Otras miradas

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Federico Severino

Ex director del Instituto 25-M de Podemos

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Miembros de Por Andalucía.

Unidas Podemos y el Frente de Todos. Dos espacios políticos de relevancia. El primero con una importante responsabilidad de gobierno, el segundo al mando del gobierno de la nación. Ambos ante su propio abismo.  A los dos los llevo en el corazón.

Asisto con profunda tristeza y un océano de por medio a su probable implosión. Tristeza y estupefacción al ver a cámara lenta, episodio a episodio, como se avanza hacia el precipicio deliberada e inevitablemente como quien asiste a la destrucción que traen los huracanes en la temporada ciclónica. Tristeza y amargura, pero no sorpresa. No hace falta haber habitado en el seno de una organización política para conocer su ilimitada capacidad para autoinfligirse daños sin remedio. Esta inclinación o hibris es tanto o más intensa que la famosa Ley de Hierro de la Oligarquía de Michels.  Nadie ni nada escapa al final catastrófico de las internas como si de un incompasible agujero negro se tratara. Si no fuera por las incalculables consecuencias que puede tener insistir alevosamente en la desintegración de estos espacios políticos no me tomaría aquí la libertad de escribir la siguiente serie de ocurrencias que no tienen más fundamento que la desesperación ante lo que parece inevitable.

El freno de emergencia del proletariado o Ctrl+Alt+Supr

Que importante sería poder ensayar algún tipo de dispositivo externo a las organizaciones que interrumpieran inapelable y radicalmente suicidios colectivos asistidos en los que todos hemos participado alguna vez. No me refiero a mecanismos eleccionarios, consultas, revocatorios, plebiscitos o a nada que se les parezca. Me refiero sencillamente a un "basta" sonoro, rotundo y sin contenido positivo alguno capaz de parar el balón en seco y que obligue a los actores a atender a un solo mandato: Ctrl+Alt+Sup. ¿Quién estaría llamado a poder tirar de esta especie de freno de emergencia del proletariado? ¿Son los inscritos? ¿La militancia? ¿La opinión pública progresista? ¿Todo el censo electoral? No lo sé, pero intuyo que una vez desatada la insensatez bunquerizada y miope solo podemos encontrar algo de cordura e instinto de supervivencia en el afuera próximo, en los contornos. Se ha subestimado demasiado la sabiduría fría de la retaguardia en los momentos más delicados sin percatarse de que probablemente allí se encuentra el más íntimo círculo de confianza.

Parar para pensar

¿Y luego qué? Pues paramos y nos ponemos a hacer justo lo contrario al rosqueo, al aparateo, a la enésima guerrita en tu red social favorita, a las declaraciones vehementes, a dejarla caer, a los ataques de dignidad, a los comentarios hiperbólicos y al siguiente movimiento que con toda certeza será inevitablemente otra cagada estratosférica. Se trata de parar, desalambrar, tirar por la borda los mapas y renunciar a todo lo que sea profundizar en la melancolía. A mí no se me ocurre otra manera de hacerlo que pensado; pensando colectivamente y en voz alta. Conversar y discutir en un espacio laico y si es posible mirándonos a los ojos y con las mínimas garantía de poder tener un debate intelectualmente honesto y no otro maldito simulacro. Se me había cruzado por la cabeza desarrollar esto como una especie experimento habermasiano capaz de crear "situaciones ideales de habla" pero la cosa está demasiado jodida como para tanta pedantería. Nos basta con asistir a un encuentro donde mantengamos el compromiso de que quien hable crea por lo menos en lo que dice, como exigía Sócrates a los sofistas como condición indispensable para un dialogo que pretenda ir a alguna parte. No es poco. Igual es un fracaso, pero por lo menos nos servirá para cortar, aunque solo sea por un rato, tener que contarnos cuentos gastados. Ya habrá tiempo de volver a montar mejores relatos. Los necesitamos.

Sí, ya sé. Que si es un delirio buenista, que si no es el momento, que si menuda ingenuidad, que si el factor humano y los liderazgos, que si el respeto a la soberanía de los partidos y que, chaval, en menudo equidistante te has convertido y que porque no te callas que tú también eres responsable. Sin duda, de todo eso un poco. Pero da igual. Lo más probable es que esto en realidad no le importe a nadie y que sigamos caminando de victoria en victoria hasta la derrota final. Yo prefiero seguir siendo buenista, ingenuo, equidistante y hasta un poco traidor, lo que haga falta menos la amargura de pensar que no somos ya capaces de sorprender a nuestro electorado y al país entero con lo improbable. Qué bonito sería; es que lo pienso y me emociono porque además de buenista, ingenuo, equidistante y un poco traidor soy un sentimental. Qué magnifico sería que alguien tirara ya de ese freno de emergencia y más allá de las fiestas de la primavera, los actos de escucha y las innumerables ferias y verbenas con photocall tuviéramos que parar obligadamente, interrumpir las agendas, compromisos y la próxima jugada brillante para pensar, aunque solo sea para pensar juntos lo improbable.

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