Otras miradas

Un poco de alegría sana en la Fraternidad de Mujeres Modernas de Irala

Andrea Momoitio

No conozco mucho Irala, pero diría que es un barrio con personalidad. La gente de Irala es muy de Irala y a veces parece que están mucho más lejos del centro de Bilbao de lo que dice Google Maps. El otro día contaban en El Correo —el periódico de referencia en Bizkaia— que últimamente se estaba poniendo de moda y lo llamaban el Notting Hill bilbaíno. La verdad es que hay algunas calles (Baiona, Kirikiño y Zuberoa) que parecen un sueño.

Estas pequeñas construcciones están pintadas de colores muy vivos que contrastan con el resto de las edificaciones de la zona. Son un retazo del proyecto que soñó Juan José Irala. El hombre debía de tener una panadería en San Francisco, un barrio limítrofe, pero se movió hacia las afueras para poder construir una panificadora. Dicen en algunas crónicas que siempre olía a pan en Irala.

El afán empresarial del hombre no se quedó satisfecho con la construcción de la fábrica y mandó levantar un barrio para el personal que trabajaba para él. No solo les ofrecía las casas sino que también puso en marcha escuelas, economatos y asistencia médica. Elena Horrillo cuentan en en su artículo Las casas inglesas de Irala o cómo levantar un barrio en diez años que constituyó también "lo que llamó la Sociedad de la Templanza cuya función era combatir el alcoholismo, uno de los grandes problemas de la época, aunque permitía el uso moderado del vino y bebidas fermentadas. Irala buscaba crear un estilo de vida colectivo y favorecer la creación de una identidad colectiva en el barrio".

Las principales edificaciones se pusieron en pie durante las dos primeras décadas del siglo XX. Mientras, el barrio seguía en construcción y, en 1912, el arquitecto Ricardo Bastida presentaba también el proyecto del Grupo Torre Urizar, a tan solo 400 metros de las casas de colores que parecen inglesas.  Su construcción era un proyecto de la institución municipal Casas Baratas, un organismo que explica perfectamente en su nombre qué y cómo pretendían solucionar el problema de la vivienda. El proyecto de Torre Urizar tiene tres características principalmente: todas las fachadas son iguales, los edificios tienen forma de peine y las viviendas se construyen según los distintos tipos de familia. Había, por ejemplo, pequeños pisos pensados para personas solteras. Ahí, ahí mismo, en Torre Urizar, las mujeres de la barriada constituyeron la Fraternidad de Mujeres Modernas. Al parecer, consiguieron el dinero que necesitaban para empezar cosiendo pequeñas banderitas republicanas. En el artículo La entrada de las mujeres en la Sociedad "El Sitio" de Bilbao: Por delante de los acontecimientos para evitar tener que ir por detrás, la periodista Marca Brancas las vincula a la Sociedad El Sitio.

Aurora López Furundarena fue, al menos durante un tiempo, la presidenta de esta Fraternidad que nacía en 1932. A partir de su fundación, en otros barrios de la ciudad, se construyó también el Hogar de la Mujer Moderna. ¿Qué querían? El objetivo, tal y como recoge Jon Penche González en su trabajo Mujer y republicanismo en Bilbao, era "fomentar la fraternidad entre las mujeres vecinas de Torre-Urizar, primero, y de todo Bilbao, después; defender y proteger los derechos políticos, jurídicos y sociales de la mujer; reunir fondos para festejar las fiestas del 14 de abril, 1 y 2 de mayo; recabar mejoras para el barrio de Torre-Urizar y otros en donde se constituyeran secciones de la asociación; atender a la labor de cultura familiar, política y social de las afiliadas y sus familias por medio de conferencias, libros, folletos y circulares; y crear un fondo especial para atender a las necesidades de alguna afiliada en apuros. Todos los actos de la asociación, decían, se significarían por su carácter liberal y laico". Ahí es nada. Tuvieron, además, su propio sello. El único que he podido encontrar era de 25 pesetas.

En enero de 1937, unos meses antes de la caída de la ciudad, se constituyó en Bilbao la Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA) y las compañeras de la Fraternidad de Mujeres Modernas se unieron a la entidad. De hecho, la sede de AMA fue instalada en una de las sedes de las mujeres modernas. La experiencia de AMA, que no pudo extenderse mucho en el tiempo debido a la instauración del régimen franquista, fue una experiencia alucinante de solidaridad y sororidad entre mujeres. Nacionalistas, comunistas, republicanas  y socialistas trataron de frenar juntas el auge del fascismo. Organizaron eventos y publicaron la revista Mujeres.

Josefina Carabias visitó en una ocasión a las compañeras de la Fraternidad de Mujeres Modernas y tuvo la oportunidad de charlar con Aurora López Furundarena. Así pudo saber que no todas sabían leer ni escribir, pero que estaban montando una biblioteca con "libros donados" que ponían a disposición de las asociadas. Además, declararon, que organizaban "conferencias trayendo aquí a las personas cultas que quieren hacernos ese favor".  López Furundarena, sin embargo, parecía prudente a la hora de hablar de política: "Nosotras vivimos aquí apartadas y hemos procurado unirnos, no para hacer política, como algunos creen, sino para encauzar nuestra vida por derroteros de armonía, colaboración, cultura y un poco de alegría sana".

Eso es exactamente lo que nos provoca recordarlas.