Otras miradas

"Como fuera de casa, en ningún sitio"

Escena de la película de Manolito Gafotas con Antonio Gamero.

No se me ocurre mejor forma para empezar esta serie de artículos de verano aquí en Público que esta famosa frase. Una frase atribuida al mítico Azcona, pero que en realidad es de unos de los grandes actores secundarios de nuestro país: Antonio Gamero, aunque confesaba que él la decía de una forma mucho más castiza: "Como fuera de casa no se está en ningún lao".

Todos hemos intentado olvidar estos meses de encierro y hemos roto a salir de casa, asociada durante este último año al confinamiento y a un año duro de pérdidas de todo tipo, vitales, familiares, económicas, incluso mentales. En este invierno de nuestro descontento íbamos a salir mejores y muchas veces hemos acabado conociendo lo peor de nosotros mismos y de los demás, y claro, ahora con el buen tiempo y las vacaciones sólo buscamos repetir un verano como los de antes de la pandemia, cuando todo era mejor.

Es normal que cuando el presente y el futuro se presentan con incertidumbre y amargura, nos refugiemos en un pasado edulcorado. Está resurgiendo una nostalgia por una infancia feliz, un pasado idílico con seguridad y en un país de orden, el YofuiaEGBeismo se ha puesto de moda.

En estos tiempos en los que se endulza el pasado, en los que se equipara a vencedores y vencidos, a verdugos y ejecutados, muchos aún tirados todavía en una cuneta, creo que es de justicia reivindicar la memoria más que la nostalgia.

Pero igual no tenemos que recordar más, tenemos que recordar mejor. Sólo tenemos que irnos unos meses, unas semanas atrás y recordar, recordar y reivindicar a todos esos actores "secundarios" que nos han hecho sonreír en algún momento, o que nos han hecho la vida más fácil este año tan jodido.

Recordar a unos secundarios que, cuando peor estaban las cosas, se convirtieron en protagonistas, que se dejaron la vida, en muchos casos literalmente, para que pudiéramos salir adelante: cajeros de supermercado, personal sanitario, de enseñanza, de limpieza, transportistas…a los que aplaudimos en los balcones y ahora aplaudimos en la cara, finiquitados cuando pensamos que ya no nos hacen falta para seguir con nuestras vidas.

Pero lo bueno del verano es no hacer planes, que todo cambia, no tenemos ruta ni horarios; pensaba escribir esta columna sobre la memoria histórica y la nostalgia, pero lo voy a dejar aquí, con una reflexión del siempre certero Bob Pop: "La nostalgia es reaccionaria. Chimpún".

(Y si no habéis visto su serie Maricón Perdido, corred insensatos, ahí está maravillosamente contado e imaginado todo lo que tenéis que saber sobre nuestro pasado reciente y la memoria, sin edulcorantes.)

Yo lo que quiero es hablaros de Antonio Gamero.

Porque Gamero es de ese tipo de personas que se merece siempre un recuerdo, por su trayectoria artística, sí, con más de 200 películas como actor secundario en su larga carrera, pero también, y sobre todo, por su trayectoria vital y política.

Su vida es una fuente inagotable de anécdotas, como cuando a los 14 años, siendo estudiante en los Maristas, fue expulsado de un confesionario por confesar que era ateo.

Pero Antonio además tenía un gran compromiso antifranquista.

Fue comunista ¡en España, en los años 50!, ya lo decía él: "El comunismo me hizo persona". Por supuesto, fue detenido.

Pasó por los calabozos de la antigua Dirección General de Seguridad, en la puerta del Sol, irónicamente, la actual sede de "La Libertad", de la Comunidad de Madrid de Isabel Díaz Ayuso.

En esos tristemente famosos calabozos le dieron tal paliza que le rompieron los tímpanos y tuvo que llevar audífonos toda su vida.

Unos audífonos que a veces usaba como excusa cuando no quería charlar o escuchar algo; seguramente es lo que hubiera hecho para no tener que oír a un descendiente político de sus perseguidores decir en el Congreso que "la Guerra Civil fue un enfrentamiento entre quienes querían la democracia sin ley y quienes querían la ley sin democracia".

Gamero, por supuesto, fue condenado por asociación ilícita y propaganda ilegal y acabó en la cárcel de Carabanchel, y como a veces el karma es maravilloso, sería ese mismo Carabanchel (Alto) el barrio donde vivía Manolito Gafotas, su nieto en la ficción, uno de sus últimos papeles y el que más fama le reportó.

Pero a mí me gustaría recordarle por su ingenio, que estoy seguro que de haber nacido unas décadas después le hubiera convertido en una estrella de Twitter con frases tan brillantes como: "De la familia, la sagrada, y ésa, ni en el comedor, colgada" o ésta otra que, si me permitís, me sirve de despedida y de consejo vital:

"No le cuente usted sus penas a sus amigos; que les divierta su puta madre".