Otras miradas

El "Toma Moreno" de José Luis Moreno

Captura de una señal de vídeo que muestra al productor José Luis Moreno a su salida de la sede de la Audiencia Nacional.- EFE TV

Hace décadas que escucho historias para no dormir sobre José Luis Moreno. A los que llevamos ya tiempo en la profesión o cerca, nos han ido contando que dejaba de pagar parte a muchos de sus trabajadores, que generaba infiernos laborales para sus empleados y que recibía en albornoz en su casa a los aspirantes a sus castings, entre otras cosas más difíciles de contar sin ser testigo directo.

Sin embargo, nada de eso le llevó a ninguna cita seria con la Justicia hasta que se puso a estafar a los bancos. Fue una denuncia de Abanca la que dio lugar a la investigación de más de dos años que ha terminado con su detención. Al pensarlo no puedo evitar la sonrisa cínica que se me pinta en la cara y en esta tinta, aunque sea digital y pixelada. Y es que con su caso se vuelve a demostrar que estafar a los pobres sale barato, aunque a quien lo dice le llamen demagogo.

Confirmando este hecho, pagará para salir de prisión bajo fianza los tres millones de euros que no tenía para saldar su deuda con hacienda y con la Seguridad Social y que hace años que no paga. ¿Por qué los mortales no podemos dejar de pagar nada mientras los divinos, los que tienen más que la media, viven con otras reglas, en otro mundo? ¿Cómo se siguen justificando estas diferencias en las presuntas democracias del mundo?

Más allá de las preguntas retóricas lo cierto es que solo le denunciaron unos pocos trabajadores valientes –muchos famosos–, capaces de aguantar el tiempo, el dinero y el riesgo que supone llamar a las puertas de una Justicia demasiado lenta y cara como para ser para todos. Además, a los pobres freelance o a los freelance pobres siempre nos han dado miedo las listas negras empresariales: que una empresa no quiera contratarte porque te atreviste a denunciar a otra.

Dicen fuentes de la investigación que hay bancarios detenidos e implicados, otros empresarios, algún policía y recuerdan que, según los papeles de Bárcenas, puso 60.000 euros en la caja B del partido que le dio programas de televisión española que le hicieron millonario. Todo súper presunto y todo oliendo a la misma corrupción profunda: a inspecciones que no inspeccionan, a policías que no investigan, a partidos que venden favores.

Esta semana he vuelto a ver en Twitter y en todas partes a compañeros lamentarse de cómo vieron visitar los platós de Aquí no hay quien viva a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, y a toda la plana mayor del PP, mientras aquel señor Moreno allí mismo les explotaba. ¿Cómo denunciar al amigo del Presidente?; debían pensar aquellos trabajadores mientras imaginaban al jefe haciéndoles el famoso gesto de su muñeco–cuervo (Rockefeller). ¿Cómo confiar en las instituciones cuando alguien así tarda tantos años en acabar ante la Justicia?; pienso yo ahora mientras le imagino haciendo lo mismo.

Con lo que tal vez no cuenta el sistema es con que la impunidad envalentona a los abusadores. Es decir, que, si no se les paran los pies, cada vez apuntan más alto y resulta que Moreno tenía una caja acorazada llena de cintas de vídeo. Supongo que en estos momentos algunos estarán asustados por a quién podrá salpicar ahora que va a caer por algo gordo. Cuidado con los "Toma Moreno" –y me vuelve la sonrisa cínica–, los carga el diablo.