Otras miradas

Las cuentas claras

María Guijarro

Portavoz GPS de Cooperación Internacional en el Congreso | Secretaria de Igualdad y Convivencia en PSE-EE de Bizkaia

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, aplauden tras rechazarse las enmiendas a la totalidad del proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2022, este jueves, en el Congreso de los Diputados.- EFE/Mariscal

Esta semana ha tenido lugar en el Congreso el debate de Presupuestos. A veces no somos conscientes de la importancia de lo debatido. De lo que supone para cada ciudadana o ciudadano aprobar o no las cuentas del Estado.

En una época en la que se ha demostrado que la resiliencia es un valor y que los escenarios pueden ser aún inciertos, los Presupuestos Generales del Estado se convierten en el ancla de cambios profundos en una sociedad como la española que ha sufrido lo indecible por la maldita pandemia.  Y que también ha aprendido que "lo público" es un valor seguro.

Los Presupuestos Generales  deben ser palanca de modernización de un país como España y adaptarlo a un mundo post-COVID. Tienen que suponer un crecimiento económico, sólido, inteligente, equilibrado y sostenible. Deben reforzar las clases medias, sobre todo, las empobrecidas, que son marcadas por un mercado de trabajo en precario y son uno de los eslabones más vulnerables. Nos jugamos, con los "dineros del Estado", proteger colectivos vulnerables, corregir brechas sociales e invertir en sectores tradicionales y también en los emergentes.

A veces, la hipérbole parlamentaria, el ruido y la crispación no dejan ver lo que se juega cada vez en un debate presupuestario. Porque los Presupuestos son el instrumento definitivo para articular un futuro esperanzador. Por eso, el debate debería ser desde el respeto por otras fuerzas políticas. Pero no todo el mundo lo entiende así.

Estos días en el Hemiciclo se han oído muchas soflamas, argumentarios antiguos e incluso ataques personales. Algunos grupos políticos no han ejercitado el parlamentarismo con el "noble objeto" de la búsqueda del interés general. Han lanzado mensajes decadentes y catastrofistas. Sin análisis sobre los números. Sin detalles sobre las cuentas públicas del Estado.

Porque para eso sirven los millones de euros recaudados de las y los españoles. Para invertir en Vivienda, Empleo, Formación Profesional y Sanidad. Para subir las pensiones y fomentar la políticas de reindustrialización, digitalización y automatización. Para la cultura y la cooperación al desarrollo. Para infraestructuras que nos permitan desarrollarnos con una movilidad sostenible. Y por supuesto para la Igualdad entre mujeres y hombres.

Y sirven además para una justa vertebración territorial. Refuerzan el modelo descentralizado. A través de las Comunidades Autónomas y las entidades locales se gestiona una gran parte del Presupuesto que se debate estos días. Así se puede afrontar el reto demográfico y la España vaciada. Y la cohesión territorial.

En definitiva, todas las personas podemos vernos reflejadas en una u otra partida. Todas las ciudadanas y ciudadanos españoles somos interpelados en alguno de los capítulos, programas o secciones de estos Presupuestos 2022. Los valores y los compromisos están ahí: justicia social, defensa de los servicios públicos, calidad democrática y cohesión territorial.

No prestemos atención a los gritos y las risotadas que se han escuchado estos días en el Hemiciclo. Escuchemos y miremos al detalle las cuentas. Son unas cuentas claras. Nos definen el presente y el futuro.

Un futuro por una recuperación justa y progresista. Seamos responsables.