Otras miradas

¿Por qué Chanel es lo mejor que nos ha pasado en Eurovisión en décadas?

Rubén Serrano

Autor de 'No estamos tan bien'

La cantante Chanel posa en el photocall de los Premis RNE Sant Jordi 2022, a 26 de abril de 2022, en Barcelona, Catalunya (España).- Lorena Sopêna / Europa Press

Llegó la mami. Chanel Terrero, la reina, la dura y la Bugatti, ha desembarcado en Europa para llevarnos al colapso y hacernos saltar del sofá de la emoción. La representante española ha llegado a Eurovisión como una de las grandes favoritas y con el aval del público, prensa y apuestas. La artista hispanocubana interpretará SloMo (A cámara lenta, si lo castellanizamos) este sábado 14 en Turín, Italia. Después de ganar el Benidorm Fest y de dejar atrás polémicas, ha puesto su talento y volcado su trabajo para presentar la candidatura española más competitiva en años y, por primera vez, nos ha devuelto la ilusión por Eurovisión. Lo que vamos ver por televisión va a ser icónico. Ahora es el turno de que el espectador escéptico de Chanel y el detractor de Eurovisión deje de resistirse y acepte la realidad para disfrutarla con el resto: "el Chanelazo" sí le representa. Y más de lo que cree.

Tenemos que superar el dolor de no haber llevado a Rigoberta Bandini y a las Tanxugueiras. En primer lugar, porque no podemos estar anclados eternamente en enero de 2022. En segundo lugar, porque compararlas con Chanel ni nos hace bien a nosotros ni a ellas, aparte de que rivalizar a mujeres huele a misoginia clásica de manual. Y, en tercer lugar, porque esa pérdida simbólica colectiva no puede ir acompañada de las críticas racistas y machistas que ha recibido Chanel.

Una mujer racializada está en todo su derecho a representarnos, porque (¡sorpresa!) ellas también son España. Del mismo modo que también está legitimada a abanderarnos una mujer que expresa libremente su deseo cantando y bailando.

¿Acaso quienes claman al cielo que la letra de SloMo hipersexualiza a la mujer jamás se han gozado un perreo hasta el suelo de Becky G, Karol G o Bad Gyal? ¿Se han parado a leerla de verdad o solo han leído un tuit? ¿Acaso lanzan esas críticas contra Bad Bunny, C Tangana o J Balvin? Al final lo que revienta es ver a una mujer con agencia y voluntad propia. Otro tema es si la industria de la música potencia un canon concreto de artista femenina. Algo que sí hace. Pero que la crítica vaya ahí arriba, no hacia Chanel.

La música latina está teniendo su momento de gloria en todo el planeta. Hemos enarbolado mucho el discurso de que España es más que flamenco y castañuelas, y ahora que llevamos el sonido latino que baña nuestras discotecas y ocupa las listas de éxitos de nuestro país (tanto Spotify, como YouTube, como Los 40 Principales) algunos prefieren gruñir y poner el grito en el cielo. Como si la música latina fuera menos digna o menos válida para representaros. Quitarse la venda de los ojos es fácil: somos un país que se pegó a la pantalla para ver Pasión de Gavilanes, que se volvió loco con el Corazón Latino de David Bisbal y que ha bailado el Despacito de Luis Fonsi hasta aburrirlo. Por supuesto que SloMo y Chanel nos están apuntando con el dedo. Lo que pasa es que quitarse la vergüenza cuesta.

Como muchas, muchos y muches millennials (tiene 31 años), Chanel también ha crecido con el discurso de la meritocracia y del esfuerzo y sabe que Eurovisión es su gran oportunidad. Actriz, bailarina y cantante, a sus espaldas lleva más de una década de trabajo en musicales (El rey león, Mamma Mia), series (El secreto de puente viejo, Gym Tony) y cine (fue una de las finalistas para protagonizar la nueva versión de West Side Story de Steven Spielberg). ¿De verdad alguien cree que ha venido a Eurovisión a pasearse? En absoluto. Chanel es consciente de que esta es la puerta de entrada al mundo de la música y, como curranta del show que es (una obrera del espectáculo, como escribió Gabriela Abelenda en La Marea), ha decidido abrirla de par en par y exhibir ante los millones de espectadores de Eurovisión su talento y su "booty hypnotic". Y quién tenga pena que rabie.

Los deberes hechos

Chanel no es "lo mismo de todos los años", como muchas voces siguen repitiendo. No es una diva eurovisiva más, como las que ganaban los festivales en los 2000. Chanel es una estrella y se presenta como tal. Este año no hay ninguna como ella, eso es un hecho. La catalana irradia aura de motomami y energía de tía chulísima. Es curioso que el examen vigilante del público siempre recaiga sobre mujeres que cantan y bailan, pero no digan nada sobre los ocho hombres que se suben al escenario con una balada (¡Pesados! ¡Son todos iguales! ¡Renuévense ya, que estamos en 2022!).

La actuación que presentó al Benidorm Fest ya estaba cerrada y lo que Chanel junto con el resto de su equipo ha hecho en Eurovisión ha sido elevarla a la categoría de actuación de estrella invitada en los Grammy y de unos premios MTV. ¿Cuántas veces hemos soñado con que nos abandere una artista, una canción y puesta en escena que rocen la perfección? Con sus cinco bailarines (Exon Arcos, Raquel Caurin, Pol Soto, María Pérez y Josh Huerta), Kyle Hanagami (coreógrafo de Jennifer López y Britney Spears) y Rob Sinclair (director de iluminación de Kylie Minogue), Chanel despliega ante Europa un espectáculo escénico, lumínico, visual y vocal arrollador. Eso, más su carisma y profesionalidad, equivale al pack completo.

Vamos con los deberes hechos y eso es lo que nos provoca esa sensación de que por primera vez en ocho años (una ovación muy merecida para Ruth Lorenzo por ese décimo puesto) somos relevantes y memorables. Eso se ha traducido en estar entre las favoritas a ganar para las casas de apuestas (está en quinto lugar), para los fans y la prensa internacional (este vídeo con la reacción a sus ensayos es oro en internet). Chanel y SloMo tienen la atención de fuera pero también de dentro: gracias al empujón de Benidorm el público sabe quién nos representa, cada fancam (montaje que recopila todas sus actuaciones) que se publicaba se hacía viral, la canción es disco de oro en España, tiene más de 10 millones de reproducciones en Spotify y ha conseguido titulares y reportajes en medios generalistas. Hasta Sálvame ha enviado a un equipo especial a Turín. Mis años como eurofan fiel empezaron en el 2007 y, nunca antes en quince años (que me perdone la gran Pastora Soler), he sentido este subidón y esta emoción de que por fin tenemos una propuesta que nos puede devolver al podio.

Gomet rojo a la televisión italiana

Chanel participa en la 66ª edición que pasará al recuerdo cómo una de los certámenes más desastrosos de los últimos años a nivel técnico. El primero y principal, el "sol cinético": un arco en medio del escenario que estaba diseñado para moverse y combinar pantallas led con luces, pero dos días antes de los ensayos la organización informó a los participantes que "no funcionaba bien" y que se quedaría inmóvil por la parte de la iluminación. ¿Resultado? Escenografías deslucidas por un armatoste negro y países molestos que han tenido que cambiar a contratiempo una propuesta que llevaban meses perfeccionando. A eso se le suma, fallos constantes de realización, cámaras perdidas, planos que muestran el suelo del escenario rallado como una pista de patinaje y las postales previas a las actuaciones que gritan "graphic design is my passion". Nosotros podemos respirar: esto no le afecta en nada a Chanel.

La televisión italiana (RAI), organizadora de este este año, y la Unión Europea de Radiodifusión (UER), responsable del concurso, no han estado muy finas. Vladana, la representante de Montenegro, reveló en una entrevista a Eurovision-Spain que se sentía "decepcionada con Eurovisión este año". La artista pidió una animación para sus visuales que nunca llegó: "Todo el mundo me había dicho que el certamen era la perfección en la producción, pero no es así. […] No creo que eso sea profesional". A eso se le suma la reducción de acreditaciones para medios especializados y para medios de fans y un contrato de exclusividad con TikTok, cuyo contenido ha sido decepcionante. El concurso es la plataforma donde la UER implementa y perfecciona nuevas tecnologías audiovisuales (cámaras, iluminación, grafismo, animaciones…) que después se utilizarán en otros programas. El resultado de este caos escénico y organizativo daña la marca Eurovisión y perder esa reputación no es buena señal.

"Eurovisión es todo política. Va a ganar Ucrania".

¿Tiene Chanel opciones reales de hacer un buen puesto? Sí, el mejor de España desde 1995. Venimos de 0 puntos en el televoto del año pasado y ahora un top 10 parece asegurado y el top 5 podría ser factible. La victoria parece una posibilidad real, pero en la lucha por el ansiado micrófono de cristal "la mami" no está sola. También se encuentran Suecia, Italia, Reino Unido y Ucrania. Kalush Orchestra y su canción Stefania vienen abalados por las apuestas, para la que son la ganadora indiscutible, y por el "run run" que dice que la invasión rusa podría despertar la simpatía de la audiencia. Pero, ¿será así? ¿Los jurados opinarán lo mismo? ¿Le interesa a la UER llevar el certamen a un país en guerra? Si los ucranianos ganan una cosa está clara: preparémonos para los artículos de sociólogos y politólogos dando la turra.

Si vence el país del Este, también está claro que oiremos eso de "es que en Eurovisión es todo política". Sí, Paco, en Eurovisión hay política del mismo modo que nuestras vidas también están atravesadas por la política. Gracias por aportar nada. El abanico y la torera de Chanel también son política, en cuanto a símbolos. Que participe Israel también lo es. Y que Rusia haya sido expulsada del festival. Y que la canción serbia reivindique seguridad social para los artistas en su país. Y que Francia cante en bretón por primera vez desde hace 26 años. Y que intérpretes paseen orgullosos su pluma marica por el escenario. Pero el factor político no es el único relevante para mover votos. Si la canción, los artistas y la puesta en escena son intrascendentes, la actuación lo será también.

Eurovisión es televisión en mayúsculas: una superproducción internacional con más de 183 millones de espectadores y una ventana al mundo con un gran impacto social, cultural y económico. Este año España por fin puede soñar (y con razón) con conseguir un buen puesto. Se ha acabado la racha de 6 años seguidos de estar por debajo del puesto 20 y de sentirnos decepcionados. La victoria no será fácil pero no está descartada. Chanel nos ha hecho ilusionarnos y creer en ella, y ese poder lo tienen pocas personas. No se confundan, señora’ y señore’, pase lo que pase, la actuación de "la mami" pasará al Olimpo del festival y será de las más recordadas. Hace un año esto era impensable. Disfrutad "el chanelazo". ¡Aguaaaa!