Otras miradas

Sumisión química: ¿qué está pasando con las agresiones sexuales?

Loreto Arenillas

Diputada de Más Madrid en la Asamblea

Varias mujeres sostienen diferentes pancartas en una manifestación contra la sumisión química, a 20 de noviembre de 2021, en Madrid (España).- Isabel Infantes / Europa Press

Pensábamos mucho estos meses tras las olas informativas sobre la sumisión química y las campañas de #DenunciaTuBar qué tipo de sociedades estamos creando para que, tras haber puesto en escena que nuestro cuerpo es nuestro y con él hacemos lo que nos da la gana, la respuesta sea eliminar la posibilidad de usar el cuerpo. ¿Qué está pasando para que la respuesta ante una denuncia tan grave como las agresiones sexuales sea dejar inconsciente a una mujer para poder violarla después?

Los datos nos demuestran que hay un aumento considerable de este tipo de agresiones sexuales. Hoy en día en la Comunidad de Madrid, según los datos del Ministerio de Interior, han aumentado un 36% respecto a años anteriores y el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses estima que una de cada tres agresiones sexuales son de este tipo. Por ello nos toca pensar sí, como hemos visto con otros tipos de violencias, aquí también se está produciendo un desplazamiento a lo que solía pasar. ¿Va cogiendo fuerza y forma este tipo de agresión sexual?

Sabemos que a día de hoy la mayor parte de las agresiones sexuales se producen por parte de conocidos de las víctimas. Para ser exactas, el 80% de agresiones las llevan a cabo personas que conocen a las víctimas y en muchas ocasiones convivientes con ellas. Sin embargo, ¿por qué está este tipo de agresión en auge? ¿Qué está pasando? ¿Qué dinámicas nuevas se están moviendo entre los hombres jóvenes para echar droga a una mujer en la copa, dejarla inconsciente y luego abusar de ella? Es evidente que este tipo de delitos tiene un gran componente de género, ¿pero por qué aumenta por parte de un desconocido?

La mayor parte de los estudios indican que normalmente, cuando hay agresiones sexuales, no existe la historia mitificada de las series o películas de violencia extrema y una víctima intentando defenderse, sino que son violencias en las que una mujer termina agredida y/o violada por un hombre que conoce. En el 95,5% de las agresiones sexuales la víctima es una mujer y en el 99,4% el agresor es un hombre.

Así, nos encontramos con que el tradicional problema de agresiones sexuales a mujeres lejos de estar solucionado aumenta más que ningún otro delito y nos encontramos también que la especificidad de echar drogas en las copas para dejar inconscientes a las mujeres aumenta actualmente internacional, nacional y localmente.

Hemos hablado mucho durante años de las agresiones sexuales y me pregunto si toca ahora pensar en estas en concreto. Consideramos que quizás estén insertas en estas nuevas formas de violencias machistas que estamos viendo que se producen hoy en día. Vemos que la violencia digital es una nueva forma de violencia y cómo se ha trasladado a las redes sociales el maltrato y la violencia por ser mujeres. ¿Se estará produciendo un traslado de este tipo de agresiones? ¿Nos sorprenderemos dentro de unos años porque la sumisión química ha pasado de un porcentaje menor a un porcentaje más alto?

No lo sabemos, pero no queremos arriesgarnos a descubrirlo, por eso se necesitan medidas que paren ahora mismo este tipo de agresiones. Hay medidas muy básicas como las campañas de sensibilización que se deberían estar haciendo desde todas las instituciones para concienciar que este tipo de delito está en auge e informar de las consecuencias sociales y judiciales que tiene drogar a una mujer para abusar de ella.

Debemos sacar una nueva línea de formación para la policía para que nunca más se vuelva a poner en tela de juicio a una mujer que va a comisaría a denunciar sin recordar exactamente qué es lo que le ha pasado, ante la duda, activar protocolos de agresión por sumisión química.

Todos los hospitales deberían tener un protocolo rápido de identificación de drogas en caso de duda y en la Comunidad de Madrid se debería poner en marcha un protocolo general de agresiones sexuales, porque no, la capital de España no tiene este protocolo en ninguno de sus hospitales y solamente el Hospital público de La Paz atiende a mujeres agredidas sexualmente.

Es decir, las políticas públicas se deben ocupar de garantizar nuestra seguridad, de tipificar la sumisión química como una violación, de generar sensibilización y de asegurarnos que las mujeres podemos ocupar el espacio público con la misma libertad que lo hacen los hombres.

Y estas políticas, campañas y protocolos deben insistir en la idea de que el único culpable en una agresión sexual es el agresor. Uno de los sentimientos más comunes en las mujeres víctimas de agresiones de este tipo es la vergüenza y la culpa, culpa por haber salido, por haber bebido, por haberse despreocupado o por haber perdido la copa de vista. Ese sentimiento es un estigma que tenemos que desterrar, y sustituirlo por la idea de que las mujeres tenemos todo el derecho a disfrutar de la noche tranquilas, despreocupadas, sin miedo y también sin culpa.

Queremos y reivindicamos nuestro derecho a pasárnoslo bien, a bailar, a disfrutar, a reír y a volver a casa sin tener que compartir la ubicación, sin que nos haya pasado nada que no deseamos que nos pase. La noche es maravillosa, salir es una gozada, que lo sea para todas.