Otras miradas

Revuelta escolar: recuperar el espacio que nunca debimos perder

María Pastor

Diputada en la Asamblea de Madrid por Más Madrid - Verdes Equo

María Acín

Diputada en la Asamblea de Madrid por Más Madrid

Varios niños participan en una carrera de sacos durante una protesta del movimiento ‘revuelta escolar’ frente al colegio público Lope de Vega, en Madrid (España), a 25 de marzo de 2021.- Jesús Hellín / Europa Press

Entrar y salir del colegio sin miedo a los coches; o donde nuestras hijas e hijos puedan quedarse jugando con sus amigos al salir de clase, construyendo amistades y tejiendo comunidad en un ambiente libre de contaminación no es una reivindicación. Es un derecho. Queremos que ir al colegio sea un compromiso con el presente y futuro, y no una situación de riesgo.

"Los hijos son la linterna que alumbra las grietas del sistema" escribía este fin de semana Diana Oliver hablando sobre el privilegio en que se ha convertido la maternidad y cómo, una vez que nos convertimos en madres, nos encontramos con un sistema incapaz de soportar las necesidades de la vida. A través de nuestros hijos e hijas recorremos un sistema incapaz de garantizar los cuidados. A través de ellos y ellas caminamos esas ciudades que hace mucho dejaron de pertenecer a las personas, para inundarse de coches, humo y veneno. A través de nuestros hijos e hijas descubrimos una y otra vez cómo la infancia nunca es una prioridad de las políticas públicas.

Los datos

Un estudio reciente señala que el 38% de los centros escolares de la ciudad de Madrid superan de media los 40 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno (los valores recomendados por la Organización Mundial de la Salud  se fijan en 10 microgramos). Y, si tomamos como referencia la hora de entrada a los centros educativos, los superan todos excepto cinco.

Esto significa que nuestros hijos e hijas respiran veneno, aunque el Gobierno municipal y regional miren a otro lado. Y no existe la fórmula para construir un muro que permita independizarse de la mala calidad del aire. Esto nos incumbe a todos. Por supuesto que la contaminación también entiende de códigos postales, pero, en el caso de Madrid, la apuesta municipal y regional por el tubo de escape y el negacionismo climático nos están condenando a niveles demasiado perjudiciales.

No se dan cuenta de que los episodios de alta contaminación disparan los ingresos hospitalarios y que sus consecuencias en la infancia tiene efectos negativos, también a nivel cognitivo ¿Y qué tienen que ofrecer estos gobiernos del tubo de escape? Boicot a nuestras vidas. Porque nos quitan el espacio público que habíamos ganado; permiten la entrada de 50.000 coches más cada día en el centro de Madrid; reducen un 10% los trenes de metro de Madrid; y no crean infraestructura para movernos en bicicleta.

Pacificación de entornos escolares

La buena noticia es que podemos revertir y mitigar esta situación. Ya hay mucho trabajo hecho. Tenemos muchas referencias. Se trata de la pacificación de entornos escolares, una tendencia que en Europa se está dando ya con buenos resultados. Edimburgo, Milán, Lyon o Londres ya han apostado por transformar, de forma puntual o permanente, los entornos escolares y reducir la presencia de tráfico, ruido y contaminación. Aquí, en España, Barcelona cuenta ya con el proyecto "Protegim les escoles", en el que ya han sido transformados los entornos de más de 100 escuelas con inversiones de unos 70.000 euros por colegio y con los que han ganado espacio al coche para devolvérselo a la ciudadanía, para crear espacios más seguros y saludables para la infancia.

La revuelta escolar

Recursos hay, lo que falta es voluntad política. La voluntad que sí tienen las familias madrileñas que cada mes, desde hace más de un año, llenan los entornos escoalares de vida, en lo que se ha denominado Revuelta Escolar. Una vez al mes, los niños y niñas y sus familias cortamos las calles próximas a los centros educativos y las ocupamos para jugar, para correr, para pintar en el suelo, para saltar a la comba, para bailar, para hacer carreras con los patinetes. Una vez al mes, miles de familias madrileñas recuperamos el espacio que nunca debimos perder.

Nuestra región puede liderar una transformación de los entornos, y financiar y acompañar a los municipios para hacerlo realidad. Rivas, por ejemplo, ya lo ha puesto en marcha con medidas muy sencillas. Ante los datos, la demanda y el sentido común sólo hay un camino: una región a la altura de Madrid.

Por eso queremos políticas públicas que construyan ciudades donde vivir bien. Necesitamos políticas valientes que conviertan las necesidades de  la vida en derechos para todas. Por eso, hoy, 6 de mayo, las familias volveremos a salir a las calles, esta vez todas juntas en Cibeles, para decir una y mil veces: ciudades para todas y colegios seguros y saludables para nuestros hijos e hijas.