Otras miradas

Señoras de Podemos, céntrense que están perdiendo

Marta Nebot

Irene Montero, Yolanda Díaz e Ione Belarra. EFE

¿Por qué el Podemos dirigido por mujeres no lo hace mejor que el dirigido por hombres? ¿Por qué la presunta candidata no acaba de serlo? ¿Por qué su candidatura de unidad, de sumar, de intentarlo de nuevo, no arranca de una santa o atea vez y empieza a recorrer España buscando programa, objetivos concretos, ilusiones factibles compartidas? ¿Por qué las dos lideresas, Belarra y Díaz, tienen discursos públicos distintos casi todos los días? O, preguntado de otra manera: señoras, ¿qué coño les pasa? ¿Qué están haciendo? ¿Van a ser capaces de achicar lo que queda de izquierda en lugar de agrandarla? ¿Será posible que por primera vez en este país dejen un partido en manos de lideresas –encima de izquierdas– y en lugar de hacerlo mejor lo hagan peor todavía? ¿Van a seguir con las guerritas internas cuyas consecuencias autodestructivas tan bien conocemos? ¿Es que no han aprendido nada? Ustedes también estaban en Vista Alegre cuando después del cisma el respetable clamaba:  "Unidad, unidad".

Y sí: lo de Andalucía ya ha sido el colmo. Vale que Teresa Rodríguez quiere ir por libre y ya no está dispuesta a negociar casi nada. Pero, ¿qué diablos les ha pasado para acabar apoyando hasta el último minuto una candidatura distinta cada una? Decía Unidas Podemos que Juan Antonio Delgado, su candidato ex guardia civil y diputado por Cádiz, es el único elegido en primarias. En primarias de Podemos. ¿Por qué convocaron ese proceso interno si sabían que el propósito era una candidatura conjunta? No discuto que Delgado pueda ser un buen cabeza de lista, pero no se lo pueden imponer al resto porque haya ganado unas primarias en las que ellos no votan. Si IU, Mas País y las fuerzas andalucistas eligen a otra (Inma Nieto), no se puede imponer a tu candidato solo porque vas a renunciar a las siglas, igual que ellos. Si tanto confían en Juan Antonio, ¿por qué no intentaron un proceso de primarias conjuntas o una bicefalia? Las primarias unilaterales y unipersonales, sin otro candidato, parecen más un pormiscojones de siempre que algo más conciliador, menos testosterónico. Será un pormistetas, pero es lo mismo y se trata de hacerlo distinto, mejor, de volver a los círculos, de horizontalizar el poder, de crear y creer en el grupo.

Tampoco entiendo la política de activistas que está escenificando últimamente Unidas Podemos. La oposición a la ayuda militar a Ucrania me costó entenderla hasta que vi las encuestas que hablan de las dudas de muchos sobre el envío de armas. Con lo de Pegasus no consigo entender la guerra encarnizada contra el otro partido de Gobierno. Que Echenique pida con más fuerza que ERC la cabeza de Robles el día en el que el sistema laboral de este país dio un vuelco, gracias a su vicepresidenta comunista, no parece lo más inteligente, por muchas ganas que le tengan a la ministra antipodemita.

El día que los números confirmaban que la reforma laboral de Yolanda Díaz puede terminar con la temporalidad laboral y, por lo tanto, con la peor lacra laboral (los trabajadores pobres) no se puede desviar el foco sobre algo que – lo siento– no es tan importante.

Llevo décadas hablando con políticos que siempre han sospechado que los escuchaban. Es algo que les importa a ellos. El trabajo nos importa a todos. El propio Gabriel Rufián reconocía esta semana en la Ser que siempre se ha dado por espiado.

En este punto tengo que entonar un mea culpa también por vivir de estos medios de comunicación que tenemos que tampoco respetan la prioridad de lo que más importa, de lo que a más importa y, por lo tanto, lo que más debería importarnos. Persiguen el clic, la audiencia y, por lo tanto, el morbo o peor: persiguen las declaraciones de los políticos, mucho más fáciles de perseguir que sus hechos.

Y añado para zanjar el tema, sin escabullirme: Margarita Robles no va a caer aunque debiera. Por mucho menos cayó el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, en 2009: por hacerse una foto con el juez Garzón en una cacería mientras estaba instruyendo el caso Gürtel. Dimitió ante el escándalo que hizo por aquella instantánea el PP y la prensa de derechas, que ahora justifica que se espíe a partidos políticos. Garzón después perdió su toga y toda su carrera por poner escuchas a los abogados de los acusados, por mucha autorización judicial y fiscal que tuviera. Robles no caerá, aunque autorizara hasta las escuchas al abogado de Junqueras, porque hay una guerra en Europa y ella se ha ganado al ejército, porque en menos de un mes se celebra la cumbre de la OTAN en España y porque es "muy mala" –dicen– y solo se iría sin filtrar cosas incómodas si le dieran un puesto en el Constitucional y eso no sucederá porque depende de Feijóo, que está encantado con la polémica. Ni PP, ni Vox, ni Ciudadanos pedirán su cabeza. Les interesa más tenerla ahí dentro como el caballo de Troya que es entre PSOE y Podemos y entre PSOE y los independentistas.

Pero, insisto, las cosas de comer importan más a los votantes y las batallas perdidas no valen la pena ni en política.

El viernes, cuando seguía coleando este puto Pegaso que sobrevuela la actualidad acaparándola entera, salió la noticia –en pequeño– de que Yolanda Díaz propone terminar con el trabajo gratis de los becarios  y pensé que qué alegría, que tal vez aún están a tiempo. Todavía pueden ilusionar a los votantes de izquierdas si se centran en lo que de verdad cambia vidas.

Señoras, inspiren, seduzcan, recapaciten, fumen la pipa de la paz o lo que les haga falta pero céntrense, joder, que están perdiendo mientras hacen grandes cosas. Inténtenlo al menos por orgullo feminista.