Otras miradas

Nadie dijo que fuera fácil

Rocío Carrasco y su abogado, tras el juicio por la demanda civil interpuesta por Antonio David Flores por impago de la pensión de sus hijos, el pasado abril. E.P./José Ramón Hernando
Rocío Carrasco y su abogado, tras el juicio por la demanda civil interpuesta por Antonio David Flores por impago de la pensión de sus hijos, el pasado abril. E.P./José Ramón Hernando ROCIO CARRASCO;JUZGADOS;JUICIO;PENSION;MANUTENCION;ANTONIO DAVID FLORES;30 ABRIL 2021
José Ramón Hernando / Europa Press
(Foto de ARCHIVO)
30/4/2021

Desde que ocurrió la entrevista con Olga Moreno, he recibido todo tipo de mensajes. Algunos con su "te lo dije", cuando ni trabajan en prensa y no saben esto ni de qué va, y otros que dicen públicamente "qué vergüenza Telecinco" mientras sé, por detrás, que intentaban sentarse en el plató de la cadena cada miércoles.

Enfrentar a Carrasco y a Moreno no es nuevo. Ocurrió con Antonia Dell’Atte y Ana Obregón. Yo he visto llevar un día una entrevista a Juana Rivas y luego a Francesco Arcuri, con una sentencia previa de maltrato. Yo he visto en Antena 3 decir que los de Stop Feminazis eran defensores de la "igualdad". He visto llamar mala madre a Rivas en un plató o que la víctima de La Manada era una golfa (cuanto menos) y luego hacer un programa de "Tolerancia Cero" contra el maltrato.

Las mismas contradicciones las he escuchado en radio y las he visto en prensa. Una noticia donde informaban bien de un asesinato machista y, luego, una columna de opinión poniendo verde a una víctima o a las feministas. Lo he visto en editoriales que publican libros feministas y a la vez libros de youtubers machistas Quitémonos la venda de los ojos y reconozcamos todos los errores. Yo estoy harta de verlos aunque nadie hable de los demás. El machismo en los medios no es un caso aislado, es sistémico también.

Los medios de comunicación son machistas, no son salvadores. No espero nada. Pero la única manera de cambiar algo de este relato es entrando las feministas, aún sabiendo que no será fácil. No me vengáis con el "yo ya lo sabía" porque quienes trabajamos en los medios no somos imbéciles ni novatas, pero no por ello dejamos ese espacio para que lo ocupen voces machistas al completo.

Decid lo que queráis, pero las llamadas al 016 y la concienciación de parte de la sociedad ha sido por Rocío Carrasco. Hicimos el trabajo lo mejor que pudimos. Con total libertad, pudimos decir que la violencia de género existe o que los machistas no son enfermos. Eso frente a la mayor corriente negacionista que vivimos.

Poner esa nueva mirada ha sido un triunfo y esos cuatro meses no nos los quita nadie. Ni ahí ni cuando voy a TVE, ni cuando cada una de nosotras pisamos un medio de comunicación. Nos iremos y el medio seguirá a lo suyo, pero haremos nuestro trabajo. La muestra de que avanzamos fue que aquel día de Supervivientes, a pesar de lo malo, las personas identificaban lo que estaban viendo. Nadie les tomaba el pelo.

Ya dije en una entrevista en Buenismo bien que yo no sabía qué harían los grandes empresarios de la cadena, pero sí lo que harían algunas personas dentro de las redacciones. Yo he visto compañeros que decían que no tratarían esto como un asunto de hombre/mujer y ahora hacen cursos de cómo informar sobre violencia de género, o que compañeras de informativos me consulten. Los pasos son así, pequeños y desde dentro. Aunque la mayoría no los vea porque no han trabajado allí.

Que nadie se lleve a engaño. ¿Por qué acude Rocío Carrasco a una televisión a contar su caso? Por lo mismo que muchas mujeres maltratadas acuden a los medios: porque la justicia les da la espalda. Si los jueces hubiesen tenido en cuenta el informe psicosocial del juzgado de violencia contra la mujer quizás todo hubiese sido diferente.

Durante casi dos décadas Carrasco usó únicamente la vía judicial para solucionar su situación, en un silencio que casi le cuesta su propia vida. Pidió que una cadena la escuchara y la cadena le dio el altavoz. Y no sé si me engaño pero creo que con todos los momentos horribles que Carrasco ha vivido, incluida la pérdida de sus hijos y el maltrato continuado (según indica la sentencia) de su propia hija, la imagen del otro día supuso más dolor o rabia para nosotras que para ella. Con eso no lo justifico ni de lejos, insisto. Solo creo que peor que aquel momento donde quiso suicidarse no lo va a vivir. Ahora tiene nuevas herramientas y está curada de espanto, como dice el refrán. Habrá visto tantas cosas en privado que aquella imagen en Telecinco que nos sobrecogió será una más de tantas que tendrá en su memoria, pero no habrá sido inesperada para ella.

Podéis, si queréis, tirar por la borda todo lo que hicimos. Me siento orgullosa del trabajo de mis compañeras y de que me dieran la mano para acompañarlas. Aliviada de cada mujer que nos confesó que se salvó gracias a ese programa. Satisfecha de quienes dicen haber aprendido y que ya no le toman el pelo. Orgullosa de que en prime time las víctimas hayan podido hablar y de que Rocío Carrasco contara su historia cargada de pruebas.

Lo que hagan el resto de las productoras de la cadena no somos responsables quienes no trabajamos en ella. Ni tampoco somos responsables de que haya sanciones para la publicidad sexista pero no para los medios que no cumplen las recomendaciones. ¿Se paga un precio alto? Claro, las amenazas de muerte no son gusto de nadie. Y las que los hacen hoy no se diferencian mucho de los machistas que ya hace cuatro años me amenazaban o me enviaban guillotinas por defender a otras mujeres. Eso sí, nunca nadie paga un precio más alto que el de las víctimas que hablan.

De lo que no estoy orgullosa es de que mientras eso ocurre, la justicia no haya reabierto el caso de Carrasco y que muchas mujeres se sigan sintiendo solas. Cada día en los juzgados de este país, aunque las cámaras no lo graben, hay escenas peores que las que hemos visto. Hay jueces y juezas entregando a niños y niñas, con miedo, a padres maltratadores o abusadores porque la "justicia" les obliga.

Los medios podremos influir en la opinión pública, pero quien va a cambiar la vida de las mujeres víctimas de violencia no será Telecinco ni la tele de Pepito Grillo, sino las políticas públicas en defensa de sus derechos y, sobre todo, la justicia de este país. Mientras la justicia siga diciendo que las mujeres no son víctimas, sino mentirosas o delincuentes, los medios seguirán tratándolas como dicen las sentencias. Una justicia que se frota las manos ahora porque nadie mira hacia ella. Seguimos mirando el dedo y no la luna.