Otras miradas

Conferencia de presidentes autonómicos, póngame dos

Foto de familia de los asistentes a la XXI Conferencia de Presidentes, realizada frente a la puerta barroca de acceso al Monasterio de Yuso de San Millán de la Cogolla, La Rioja, en julio de 2020. E.P./Alberto Ruiz
Foto de familia de los asistentes a la XXI Conferencia de Presidentes, realizada frente a la puerta barroca de acceso al Monasterio de Yuso de San Millán de la Cogolla, La Rioja, en julio de 2020. E.P./Alberto Ruiz 31 JULIO 2020

Hay que ver el lío que se ha montado por la Conferencia de presidentes autonómicos que se celebrará mañana en Salamanca. El tamaño del guirigay porque los líderes de nuestras instituciones se junten es la prueba irrefutable de lo necesarias que son estas convocatorias.ç

La Razón, que no es sospechosa de apoyar al Gobierno, dice que Pedro Sánchez quiere empezar a convocar dos al año y, lo que a ellos les parece mal, a mí me parece muy buena noticia.

Si empezamos a normalizar estos encuentros es probable que cada vez salgan mejor y empiecen a tener sentido más allá de la concordia y las fotos que, dicho sea de paso, tampoco nos vienen mal para paliar los últimos lamentables lanzamientos políticos de unos pueblos contra otros.

Para descalificar la convocatoria se enarbola el desplante del presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, que ha anunciado que faltará a la cita. Se dice, se comenta, se subraya en las tertulias que "no sirve de nada juntarse si no va el más importante". Así tal cual me lo han dicho. "No, hombre" respondí, "importantes todos; mejor ir cuantos más mejor para arrastrar al resto a la siguiente". Se olvidan de mencionar los que señalan su ausencia que, sin embargo, ayer en el Consejo de Política Fiscal y Financiera (en el que se reúnen con la ministra de Hacienda todos los consejeros de Economía) sí que estuvo el consejero catalán después de cinco años de ausencia. "El deshielo no se hace en un día", concluí. "Es que va al Consejo fiscal a sacar tajada", me respondieron. "¿Y a qué van todos los demás?" pregunté y la cuestión levitó unos instantes en un pequeño silencio. "¿Mejor que vaya o que no?", seguí apretando el mismo argumento. Nadie respondió; será que es difícil afirmar en voz alta que cuanto peor mejor. A Rajoy intentarlo se le convirtió en meme eterno.

Por otra parte, Urkullu, el presidente vasco, al final ha decidido que irá, aunque estuvo jugando al despiste hasta sacarle jugo previo. Para argumentar mejor su hipotética ausencia, el vasco se molestó en estudiar el historial de estas reuniones y sus logros o más bien no tanto. Su protesta pasaba por ese histórico y porque en los últimos años no se han hecho reuniones preparatorias para fijar un orden del día para estas citas, como marca el reglamento. Además, insinuaba que hay cosas pendientes entre el Gobierno central y el suyo. Finalmente, por arte de magia o no tanto, más bien por arte del infalible pragmatismo peneuvista, el presidente vasco logró una reunión de la comisión mixta del concierto vasco para hoy mismo, un día antes de la cita salmantina y confirmó su asistencia. Aun así, más allá de la extraordinaria capacidad de negociación de este partido, Urkullu tenía razón y no deberían organizarse reuniones de tal nivel sin marcar agenda concreta y objetivos tan importantes como realistas.

A eso se ha agarrado Ayuso, la presidenta de Madrid, para afirmar que sin ese orden del día no acudirá a la siguiente.

Lambán, el aragonés, ha declarado que la ausencia del presidente de la Generalitat es "una falta de respeto". Guillermo Fernández Vara, el extremeño, que "él se lo pierde" y que mejor que cada uno se dejé el carné de su partido en su pueblo.

Emiliano García Page, el castellanomachego, ha señalado que hay que aclarar lo que sí y lo que no es una conferencia de presidentes.

Alberto Núñez Feijoo, el gallego, que "no es una conferencia de presidentes", que será "un formato informal en el que el presidente nos cuenta algunas cosas", coincidiendo con el resto de presidentes populares que critican la falta de contenido y de negociación del encuentro.

Y mientras cada uno dice y pelea la suya, yo sigo pensando que dos conferencias de presidentes autonómicos al año mejor que una porque: ¿y si todos tuvieran algo de razón? ¿y si los animamos a reunirse cada vez más para ir mejorando la fórmula, aunque sea entre una jauría de declaraciones cruzadas? ¿No es la única manera de avanzar en tantísimos acuerdos pendientes? ¿Cuándo se vaya apagando el ruido, por cansino, no llegará el momento de las nueces?

Señores y señoras, que llevamos con la financiación autonómica caducada desde 2014. Ensayen maneras de llegar a acuerdos.  Hagan política. Ya no pueden seguir retrasando las negociaciones difíciles. Llevan ustedes demasiados melones de retraso y algunos empiezan a oler a podrido, a antipolítica.