Otras miradas

Ayuda para un centro de recuperación de mujeres maltratadas

Ana Bernal Triviño

Una pancarta de una manifestación convocada por Lobas VK contra la violencia machista, ante la Junta municipal de Puente de Vallecas, a 25 de noviembre de 2021, en Madrid, (España).- EUROPA PRESS

Leo esta mañana el hashtag #MujeresdeVox, donde votantes ofendidas por unas declaraciones de Julia Otero marcan sus criterios, aunque sean contradictorios. Dicen que son independientes, sin reconocer que lo son porque así lo ha logrado la historia del feminismo para todas. Dicen no estar manipuladas, aunque parece que la educación machista no les hace reaccionar. Hablan de que las mujeres son privilegiadas, cuando las brechas de desigualdad y los asesinatos machistas están ahí. Y hablan de presunción de inocencia para el hombre en la ley de violencia de género, que tiene el aval del Tribunal Constitucional. Dejando, siempre, la insinuación de que la justicia prevarica.

Siempre digo que quienes niegan la violencia de género, quienes se mofan del feminismo, quienes creen que todo esto es un chiringuito... deberían de quedarse unos días en una casa de acogida. Y, allí, deberían de escuchar a las víctimas y a las mujeres que consiguieron esos derechos que hoy, como dicen las mujeres de Vox, nos hacen ser independientes. Una de ellas, Ana María Pérez del Campo. Lo de ella no ha sido nunca aparecer en la foto ni hacer teoría sin saber, sino meterse en el fango. No miento si es una de las mayores (por no decir la mayor) representante de lo que es llevar el feminismo a la práctica, en un momento en el que la violencia de género no estaba ni reconocida. 

A ella nada le ha parado los pies. Ni siquiera cuando se casó en 1956 y su marido la maltrató desde el principio. En pleno franquismo, y en una familia muy conservadora, Ana María huyó con dos hijos y uno en camino, en 1961. Peleó por poder separarse, se diplomó en Derecho Matrimonial y Práctica Procesal, fundó la Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas y propuso al Gobierno de la UCD un borrador de proyecto de ley sobre el divorcio. Y antes de la ley de Violencia de Género, en 1991, creó un centro de recuperación de Mujeres Maltratadas que aún sigue hoy... pero ya no se sabe por cuánto tiempo.

Durante todos estos años su empeño fue que ninguna mujer pasara por los malos tratos que ella sufrió. Y a ello ha dedicado toda su vida. Incluso, en muchas vacaciones, cuando medio Madrid huía en agosto, ella se quedaba viviendo con las mujeres del centro, para escucharlas y recuperarlas. Ana María es la que aún hoy relata la vida de una mujer que, tirada en el suelo, no dejaba ni que ella la abrazara por miedo a que alguien ni siquiera la rozara.

Las mujeres llegan allí rotas, solas o con sus hijos e hijas, y yo he visto cómo terminan saliendo fortalecidas. Aquello no es solo una casa más de acogida, es un centro de recuperación donde las mujeres leen no sobre teorías mágicas y mensajes de autoayuda, sino libros feministas que las hagan conscientes de sus derechos y de su historia, y con respuestas a todos los "por qué me ha pasado esto". Allí viven entre 10 y 18 meses mujeres de todas las edades, de cualquier nacionalidad y de cualquier clase social. Allí aprenden que pensar eso de "a mí esto no me pasará" fue un error. 

Todo es modesto, nada de un chiringuito, sino que se han esforzado siempre para estirar el dinero y darles lo mejor. Entrar en ese edificio es pasar controles de protección entre rejas, es escuchar voces de menores que han visto a su edad lo que nunca debieron, es saber la necesidad que tienen de hablar con sus psicólogas o de dibujar aquello que no pueden aún expresar, es escuchar lágrimas de recuerdos pero también sonrisas por sentirse fuertes, recuperar el apetito o escuchar que, como han controlado el estrés, ya no se les cae el pelo ni los dientes. Es un espacio para respirar a pesar de que las ayudas públicas cada vez han sido menos. 

Ana María siempre ha trabajado para este centro pero lejos de los focos que otras asociaciones sí han tenido. Quizás, por eso, apenas nadie sabe que el centro, quizás, tenga que cerrar porque las ayudas públicas no le han llegado. Las trabajadoras (como psicólogas o al abogada) están sin cobrar. Revuelve pensar en el dinero que se va en comisiones innecesarias y que luego ocurran estos fallos en necesidades vitales. Porque muchas mujeres están vivas y fuertes hoy día gracias a este centro de recuperación.

Ana María pide ayuda para el centro en la cuenta corriente de la Federación Nacional de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas. Esto es el ejemplo de lo duro que es esto, para aquellos que luego dicen que las asociaciones son chiringuitos y que las feministas viven de lujo. A todos estos los dejaba allí a que pasaran sus vacaciones, como Ana María, a ver si espabilaban viendo la realidad y se dejaban de tuits inoportunos. Ojalá esta ayuda sea transitoria aunque aún me pregunto a qué están esperando las instituciones que deben dar ese dinero. Ese centro es la primera herramienta que necesitan muchas mujeres maltratadas: tener techo, comida y recuperarse. Hagamos que el "no estás sola" no sea solo un eslogan, sino una verdad.