Otras miradas

La intercooperación como estrategia de resiliencia

Mireia Bosch Mateu

Opcions, sccl – Comissio d’intercooperació de la XES y Guernica Facundo - Grup Cooperatiu ECOS

Imagen de Hugo Hercer en Pixabay

En economía social y solidaria, cooperamos porque es nuestra forma y razón de ser. Pero ¿Por qué es más urgente ahora potenciar la cooperación entre nuestras organizaciones? ¿Por qué la ebullición actual de dinámicas de intercooperación?

Nuestra tesis es que la intercooperación no es solo una herramienta orgánica y consustancial a la naturaleza de la economía social y solidaria (y especialmente al ámbito cooperativo), no es sólo tácticamente útil para mantener la actividad de nuestras iniciativas, si no que es también una estrategia necesaria para resistir el embate de un entorno de economía capitalista cada vez más desbocado y hostil; lo que Amaia Pérez Orozco llama «esa Cosa escandalosa que habitamos».

Se presenta un futuro de años aciagos, con enormes retos sociales, económicos, ambientales, culturales, políticos... y la economía social y solidaria, además de no desfallecer proponiendo alternativas desde la praxis, debe tejer una trama de apoyos mutuos, solidaridades y cooperación (entre personas y organizaciones) lo más tupida posible. No sólo porqué podamos generar economías de escala, podamos ocupar territorios económicos y sociales poco explorados, o podamos ampliar el mercado social en el que operamos desconectando progresivamente a más personas del capitalismo, sino también como estrategia de resiliencia.

Como nos recuerda Jordi Garcia Jané, a las organizaciones de economía social y solidaria nos va a tocar desarrollar una doble tarea: «A la humanidad se nos acaba el tiempo para arreglar la única casa que tenemos y hemos destrozado, el planeta Tierra. Si pudiéramos llevar a cabo la transición ecosocial obtendríamos al menos una prórroga para desmantelar el capitalismo, porque mientras haya capitalismo la reproducción de la vida estará amenazada. Pero conseguir esta transición es tan difícil que necesitemos guardar otra carta a la manga: tener preparadas las condiciones para resistir al colapso que probablemente sufriremos. La economía social y solidaria puede y tiene que contribuir a ambos objetivos, pero para ser más efectiva en esta doble cometida necesita dotarse de una visión compartida de la situación y de objetivos estratégicos para afrontarla.»

La intercooperación, pues, nos es inevitable en un mundo cada vez más complejo y adverso porque, a la vez que creamos y generamos economía de mercado social más allá de las lógicas de la economía de mercado especulativo y extractivista, nos permite desarrollar nuevos espacios de vida que de forma aislada difícilmente podremos fortalecer.

¿Quienes intercooperan para resistir?

Para las que formamos la economía social y solidaria la forma más efectiva de resistir es cooperando entre nosotras, poniendo en común esfuerzos y recursos entre quienes compartimos propósitos específicos. Pero para algunas organizaciones e iniciativas la intercooperación es especialmente relevante como estrategia de resiliencia.

Ámbitos como los cuidados, la tecnología, la movilidad, la logística o la agricultura (entre otros), afrontan unas consecuencias tan profundas derivadas de la crisis energética y climática que estamos viviendo (y que se agudizará de forma acelerada en los próximos años), que desde la economía social y solidaria sólo podemos afrontarlas de forma mancomunada.

Las personas racializadas, las migrantes, las mujeres supervivientes de violencias de género, las personas que viven en entornos urbanos hacinados o las que viven en entornos rurales desatendidos (entre muchas otras), afrontan condiciones de vida materiales, sociales y culturales tan sumamente desfavorables, que para enfrentarlas son imprescindibles las alianzas entre sus organizaciones.

La intercooperación como proceso

La intercooperación no tiene una metodología exacta y su éxito o fracaso depende de muchos factores. Construir relaciones de intercooperación no es fácil y no se hace de un día para otro, sino que es un proceso complejo. La intercooperación debe ser un proceso natural y orgánico, pero está condicionado y no se puede improvisar, debe tener intencionalidad y voluntad.

La intercooperación es una práctica nueva cada vez que se emprende, cada proceso de intercooperación es diferente y el fruto será siempre distinto. Es difícil, por tanto, dar una receta exacta de la intercooperación. Exponer experiencias concretas de intercooperación tiene la potencialidad de poner en común y visibilizar los retos y palancas, aprender conjuntamente de procesos de intercooperación en diferentes estadios de maduración, y dar voz a las organizaciones que, con objetivos de cooperación diversos, los están protagonizando.

Todo ello lo abordaremos en el marco del encuentro de Idearia, donde nos centraremos en experiencias de organizaciones que, como La Insólita, la incipiente Red tecnológica para la solidaridad y la resiliencia en la ESS, el Fondo Dalia, ell Círculo de migraciones y economía social y solidaria antiracista – Coòpolis y la Red de Mujeres Costureras, han apostado por la intercooperación como estrategia de resiliencia o, como mínimo, de resistencia.