Otras miradas

El daño que tuvo Pilar del Álamo

Pilar del Álamo, en una captura de la entrevista realizada por Patricia Simón y Celia Cervero para 'Pikara Magazine'

Pilar del Álamo podría haber sido una mujer normal y corriente, pero tuvo que ser incansable: "Aposté por la lucha como remedio contra todo este daño que tengo". El día de su funeral, el Centru Social Autoxestionáu La Llume, en Gijón, estaba a reventar. Militante feminista y sindicalista, Álamo dedicó gran parte de su vida a tratar de sobrevivir a la violencia que ejercía contra ella su marido. Más de treinta años. Muchos más de los que ella querría haber soportado, pero, según declaró en una entrevista a Pikara Magazine: "Tuvo que morir él para que recuperara mi libertad". Los relatos que los medios de comunicación tienden a transmitir a la ciudadanía sobre las violencias machistas obvian la complejidad de unas dinámicas que nos han relegado históricamente a un segundo plano.

La entrevista es una pieza imprescindible para entender qué mecanismos se ponen en marcha en torno a las violencias machistas porque Álamo explica, sin atisbo de dudas, cómo y por qué se generan las dinámicas que hacen posible que tantas miles de mujeres decidan no romper con sus relaciones violentas: "Pierdes. Pierdes tu casa, tu pequeño rincón donde vives. Pierdes tu estabilidad, mal que bien –aseguraba Álamo en la entrevista con Patricia Simón–. Tú no estás siendo golpeada todo el día. Hay momentos en los que, incluso, el maltratador puede tratarte bien".

Escapar no es fácil.

Pudo volver a pensar en vivir cuando murió él. "Siempre me imaginé muerta" y murió poco después. Cáncer. 59 años. Unas banderas moradas cubrían el féretro que colocaron en el Centro Social en el que militaba. Debió abarrotarse de familia, de amistades, de sus compañeros y compañeras de lucha. En las paredes, una pancarta denunciando las violencias machistas, una antifascista y, la más grande, una tela roja que hace alusión a la lucha sindical.

En todas esas pancartas estaba Pilar.

Los silencios en torno a la violencia machista

Ver la entrevista. Escuchar sus palabras. Sentir su fortaleza y su fragilidad. Es prácticamente imposible conocer su testimonio y no sobrecogerse. Aborda cuestiones que suelen pasar desapercibidas cuando se valoran las consecuencias en las vidas de las mujeres maltratadas: cómo afecta la violencia en la sexualidad o en la socialización, por ejemplo. Ella reconocía tener miedo a estar en espacios en los que hay hombres: "Sobre todo, si hay más de uno" y, a pesar de asegurar que seguiría intentándolo, decía no haber podido recuperar su deseo. La violencia sexual contra las mujeres víctimas de violencias machistas deja profundas secuelas: "Se curan los moratones, se quitan los negridos, las golpes, las heridas, las puñaladas se curan porque se cosen y se cierran...". Pero queda "el miedo. El dolor psicológico". Ella apostó por la militancia para curarse. Sus compañeras y compañeros decían, durante su funeral, que era un ejemplo de coraje.

Militante de Corriente Sindical de Izquierdas (CSI) y de Muyeres en Llucha, del Álamo trató de ayudar a otras que estaban pasando por la misma experiencia que tuvo que vivir ella. Se frustraba. Las medidas son insuficientes, las leyes no se dotan de recursos: "Se nos llena la boca con los pactos de Estado. Pactos de Estado, ¿de qué? Leyes, ¿para qué? Si no se cumplen". El movimiento feminista y las asociaciones de víctimas de violencia machista exigen a las instituciones un compromiso real para erradicar una forma de violencia atroz: "La persona que te maltrata, que te agrede, que te viola, es la persona con la que estás muchas horas, con la que estás por la noche", lamentaba.

La maternidad

Pilar del Álamo –probablemente igual que muchas otras mujeres– no pudo elegir ser madre. Utilizar métodos anticonceptivos con un maltratador o poder interrumpir un embarazo no deseado no es fácil en un entorno de violencia. Los hijos y las hijas acaban siendo una imposición y, a la vez, de ellos y ellas emana gran parte de la fortaleza que hace falta para salir de una situación violencia: "Un maltratador nunca es buen padre". La justicia, sin embargo, parece no haber llegado todavía a comprender esa premisa. Muchas mujeres siguen denunciando hoy que se les aplican medidas violentas, como tener que entregar a sus criaturas a su maltratador, en nombre del Síndrome de Alienación Parental u otros sinónimos sin encaje legal ni aceptación psicológica.

Nunca se reconoció sumisa. Nunca aceptó ser agredida ni violada. Podría pasarnos a cualquiera –y, de hecho, nos pasa– porque los mecanismos que se ponen en marcha en esos casos emanan de lo más profundo de nuestra socialización y de nuestra cultura.

Testimonios, como el de Pilar, van cambiando, poquito a poco, el doloroso paradigma. Para las supervivientes es importante encontrar espacios para contar sus historias. Muchas han sido doblemente victimizadas por las instituciones y algunas formas específicas de violencia –la violencia económica, por ejemplo– no desaparecen con la ruptura. Reconocer tu dolor en otras personas es sanador. Pilar lo sabía y, quizá por eso, nos regaló uno de los testimonios sobre violencia machista más desgarradores y transformadores que hemos conocido en los últimos años.

Nosotras, Pilar, seguimos imaginándote fuerte.