Otras miradas

Ninguna mujer es una Bugatti

Laura Berja

Portavoz de Igualdad en el Congreso por el PSOE

La cantante Chanel tras ser elegida para representar a España en Eurovisión.- Joaquín Reina / Europa Press

Cuando un proyecto representa a un país en una competición se lanza un mensaje, el proyecto siempre tiene un discurso. La representación tiene unos márgenes amplísimos, España es un país tan plural, con tanta diversidad cultural, social o territorial que el discurso tiene infinitas posibilidades.

La imagen de España en Europa es la del país de las grandes movilizaciones feministas, es la del país de una ley contra la violencia de género con reconocimientos internacionales y es la del país referente en políticas públicas de igualdad.

Esa imagen de España nos coloca bien posicionados en los ranking de países avanzados en la defensa de los derechos humanos. Si las democracias se miden por cómo se protegen los derechos de las mujeres y las herramientas puestas a disposición de las instituciones públicas en defensa de la igualdad entre mujeres y hombres, España tiene una situación de partida muy favorable.

Ser coherentes con todo lo expuesto es un deber si queremos consolidarnos en los valores en los que queremos reconocernos, los que el movimiento feminista y las organizaciones de mujeres llevan años reivindicando y los que las instituciones públicas han ido asumiendo. Es una debilidad mandar mensajes en otro sentido, y la canción que representará a España en Eurovisión tiene una letra inasumible para la imagen de un país como el nuestro.

No voy a entrar en el sistema de elección de la canción, creo que el problema es anterior. Los estándares mínimos de un certamen que aspira a elegir un proyecto que represente a España no deberían haber permitido que la letra de esa canción pudiera ser elegida. Cada uno que compre la música que quiera, que escuche lo que le apetezca, ese no es el debate, otra cosa muy distinta es que una canción mucho más que machista nos represente, el problema es que los "six points" serán para Spain.

Desde las instituciones españolas combatimos enérgicamente la explotación sexual de mujeres y niñas y también todas las formas de mercantilización de los cuerpos de las mujeres. Sin embargo, en un certamen internacional decimos que "Si tengo un problema, no es monetary, Yo vuelvo loquito a todos los daddies". Decimos "dinero y papis", lo decimos legitimando así prácticas bochornosas entre hombres mayores con dinero y mujeres jóvenes, viejos que pagan por la prostitución de mujeres jóvenes que tienen problemas para pagarse los estudios o que no encuentran trabajo. Como dijimos en el 40 Congreso del PSOE, debemos ser conscientes de la extensión de nuevos fenómenos asociados a la mercantilización de los cuerpos de las mujeres y socialmente más aceptados como el sugardaddismo, un concepto que encumbre un tipo de prostitución.

Si normalizamos que el machismo nos represente como país fuera de nuestras fronteras, estaremos dando pasos hacia atrás. Llevamos años con mucho debate en torno a las canciones y artistas que envía España a Eurovisión, las opiniones respecto a la calidad de las actuaciones siempre han sido muy variadas, lógico, expresamos libremente lo que nos gusta o lo que no. Pero ahora la crítica imprescindible no es por una cuestión preferencial sino que lo es porque indiscutiblemente la letra de esta canción legitima un discurso de vulneración de los derechos de las mujeres. Y repito, que cada uno produzca musicalmente lo que quiera, a veces a costa de su corresponsabilidad con la perpetuación del machismo con mensajes terribles, pero lo que es inaceptable es que esto lo haga una canción que representa a España.

Esta cuestión debe preocuparnos porque además tenemos un contexto complejo con actores que niegan la violencia contra las mujeres y que se sienten muy cómodos con estos mensajes. Guerreros del patriarcado que han convertido el machismo en su punta de lanza contra la democracia.

Queda menos de un mes para el 8 de marzo y cientos de miles de mujeres saldrán a las calles de todo el país exigiendo una vida libre de violencia,  defendiendo una vida libre de machismo y reivindicando igualdad. Ese mismo país al que se mira desde infinitas partes del mundo con admiración no puede ser el mismo que llama a una mujer coche de lujo, porque no, ninguna mujer ni en España ni en ningún lugar es una Bugatti.