Otras miradas

¿Por qué la juventud acude cada vez más a la cirugía estética?

Ana Bernal-Triviño

Pexels

Estos días hemos conocido el caso de Sara, la joven que ha fallecido tras someterse a una lipoescultura. Localizó a la persona que la operó -que no posee el título de cirujano plástico- a través de Internet. Ella se había realizado antes una abdominoplastia. Quería quitarse unos 500-600 gramos con esta nueva intervención. Personas del entorno de Sara advierten que otros médicos cirujanos habían desaconsejado la operación, entre otras cuestiones, porque la cantidad de grasa a extraer era muy poca. 

A la misma vez, estos días por televisión se ha denunciado algo que se lleva diciendo desde hace tiempo y son las inyecciones de bótox a domicilio por supuestos "profesionales" que se venden a través de Internet. Una simple búsqueda en las redes sociales muestran estas ofertas que, además, se presentan en diversas ciudades, como si hicieran una gira. Precisamente: diferentes lugares para evitar inspecciones. Las clínicas que sí son expertas y especializadas en esto llevan años advirtiendo de este intrusismo y no solo eso, sino de que son un riesgo para la salud.

Hablo aquí de los dos casos, aunque uno sea un proceso quirúrgico y el otro no, porque en ambos se producen negligencias que no siempre se denuncian por vergüenza o por querer reconocer que se hicieron ese retoque. Y yo, al margen del gran debate del intrusismo y del riesgo para la salud, voy más allá. Y es el porqué. 

No dejo de pensar que el aumento de todos estos farsantes que prefieren coger dinero antes que decirle a alguien "no necesitas esto", "esto es un riesgo" o "estás bien" y poner en riesgo a sus pacientes, crearles problemas de salud o desfigurar partes de sus rostros. Y el porqué existen no es otra cosa que la demanda, de la que se aprovechan, sea lo que sea. 

Creo que deberíamos reflexionar sobre los datos que arrojaba el informe de la Sociedad Española de Estética de 2019. El bótox había aumentado un 87% entre el público millennial (18 y 36 años) en los últimos ocho años, y las operaciones de cirugía estética un 43% en la misma edad. Tampoco es casualidad que 8 de cada 10 sean mujeres, porque somos más evaluadas, observadas y juzgadas por nuestro aspecto como resultado de la cosificación. 

Celia Amorós decía una gran verdad: "el feminismo no cuestiona las decisiones individuales de las mujeres, sino las razones que las obligan a tomarlas". Esto no es un artículo en contra de quienes dan el paso, sino un toque de atención. Es cierto que hay cirugía reparadora, funcional. A veces veo en las redes operaciones o cambios estéticos que pienso que pueden mejorar la vida o la autoestima de una persona según muchas circunstancias. Pero otras tantas veo imágenes donde me pregunto: ¿por qué este médico ha operado esa nariz si la tenía perfecta? O veo imágenes de antes y después de famosas donde me gustan más sus rostros de antes de las operaciones, porque cada una tenía su singularidad.  

Insisto, ¿por qué más del 40% de los millennials se ha sometido a una cirugía plástica? Decía Wolf que "el mito de la belleza genera una caída del amor propio". Son jóvenes que odian sus cuerpos, sus michelines, sus glúteos, sus pechos… No les gusta ver su imagen en el espejo sin otra estética, porque las redes sociales le ofrecen otro espejo donde el triunfo está en otros rostros y cuerpos. Y no hablemos ya del tema de los filtros… ¿Qué puede tener tan mal y urgente una persona joven de 18 años para operarse por cuadrar en lo que la sociedad le demanda? También es cierto que cada vez leo a más mujeres que se quieren quitar prótesis mamarias o volver a como eran antes. Y lo comprendo y hay que ser valiente.

Hace mucho tiempo escribí, yo misma, que peleo con mis inseguridades o complejos y que pienso mucho en este tema, que "la libertad de la mujer está en sus derechos, no en la imagen que esperan de nosotras". Podemos hablar del intrusismo o de la falta de seguridad, pero preguntemos más también sobre las causas de ese aumento y quizás así, si profundizamos en ello, evitemos que estos intrusos sigan dañando y jugando con la estética solo por dinero.