Otras miradas

Tres políticas de hoy

De izquierda a derecha: Mónica García (Más Madrid), Díaz Ayuso (PP) y Rocío Monasterio- Imágenes tomadas de EFE

El empoderamiento de la señora Díaz Ayuso nos atrae, nos extraña, nos enfurece por ser capaz en pocos años de sentirse más poderosa que el decano de la facultad de Información y Comunicación, que el rector de la Complutense, que el presidente del Gobierno, que el parlamento que legisla, que los jueces que no saben lo que hacen y del señor Rey de España que no se paró a replicarle a pesar de que lo ha infravalorado más que todos los catalanes gritando y todos los vascos callando.

El atrevimiento de esta mujer no tiene límites, el viernes 18 de junio, afirmó con fuerza que el "Gobierno se sostiene por la propaganda y la mentira". Hay que tener valor para decir eso de los otros, cuando esa señora pertenece a un partido que están juzgando actualmente por sus años infestos. Habla con una seguridad de su España, y lo que hay que hacer con ella, como si le perteneciese y todos pensáramos lo mismo. Considera que los que le escuchan y no le siguen son, como mínimo, unos borregos. El Rey, ¿qué piensa hacer este señor?,  ¿hará las maletas?, ¿dará un esperado golpe y la pondrá a ella como primera gestora? ¿Cómo se le habrá ocurrido ir a saludar a los catalanes cuando tendría que estar desenvainando  la espada y preparando las pistolas para ponerlos de rodillas?.

Las novedades que aporta Doña Díaz Ayuso todavía no las hemos olvidado los viejos, el "mando y ordeno" del dictador, a quien no le importan sus ciudadanos sino el poder, pero el poder por la fuerza si hiciese falta. Doña Ayuso es muy rancia con su retórica. No tiene ideales que valgan la pena. Si usted arrastra cientos, miles y millones de personas sólo con "libertad del canto y la bebida" en el siglo XXI eso es peor que "pan y circo".

Doña Ayuso, usted es licenciada y doctora en Ciencias de la Información, o sea en Periodismo. Usted debía de saber diferenciar muy bien lo que es información y lo que es propaganda. Sencillamente le recuerdo, la información argumenta y examina para decir la verdad, la propaganda se basa en eslóganes muy sencillos que avivan los sentimientos y provocan la violencia, si se programa.

Hay otra política que destaca por sus frases y opiniones, que lanza contra alguien y no rectifica. En el mismo día la portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio, acusó al diputado de Unidas Podemos, Serigne Mbayé, del Sindicato de Manteros de Madrid y activistas por los derechos de los migrantes, de entrar a España "de forma ilegal" y de "lucrarse" vendiendo "a las puertas de los comercios".

Estamos volviendo a las clases sociales. Los que se hacen ricos y muy ricos falseando títulos, o cobrando del partido o del Estado, y los que sobrevivieron vendiendo pañuelos o llevando el carrito de la compra de la señora hasta su portal.  Si Mbayé robó a España por conseguir unos euros para él y su familia, ¿qué hay que hacer con los países europeos que esquilmaron a África robando en las minas, en la madera, en las plantaciones, y lo que es peor, vendiendo a los negros? Además, como negros, señora Monasterio, tenemos en España muchos niños adoptados procedentes de África que son, hoy, hijos de familiares o de amigas.  Si una diputada o diputado no sabe valorar los hechos y desconoce la historia de los países está mejor callada.

Por último, tenemos el descubrimiento de Mónica García, la portavoz de Más Madrid. La prensa dice de ella que se ha reivindicado este viernes como líder de la oposición, quizá por su fuerza de replicar durante el debate de investidura a Isabel Díaz Ayuso, a quien apercibió con mantener "una oposición férrea a su gobierno". "Me imagino que se habrá fijado, pero a partir de hoy me siento delante de usted. Lamento decirle que a partir de ahora va a tener el aliento de mi boca mustia, como usted la definió, un poquito más cerca…  Su Gobierno está apoyado por la extrema mala gente a la que no sabemos qué le ha dejado a deber pero sí sabemos que el precio lo pagamos los y las madrileñas con nuestros derechos", afirmó.

Mónica García, además, le auguró un gobierno "tan corto como infructuoso...". "Su currículum lo avala: tiene a sus espaldas más elecciones que leyes, y la Comunidad de Madrid lleva más de 530 días sin presupuestos... Quiero terminar lanzando un mensaje de esperanza a los madrileños y madrileñas. Hoy recojo el testigo de la oposición y voy a dar lo mejor de mí. Lo hice en la marea blanca, en la UCI de mi hospital, en las pasadas elecciones y lo voy a volver a hacer durante los próximos dos años. Voy a poner alma, corazón y cerebro para que la alternativa decente, verde y feminista llegue a Madrid en 2003", prosiguió.

Así habla una mujer que se dedica a salvar vidas como médica especializada en  anestesiología, doctorada en Gestión Clínica y con tres hijos. Su objetivo a corto plazo es llegar a presidir la Comunidad de Madrid, expresado por primera vez en marzo de este año en el contexto de las elecciones. Mónica atrajo la atención cuando se expresó con bravura la siguiente expresión: "Las mujeres estamos cansadas de hacer el trabajo sucio para que en los momentos históricos nos pidan que nos apartemos... La ciudadanía madrileña no necesita ni más frivolidad, ni más espectáculo ni más testosterona".

En este nuevo siglo el papel de la mujer  se está reafirmando. El futuro puede ser de las mujeres progresistas que desarrollan  métodos y marcan valores nuevos. Aquellas que no intentan repetir  lo de sus predecesores que tuvieron poder, pero no razón, porque no estaban para mejorar al pueblo, sino para imponer unos ideales  que lo aherrojaba y limitaba, en el que la mujer era menospreciada y dirigida por el varón. Esas mujeres rompedoras destacan hoy en el centro izquierda y en la izquierda, las encontramos como ministras en el Gobierno actual , como responsables de partidos, en la oposición a otros gobiernos nacionales y en programas  de investigación a cualquier nivel. Puede que sean ellas las que transformen esta España ancestral, de malas costumbres en niveles importantes, de falta de claridad, de defenderse con la mentira y viejas argucias, en una España transparente y humanista, asentada en la verdad.