Otras miradas

No somos amigas, es una estrategia

Laura Berja

Portavoz de Igualdad en el Congreso por el PSOE

Vista general de una manifestación por el 8M, Día Internacional de la Mujer, a 8 de marzo de 2022, en Murcia (España).- Edu Botella / Europa Press

En el debate sobre el voto femenino, Victoria Kent defendió una posición en contra de su aprobación. De su intervención he rescatado lo siguiente: "Quiero significar a la Cámara que el hecho de que dos mujeres, que se encuentran aquí reunidas, opinen de manera diferente, no significa absolutamente nada, porque, dentro de los mismos partidos y de las mismas ideologías, hay opiniones diferentes. Tal ocurre en el partido radical, donde la Srta. Campoamor figura, y el Sr. Guerra del Río también. Por tanto, no creo que esto sea motivo para esgrimirlo en un tono un poco satírico, y que a este problema hay que considerarle en su entraña y no en su superficie".

Ese día en el hemiciclo del Congreso votaron 282 diputados, solo dos eran diputadas. Entonces no solo las formaciones políticas confrontaban, sino que diputados del mismo partido también lo hacían entre ellos. Sin embargo, fue motivo de mofa que las dos diputadas presentes en la cámara, Clara Campoamor y Victoria Kent, tuviesen posicionamientos diferentes entre ellas. Poner el foco en lo que para los varones es una "riña entre mujeres" es algo que el machismo ha tenido siempre entre sus prioridades. Frente a ello, nosotras hemos tenido que hacer mucha pedagogía para naturalizar la discrepancia entre mujeres.

He defendido siempre la importancia de generar redes de mujeres como estrategia política. Las alianzas entre nosotras suponen una ofensiva imparable contra el patriarcado. Si somos red y somos muchas cuando nos atacan a una, nos atacan a todas. Eso sí, no tenemos que ser amigas, ni estar de acuerdo en todo. Somos ciudadanas, y como los ciudadanos discrepamos sin que eso sea más que un ejercicio natural de la discrepancia inherente al ser humano.

Romantizar las relaciones entre las mujeres como única forma de relacionarnos entre nosotras es otra trampa machista. Al mismo patriarcado al que le interesa mantenernos enfrentadas también nos dice, pero ¿cómo le dices eso a otra mujer? Y entonces, empieza el despliegue de los sentimientos de culpa por debatir entre nosotras.

Sin embargo, esto no quita que mostrar complicidad y confianza política las unas en las otras sea una estrategia poderosa. También entre mujeres de distintas generaciones, mujeres que se reconocen. La estrategia para las feministas es la única oportunidad para combatir a tanto reaccionario machista. Mostrar alianzas entre mujeres debilita al patriarcado.

Siempre ha habido debate dentro del movimiento feminista. ¿Cómo no recordar el debate entre las feministas de la igualdad y las feministas de la diferencia? Lo que nos ha unido siempre a las feministas es la agenda.

Estamos en un momento decisivo, tenemos a la ultraderecha pegando empujones a la democracia para tumbarla y el mayor escudo para las mujeres son las reglas democráticas. El discurso negacionista está calando. Observamos negacionismo de la violencia contra las mujeres en lugares donde había empezado a desaparecer. Todo lo que hemos conseguido incorporar en el sistema educativo está en riesgo: las maestras nos cuentan que cuesta mucho más que hace unos años hablar en clase del movimiento feminista y que cuesta mucho más que hace unos años hablar en clase de violencia de género. Y estas son las generaciones que organizaran el futuro.

Para combatir lo urgente tenemos que estar unidas, para debatir lo importante hemos de detectar las trampas y normalizar la discrepancia. Naturalizar la discrepancia entre mujeres es político. Aliarnos para combatir el machismo también. Aliadas contra el machismo, como estrategia.