Otras miradas

Por qué debe caer Margarita Robles a causa del ‘Catalangate’

Sergi Sol

La ministra de Defensa, Margarita Robles, tras la sesión de control del Senado, este martes en Madrid. EFE/ Zipi

Tal vez no tuviera ni remota idea de las triquiñuelas del CNI con el asunto del malware Pegasus. Tal vez todo sea una herencia del general Félix Sanz Roldán, cuando el CNI estaba sujeto a la Vicepresidencia de Soraya Sáenz de Santamaría a la que incompresiblemente el 1 de Octubre de 2017 no se llevó por delante.

En agosto del año del referéndum en Catalunya, mientras la Vicepresidenta del último Gobierno Rajoy se paseaba por todas partes junto a su jefa de gabinete, María González Picó, como si por ellas retumbaran las campanas y aseguraba que no iba a haber ni urnas ni papeletas. Rajoy dixit. Al punto que Carmen Martínez de Castro, entonces secretaria de Estado de Comunicación del Gobierno español, cenaba en vísperas del 1 de Octubre –tras una jornada ajetreada- en el malogrado restaurante Tickets del Paral·lel de Barcelona y afirmaba al resto de los comensales de manera solemne que si en Catalunya votaban un millón de personas eso significaría la decapitación de Rajoy.

Para Martínez de Castro, el Gobierno español podía permitirse que se votara en ‘pueblecitos’ pero ni por asomo en las grandes ciudades y mucho menos en la capital catalana. Lo contaba, con aplomo, a todo aquel que quisiera escucharle.

Tras esa solemne afirmación estaba la información que gestionaba el todopoderoso general Félix Sanz Roldán a las órdenes de la vicepresidenta Santamaría, hija también de general. Ni más ni menos que diez años estuvo el conquense Sanz Roldán al frente del CNI, etapa que empezó con José Luís Rodríguez Zapatero, el presidente más progresista que jamás ha tenido el Gobierno de España. Pero sobrevivió a este e incluso a Rajoy. Pues continuó en el cargo un año entero con Pedro Sánchez, tras la moción de censura que acabó con Rajoy y con todo su Gobierno.

Lo que no pudo el estrepitoso fracaso que cosechó el Gobierno Rajoy-Soraya con el 1 de Octubre, lo pudo la corrupción de la Gürtel después de que la Audiencia Nacional fallara contra los intereses del PP.

Cabe decir que Margarita Robles, como antaño Zapatero, pasa por ser una de las voces más progresistas del Gobierno del PSOE. Y por eso mismo, también, no puede permitirse seguir en el cargo. Robles fue la persona que anunció y defendió una moción de reprobación contra Soraya Sáenz de Santamaría el 3 de Octubre de 2017: "Mientras en Catalunya había cargas con heridos de ciudadanos y agentes, mientras había ciudadanos votando, la vicepresidenta (Soraya) hacía una comparecencia diciendo que no estaba pasando nada", dijo. Ocurrió que ese mismo día en el que el rey Felipe VI tomó la iniciativa con aquello de ‘Santiago y cierra España’. Y la moción, que Podemos pedía que fuera de censura al Gobierno, se quedó en nada. Agua de borrajas ante el ímpetu del hijo del Emérito.

Algo parecido le está ocurriendo ahora a la ministra Robles, a la postre responsable del CNI. La ministra mantiene que no sabe nada mientras se van conociendo más y más datos sobre el espionaje masivo que comenzó con el PP en la Moncloa y siguió e incluso se amplió con Robles al mando. Y aquí no se espía a nadie, mientras que un silencio espeso acompaña al Presidente Pedro Sánchez.

La ministra Robles no puede seguir porque la fechoría cometida es un atropello a esos mismos derechos fundamentales que Robles ha defendido y protegido como magistrada. No puede seguir porque Unidas Podemos, el socio de coalición, es un clamor ante lo acaecido. Graves hechos que, pese a que ya se sabía, han tomado otro tinte tras las revelaciones de Citizen Lab –una entidad a la que el dirigente del PP González Pons concedía máxima credibilidad en enero de este año-  publicadas por The New Yorker, primero, y avalados, después, por Washington Post.

Tampoco puede seguir la ministra porque la afrenta necesita sangre. Si con ETA pegando tiros cayeron Manglano, el vicepresidente Narcís Serra y el ministro de Defensa Julián García Vargas no es aceptable que ahora la máxima responsable del CNI se vaya de rositas. Aunque la razón sea porque no se han enterado de nada y no controlan a su Centro Nacional de Inteligencia.

Y finalmente tampoco pude seguir porque su dimisión es la única vía para salvar a la izquierda y no allanar el camino a una coalición de un nuevo Gobierno del PP condicionado por la derecha más extrema de Vox. Si el PSOE quiere tener la posibilidad de volver a gobernar España la próxima legislatura sólo podrá hacerlo contando con Unidas Podemos y con esa suerte de partidos que conforman la plurinacionalidad del Estado y que suman cerca de 40 escaños imprescindibles, según toda la demoscopia publicada. Y no se muerde la mano que necesitas, ni se la espía.