanticen su futuro y les permitan hacer proyectos personales. Recordemos que las oportunidades vitales tienen dos pilares básicos, según Dahrendorf, opciones y vínculos. Estos son los planteamientos, entre otros, que han dado sentido, tanto teórica como prácticamente, a la acción social de los Servicios Sociales.

En este punto, ya podemos adelantar que los servicios sociales no se dedican solo a administrar recursos económicos entre la población pobre, como suele creerse. Por eso, que las clases acomodadas los ignoren tiene su explicación porque no los necesitan en general y, además, si tuvieran que utilizarlos, lo vivirían como algo  humillante. Eso es cosa de otros. Es un hecho que a la salud se le puede poner remedio con las aseguradoras privadas; mas, a la enfermedad social no. Incluso entre los grupos de izquierda ha sido frecuente pensar en términos filantropico-asistenciales que en unos Servicios Sociales como derechos subjetivos.

La pobreza extrema, la exclusión social, las dificultades en la educación de las familias pobres que no pueden aspirar a la movilidad social y al ascenso de sus hijos con una educación igualitaria, la falta de energía eléctrica, la falta de vivienda, el desempleo, la desigualdad, la discriminación, el racismo, la xenofobia, la gestión de la diversidad cultural, el reto climático, etcétera, son todos problemas que engloban "la cuestión social" de la que ya no se habla pero que está a la vista de todo el mundo, aunque permanecemos ciegos a estos graves problemas.

Hoy apenas hay compromiso con el cambio estructural de las horribles condiciones en que viven tantas familias, ni tan siquiera con la reforma social. Faltan principios y organización racional que traten de "no dejar a nadie fuera", frase repetida hasta la saciedad en la que ya no se cree. Que se lo pregunten a los que dependen de ayudas sociales o a las familias que han sufrido pérdidas de seres queridos. Y no digamos si se les pregunta a los que han pedido la "gran solución del Ingreso mínimo vital". Sospechamos si es que nos encontramos entre las fronteras del darwinismo social.

Vivimos en una sociedad cada vez más y más fragmentada, hecho que favorece la ceguera porque lo que no es mío yo no puedo hacer nada por solucionarlo. Es competencia del Estado. Y sí, claro que lo es, pero no parece que los gobernantes hayan estado hasta ahora por la labor de comprometerse con la "Cuestión social". Se puede pensar que las clases más acaudaladas, los políticos y todos aquellos que tienen poder de decisión no se dan cuenta todavía de que la pobreza es generadora de desorden y caos y cuando esta afecta a amplias capas de la población el sistema puede ser reprobado de muy diversas formas. La peor ya la conocemos, girar hacia los populismos de la ultraderecha.

La desconfianza hacia las instituciones, como paso previo a su deslegitimización es manifiesta aunque no dispongamos de datos que lo confirmen. En realidad el sistema político ya está cada vez más desacreditado y es más impopular. Y, en relación con los Servicios Sociales, podemos decir que se está quebrando poco a poco la escasa tutela de protección social que ha existido en España, siendo complementada cada vez más por el llamado Tercer Sector.

Si en 1997 Robert Castel hablaba de la "nueva pobreza", "esa indigencia" o "pauperismo", como la condición obligada de una gran parte de los miembros de la sociedad, hoy esa población, después de las crisis de 2008 y la pandemia, se ha extendido de tal forma que debemos reeditar "la nueva cuestión social" con urgencia. Y si Castel entonces ya avisaba de la amenaza que suponía al orden político y social, hoy, ante la presión de la pobreza, se debería abrir los ojos sin más con urgencia. Por eso no podemos comprender la ceguera política, puesto que  estamos en un momento de la historia verdaderamente peligroso.

La pregunta del principio sigue en pie. ¿Por qué no se conocen los Servicios Sociales de Atención Primaria? Una respuesta inmediata es porque a esos servicios hasta ahora solo se acercaban las personas y familias que no tenían recursos económicos (sobre todo desde los últimos quince años más o menos). Además, este sistema de protección no se ha dado a conocer, solo llegan a sus puertas las personas que lo necesitan y que están en la misma situación de carencia. Y como colofón a lo señalado, los Servicios Sociales, como dice Pedro Celiméndez, valen lo mismo para un roto que para un descosido. Son muchas las representaciones mentales que llevan a la confusión de la población y que dificultan el conocimiento de qué son los Servicios Sociales.

Y, ¿por qué se ha estrechado el campo de su actuación habiendo abarcado siempre una gran variedad de problemas y situaciones sociales de malestar psicológico y social que han necesitado una intervención social experta?

El malestar social que causa la insuficiencia de recursos y de oportunidades de educación, de trabajo, de participación en la vida social, etcétera, se reúne históricamente en el concepto de necesidades sociales. Podemos diferenciar necesidades materiales (por ejemplo, la  carencia de vivienda o la imposibilidad de pagarla, el paro, etcétera) e inmateriales. Las primeras se identifican por la carencia de recursos, pero las segundas tienen un grado de complejidad muy alto. Mas para la intervención profesional tanto de unas como otras se requiere una atención experta.

Nos referimos a la soledad de los ancianos, a los jóvenes atrapados en la droga, a las crisis de identidad sexual, a la carencia de vínculos sociales de soporte emocional, a los conflictos familiares, a la violencia machista o a la violencia de los hijos hacia sus padres, a las minorías étnicas e inmigración, etcétera. Toda esta relación de problemas sociales no es diferente de los que hace tiempo se describían como la particularidad de la intervención del Trabajo Social y que fue lo que la distinguía de otras profesiones. Una de las autoras clásicas, como Grace Longwell (1971) hacía una relación de los problemas sociales que atendían las trabajadoras sociales diciendo que las causas de los problemas sociales son, entre otras, las situaciones sociales derivadas de conflictos familiares, los emigrantes no familiarizados con las exigencias de la vida urbana, las necesidades de los ancianos sin amigos y familiares, la adopción de niños, etcétera. Son, dice, casos que forman parte de un todo-asistencia a personas para crear, mantener y enriquecer aquellas relaciones sociales básicas de las que depende la seguridad y la felicidad de los individuos.

En España son los Servicios Sociales de Atención Primaria como se les denomina a los servicios municipales, ubicados en diferentes centros a lo largo y ancho de las poblaciones, según su distrito, al igual que los Centros de Salud, los que dedican su atención a los problemas y a las necesidades sociales que causan malestar psicológico y social en los individuos, los grupos o las comunidades. En ellos realizan su labor varios profesionales tales como: trabajadores sociales, psicólogos, educadores sociales y administrativos. En este artículo nos centraremos en la profesión de Trabajo Social por ser fundamental en el equipo. Y también porque hemos de advertir que hay bastantes diferencias en la intervención social entre unas autonomías y otras, por lo que las interpretaciones que se vierten en él tienen su referencia en Madrid.

El trabajo social en los centros municipales es la puerta de entrada por la que se procede al estudio de la situación-problema. Son los profesionales del Trabajo social los encargados de elaborar un proyecto de intervención, en el que pueden participar otros profesionales de manera interprofesional (educadores, psicólogos, mediadores) dependiendo del programa o servicio especializado al que se derive la situación: educación familiar, Centros de Atención a la infancia, Servicio de atención jurídica, terapia familiar, etc.  En el diseño de intervención y como parte de ella, se puede llevar a cabo la coordinación con otros servicios, tales como, salud, educación, salud mental, ONGs, etc. En cualquier caso, el seguimiento se hace de manera coordinada entre los profesionales a falta de un sistema organizado de coordinación.

Mas en este momento, el predominio de las situaciones de carencia de recursos económicos derivadas de la crisis de 2008 y de la actual pandemia ocupa la atención en su mayor parte de las demandas que se reciben en los Servicios Sociales. Pero esta deriva simplificadora que ha estrechado el marco de la intervención del Trabajo Social no es tan reciente. Muchas trabajadoras sociales consideran que la reducción al mínimo común denominador, la demanda de recursos económicos, comenzó aproximadamente cuando se les encargó la gestión del Ingreso Mínimo de Inserción (IMI), sin una estructura adecuada y sin que llegase nunca a ser un derecho subjetivo. Esta prestación que, posteriormente se denominó rentas mínimas, junto con las ayudas de emergencia social, sujetas a la legislación que regula las subvenciones, han contribuido a la burocratización del Trabajo Social cada vez más alejado de sus verdaderas funciones. Esto ha hecho que haya aumentado el malestar de los profesionales.

En efecto, si en el ejercicio de su profesión las trabajadoras sociales se ven reducidas a ser meras expendedoras de recursos y los casos más propios del Trabajo Social se derivan a otras entidades, el malestar de las profesionales se está extendiendo de una manera preocupante. Es así como la Atención Primaria está dedicada a las poblaciones más pobres, de forma que los servicios especializados y el Tercer Sector atienden los casos antes señalados como los más específicos del Trabajo Social. Por otro lado, la intervención grupal y comunitaria no está apenas generalizada en los servicios municipales y algo más en el Tercer Sector. Así pues, servicios municipales, servicios especializados y tercer sector son tres escenarios que colaboran entre sí voluntariamente ya que no hay una estructura institucional que garantice la coordinación que los integre.

Finalmente, se ha de destacar el mandato político que hace que las trabajadoras sociales de los servicios municipales dediquen más esfuerzos a las funciones de contención y control que a las intervenciones propias de la profesión. Según testimonio de los profesionales, se requieren certificados continuos que tienen una única función de control. Algunos ejemplos relativos a Madrid, son, entre otros, los siguientes:

- Informe social para el bono social para el descuento de la factura de la electricidad. Este requiere dos informes, uno para  acreditar circunstancias especiales, tales como discapacidad, violencia de género, víctima del terrorismo, dependencia y familia monoparental; más otro, para acreditar ser consumidor en riesgo de exclusión social.

- Informe social para el agua: "bono social para el agua del Canal de Isabel II". Se pide que se acredite por medio de un informe no poder hacer el pago del agua por "exención social"

- Informe social para abrir una "cuentas básicas gratuitas bancarias".

- Informe social para acreditar la situación de vulnerabilidad en los desahucios.

- Informe social para búsqueda de empleo. Este lo piden las empresas, instituciones u organismos que requieren la acreditación de exclusión social.

-Informe social de excepcionalidad para Renta Mínima de Inserción (RMI), si no se cumple con determinados requisitos, tales como ser menor de 25 años, mayor de 65, o estar en situación de grave exclusión social y extrema necesidad.

- Informe social para acreditar precio reducido de comedor para familias en situación irregular o sin nómina.

- Informe social para el empadronamiento en un domicilio ficticio para personas sin hogar.

Hasta el punto de que el Ingreso Mínimo Vital (IMV) contempla siete situaciones en las que se requiere informe social.

Para terminar, solo una pregunta: ¿Se debe cargar con esta burocracia a una profesión tan esencial hoy en día, dada la magnitud que han adquirido los problemas sociales en la modernidad? Pensamos, además, que todos estos informes contribuyen a estigmatizar, cosificar y cronificar a las personas que viven en una situación de pobreza que no ha sido elegida. Es así como nos hemos convertido en una profesión de control y de contención de las clases más desfavorecidas. Nos encontramos en una situación similar a la del Siglo XIX en la que muchos escritores, analistas, sociólogos y trabajadoras sociales alzaron sus voces denunciando las pésimas condiciones en las que vivían las familias pobres. Frente a estas voces, había otras posturas conservadoras que ponían el acento en la culpa que tenían las personas sin trabajo y sin medios para sostener a sus familias. Ya se sabe que se le acusaba de vagos y maleantes. Entonces…

¿El darwinismo social ha vuelto para quedarse?