Otras miradas

A la huelga madre yo voy también

Manifestación de trabajadores del metal en Cádiz. / Román Ríos (EFE)
Manifestación de trabajadores del metal en Cádiz. / Román Ríos (EFE)

Era un día emocionante. Por fin una huelga general. Había una manifestación convocada del bloque crítico de sindicatos en Madrid. Acudimos sin pensarlo. Era noviembre de 2012, en plena efervescencia de 15M. Algunas banderas en alto, pancartas, gentes puño en alto lanzando cánticos de protesta. Ese día terminó en cargas policiales, mi padre el brazo roto, yo golpeada por varios lugares. Mucha gente detenida y herida. Nosotros siempre supimos que la lucha es el único camino. Nos lo explicaron nuestras madres y abuelas. "Quien no llora no mama" también es una buena forma popular de entenderlo. Las conquistas laborales se habían conseguido con mucho esfuerzo, movilizaciones, huelgas. La jornada laboral que tenemos actualmente no cayó del cielo, se consiguió con mucho esfuerzo, presión popular y la clase obrera organizada. Eso que más asusta a los poderosos.

De hecho, entre febrero y marzo de 1919 la empresa La Canadiense fue la gran protagonista de una huelga de cuarenta y cuatro jornadas que paralizó Barcelona y demostró la enorme fuerza de la clase obrera, que mediante la acción de la CNT logró una gran victoria, hasta el punto de conseguir la implantación estatal de las ocho horas de jornada laboral.

La unión de los trabajadores y trabajadoras es quizá a lo que más teman los empresarios explotadores y los medios que les amparan y protegen . Nos han hecho creer lo contrario, hay que tragar sapos y culebras, mientras el Lobo de Wall Street se baña en billetes de 500. La opinión pública ha sido engañada y envenenada durante años con sus Ana Rosas o Susannas Grisos de turno sacando imágenes de lo malos que son los obreros que luchan o los okupas que te roban la casa cuando bajas a comprar el pan. El discurso del miedo, del miedo al otro, pero nunca al patrón. Eso no.

Por eso mismo, las protestas de los 30.000 trabajadores en Cádiz no son bienvenidas. La huelga del metal aparece en medios reflejada como un ataque a la convivencia y al civismo. En muchas ocasiones no suelen contarnos qué peticiones están haciendo los trabajadores a la patronal, sino los desperfectos que puedan o no haber ocasionado.

¿Alguien sabe cuáles son sus peticiones? Quizá podíamos empezar por ahí. La reivindicación nace por la intención de la patronal de imponer un convenio sectorial en el que, entre otras cosas, se eliminaría una de las pagas existentes, y donde se congelaría el salario a las trabajadoras y trabajadores. Como dice uno de ellos, "quieren legalizar la esclavitud". Y no lo van a consentir.

Sin embargo, poco se cuenta desde los medios. Y son esos mismos medios que criminalizan la protesta de los trabajadores gaditanos quienes silencian la protesta de otros sectores que no generan tanto ruido ni dinero. Eva, Teresa y Carmen son auxiliares de ayuda a domicilio y llevan tres semanas acampadas frente al Ministerio de Trabajo.

Entre otras cosas piden que las secuelas físicas que padecen se reconozcan como enfermedad profesional, que haya una evaluación de riesgos laborales en las casas en las que trabajan o que la ayuda a domicilio sea un servicio público. Apenas nadie les da voz, tal y como ha pasado con tantos colectivos, mientras ellas siguen deslomándose.

Estas mujeres valientes llevan muchos años cuidando a quienes más los necesitan, levantándoles, duchándoles, dándoles de comer y una vida digna. Muchas veces sin fuerzas, realizando una labor encomiable que no es agradecida socialmente. Cada vez con más dolores, roturas de vértebras, hernias, problemas de salud mental y patologías ya cronificadas. Mujeres rotas sosteniendo la vida y olvidadas por las instituciones, los medios y la sociedad.

Unos y otras buscan unas condiciones dignas en el trabajo, cada uno a su manera, con distintas herramientas de lucha, pero un objetivo común, como ya lo hicieran nuestros antepasados de La Canadiense o como lo hacemos ahora las feministas cada año en el 8 de marzo.

Por eso, cuando critiques a los trabajadores por hacer ruido o quemar cosas, o simplemente por manifestarse con una pancarta, piensa que tus derechos los consiguieron otros que como ellos pusieron el cuerpo por ti y por mí.