Otras miradas

Los papeles de Pandora, la evasión fiscal y las iglesias

Antonio Gómez Movellán

Presidente de Europa Laica

Feligreses rezan en la iglesia de San Isidro Labrador, en el barrio de La Laguna, afectado por las coladas de la erupción del volcán de Cumbre Vieja.- EFE/MIGUEL CALERO

La información que están proporcionando los papeles de Pandora, que es muy parecida a la que dieron los papeles de Panamá, es siempre un testimonio de cómo el dinero intenta evadir la fiscalidad y la solidaridad social y deja en evidencia muchas complicidades e hipocresías. Digámoslo sin temor: la ingeniería financiera de la evasión fiscal es consustancial al funcionamiento de la economía y, en la mayoría de los casos, está amparada en una barroca normativa financiera.

Sin embargo, y a pesar de la buena información de los papeles procedentes del buro de Mossack Fonseca, en el caso de los papeles de Panamá, muchos analistas de estos asuntos han sugerido que el origen de todo esto se encuentra en el hecho de que el mundo de los paraísos fiscales está cambiando en las últimas décadas. Lo que está pasando, se dice, es que el desfalco fiscal se ha traslado de Panamá, Suiza e islas de influencia anglosajona (Bermudas, Caimán, etc.)  a Holanda, Inglaterra, Luxemburgo y nuevos centros, pero particularmente a EEUU, donde, más allá del famoso estado de Delaware, han surgido muchos otros Estados (Alaska, Nevada, Tennessee, Florida, Texas, New Hampshire, Washington, Wyoming y Dakota del Sur) que se están convirtiendo, gracias a una legislación que los protege de convenciones internacionales, en prácticamente los nuevos paraísos fiscales. Es en ellos donde se están evadiendo miles de millones, trasladándose fortunas enteras de los viejos paraísos a los nuevos paraísos fiscales, tanto por personas privadas como por personas jurídicas.

Las personas con mucho dinero se sienten más seguras en depositar sus fondos en EEUU que en los viejos paraísos fiscales. Se han realizado estudios y estimaciones sobre los flujos de dinero de Islas Caimán y Bermudas a los nuevos paraísos fiscales de EEUU y los resultados son contundentes: las tapaderas de los ricos huyen a EEUU. Por ello, muchos sospechan que, en la publicidad de los papeles, hay una operación de los sistemas financieros que controla el negocio de los nuevos paraísos fiscales, a pesar del valiosísimo valor documental testimonial que tienen los papeles filtrados. El hecho mismo de que la fuente sea única, resulta, en palabras de Julian Assange, cuando menos sospechoso.  Y también es sospechoso que en las listas apenas aparezcan nombres de los nuevos paraísos fiscales y del personal político relevante de los EEUU.

Si nosotros vemos las listas negras o grises de paraísos fiscales en la normativa de la Unión Europea (o de cada país de la Unión europea) no encontraremos ninguno de los nuevos paraísos, siempre son los viejos los que aparecen. Así pues, por un lado tenemos los viejos paraísos fiscales hoy desacreditados y en decadencia, y por otro, los nuevos (Reino Unido, Países Bajos, Luxemburgo y, especialmente, algunos estados de EEUU) que parecen ahora más seguros y limpios para el refugio del dinero, la defraudación fiscal y el lavado de dinero sucio.

Junto a los viejos y los nuevos paraísos fiscales están los más tradicionales: las organizaciones caritativas y las iglesias. Sin embargo, la utilización de estas instituciones para lavar y defraudar dinero está mucho menos estudiada y prácticamente no existe una legislación específica que las persiga. Por su puesto conocemos puntas del iceberg por los escándalos, por ejemplo, del Banco Vaticano.

En nuestro país ocurrió el caso, hace veinte años, de Gescartera, un chiringuito financiero donde muchas entidades religiosas depositaron el dinero donado o sucio que apareció luego en paraísos fiscales. El asunto era un entramado, presidido por la hermana del Secretario de Estado de Hacienda de la época (para que algunos tecnócratas vayan diciendo por ahí que en España no hay tanta corrupción), para evadir dinero a paraísos fiscales y limpiarlo de organizaciones religiosas. Durante el juicio, algunos representantes de las organizaciones religiosas (Agustinas Misioneras, Fundación Caldero, Instituto Español del Misiones Extranjeras, Salesianos Inspectora de María Auxiliadora, Orden de San Agustín Provincia de España, Filipenses Misioneras de Enseñanza, Religiosas Filipenses, Manos Unidas, Obispado de Astorga y RR Madres Dominicas) mintieron descaradamente o se negaron a colaborar.

La OCDE ya ha advertido, en diversos informes, de cómo las donaciones de dinero a organizaciones caritativas y religiosas son una fuente de evasión fiscal y lavado de dinero negro muy importante y anima a los Estados a que tomen medidas al respecto. Sin embargo, las iglesias tienen un régimen de entidades benéficas solo por ser iglesias, lo que facilita mucho esta defraudación fiscal: es una concesión y privilegio inexplicable. Además, los Estados y los medios de comunicación proporcionan casi siempre una visión positiva de estas organizaciones religiosas en vez de mantener una postura neutra y prevenir a la población con buena información.

Son sospechosas las campañas sistemáticas de estas organizaciones religiosas. Ahora, con las catástrofes que estamos viviendo, observamos como algunas organizaciones religiosas o pseudo religiosas, en asociación con empresas de comunicación, realizan insistentes campañas de donaciones masivas para los damnificados del volcán de Canarias -compitiendo hasta con el mismo Cabildo de la Isla-. O también nos encontramos con antiguos empleados de la cadena COPE que han llevado a los tribunales a esta cadena de la Iglesia católica por el trasiego y ocultación, aparentemente, de las donaciones que esta cadena realiza en  sus conciertos benéficos.

Algunas organizaciones religiosas católicas, como Legionarios de Cristo, han sido investigadas por sospechas de lavar dinero negro y colaborar con la evasión fiscal; es más, es una de las que aparece en los papeles de Pandora con valores cercanos a 300 millones de euros. Pero, como esta, hay muchas organizaciones religiosas sospechosas y no solo de denominación católica, también evangélicas, como la Iglesia Universal del Reino de Dios, acusada por evasión fiscal y lavado de dinero negro no solo en Brasil, sino hasta en Angola donde fueron incautados sus templos.

No se puede sospechar de todo, pero la realidad es que, como dice la OCDE, las organizaciones caritativas y las iglesias constituyen hoy paraísos fiscales internos en el seno mismo de los Estados gracias a la complacencia de las legislaciones de estos y la pasividad inspectora. "El abuso fiscal y de defraudación y lavado de dinero, por parte de las organizaciones benéficas y religiosas, está cada vez más organizado y es más sofisticado", finaliza la encuesta realizada, en el año 2009, por la OCDE.