Otras miradas

Del vídeo de Santi Millán al escote de Patrícia Plaja

Ana Bernal Triviño

La portavoz del Govern de Catalunya, Patrícia Plaja, durante una rueda de prensa tras el Consell Executiu semanal; a la derecha, el actor Santi Millán posa durante el photocall de la presentación de la película 'Los tipos malos'.- EUROPA PRESS

Santi Millán no ha parado de ser estos días trending topic, desde que alguien compartió y viralizó en redes un vídeo íntimo. No deja de sorprenderme, no sólo en este caso sino en otros, cómo nunca nos quedamos con lecciones de situaciones precedentes por más trágicas que sean.

Parece que poco aprendimos de los casos de Olvido Hormigos o de la empleada de Iveco, la mujer que se suicidó después de haberse distribuido un vídeo personal entre los compañeros de trabajo. Supongo que de aquello se aprendió poco porque me gustaría recordar que la justicia archivó el caso. No se pudo localizar quién filtró el vídeo. Él sigue viviendo, tan tranquilo y sin cumplir pena. Ella ya no está. Cuando no hay justicia hay olvido. Y el olvido lleva a que los mismos errores se repitan una y otra vez. 

Estos días ha sido un hombre el afectado, Santi Millán, pero los cuerpos y fuerzas de seguridad dedicados a los delitos tecnológicos confirman cómo, cada día, muchas mujeres ven cómo sus ex parejas comparten imágenes íntimas para humillarlas públicamente. Cómo no, la industria porno tiene registros y muchas visualizaciones de sus vídeos clasificados como "porno venganza". Porque el placer no está en el acto sexual grabado sino en ese plus de avergonzarla, de que la señalen de "guarra" o "puta" porque tener sexo sigue teniendo mucho de moral en este país. 

Son los mismos listos que se creen que por ver mucho porno son tope de hombres, pero luego de educación sexual no saben nada y te miran con cara de idiota cuando le preguntas por el clítoris, por ejemplo. A Millán lo han tachado de inútil por grabarse o ser infiel desde el minuto uno, cuando ni siquiera sabían qué modelo de pareja podía tener su matrimonio. De ahí que un segundo después una gran cantidad de mensajes fueran dirigidos a ridiculizar a la mujer que está con él en la cama o a su propia pareja. La cual, por cierto, ha dejado en silencio a más de una y de uno tras su comunicado. Algunos parecen seguir pensando que el delito de amancebamiento, entre los hombres, sigue vigente. Y, en ellas, el adulterio. Y no, eso ya es cosa del pasado.

Siempre estamos con la advertencia de "no te grabes en imágenes privadas". Y es cierto que muchas personas no son conscientes de las consecuencias que pueden tener. Pero no hemos insistido con la misma fuerza en que más allá de grabarte quien comete el delito es quien distribuye. Lo de echar la culpa siempre a la víctima es de manual. No hay ningún "pero" con Santi Millán, pero tampoco lo había con la trabajadora de Iveco ni con cada una de las personas afectadas en estas situaciones. Entre ellas muchas mujeres, adultas y adolescentes, que callan aún por vergüenza cuando sus exparejas las dañan exponiendo su intimidad, en otra forma más de violencia. Es, además, el castigo público de muchos maltratadores cuando sus parejas no acceden a lo que ellos les exigen. 

La misma que hace unos días cuando la portavoz del Govern, Patrícia Plaja, se vio envuelta en una polémica con su cuerpo. Mientras hablaba en TV3 parece ser, como ella misma explicó, que su escote no era el "apropiado" y se lo cubrieron para que no enseñara demasiado. Demasiado, obviamente, según el criterio de algún responsable. Porque parece que tenemos que ir con un botón abrochado hasta el cuello para ser tomadas en serio delante de una cámara. Lo de Plaja no es algo excepcional. Yo misma en algunas televisiones he recibido alguna que otra consideración o indicación por un escote de pico. 

Y te das cuenta de cómo estamos siendo juzgadas constantemente, miradas y evaluadas. Que, oigan, tenemos dos orejas, una nariz, dos manos y nacemos con dos pechos y que un escote redondo o de pico no es pecado aún. A ver si quienes no entendían la canción de Rigoberta Bandini con estas cosas comprenden parte del mensaje del miedo que dan nuestras tetas.

Y aquí reflexionaba sobre las dos caras de la moneda en la sociedad. La contradicción de quienes juzgan cubriendo parte de nuestro cuerpo en el espacio público, donde hay que dar ejemplo de "buena mujer" y la exposición y distribución masiva de vídeos íntimos donde se nos juzga sin compasión y como "pecadoras" o "pecadores". Uno desde la vergüenza y el miedo moral, el otro desde el disfrute del escarnio. Y en los dos casos sólo evidencia la falta de educación sexual que, como vemos, sólo crea o puritanos o delincuentes. También los cómplices que lo comparten en silencio.