Otras miradas

Desde la afirmación progresista

Marta Higueras Garrobo

Concejala del Ayuntamiento de Madrid

Los miembros de Recupera Madrid (i-d) Marta Higueras; José Manuel Calvo, y Luis Cueto, levantan la mano acompañados de concejales de Más Madrid durante una sesión extraordinaria y urgente en el Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid, a 7 de septiembre de 2021, en Madrid (España).- EUROPA PRESS

Los comicios de 2023 están a la vuelta de la esquina. El hundimiento de Ciudadanos y el empuje de fuerzas conservadoras, muy regresivas, abren un horizonte preocupante para las izquierdas. En Madrid, parece clara la participación de la extrema derecha en una formación de gobierno que presidiría Almeida.

Solo si somos capaces de presentar mejores candidaturas y un programa que sea escuchado y entusiasme en los barrios, podríamos recuperar y gobernar la alcaldía como en 2015. Y en el peor de los escenarios, podríamos hacer una efectiva oposición, tarea fundamental en un sistema democrático.

Hoy, a las ya antiguas justificaciones para el individualismo y el egoísmo, que han respaldado por años disminuir la inversión pública en salud, en educación, en cultura, en ciencia y en tecnología, se suman una irresuelta crisis bélica, la incipiente ola inflacionaria y el rampante iliberalismo de corte trumpista que avanza en el seno de la Unión Europea.

Este último en particular podría hacer que perdamos muchos derechos alcanzados para las mujeres y los colectivos LGTBI y que retrocedamos en los más importantes logros del estado de bienestar europeo. Todo ello hace temer incluso por el futuro de nuestro modelo democrático, pues hoy el campo de los derechos humanos está siendo dinamitado por las derechas radicales, y España no es una excepción.

Se teme, con razón, la creciente influencia de la extrema derecha, que goza de un apoyo popular considerable y tiene el mismo éxito que la banalidad ligera e irresponsable en el presente. Pero la realidad, también, es que se ha subestimado la capacidad de movilización de las fuerzas contrarias a ese populismo posmoderno.

Miremos con atención, por ejemplo, el proceso de las elecciones legislativas francesas, donde Jean-Luc Mélenchon se ha convertido en el primer éxito importante de una galaxia de izquierda dispersa durante largo tiempo.

En 2022, las izquierdas, las fuerzas progresistas, y esa gran cantidad de independientes que nos movemos en los marcos del municipalismo —desde la experiencia y el activismo en múltiples planos del hacer social, político y cultural—, haríamos bien en rectificar, en dejar de proclamar daños o agravios y en abandonar la queja para proclamar de una manera positiva lo que podemos hacer y crear.

Llevamos demasiado tiempo en plan de negatividad, subrayando lo que no podemos hacer y criticando lo que otros hacen o dejan de hacer. Mientras la ciudadanía necesita que hablemos desde la afirmación, en esta nueva etapa de resistencia y lucha solidaria.

En esta disyuntiva difícil, la reflexión abierta y protagonizada por Yolanda Diaz de ese espacio común para las próximas elecciones generales debe encontrar una réplica, un acompañamiento, en Madrid. La ciudad está en condiciones de participar de forma activa en una gran movilización y las izquierdas tenemos la responsabilidad de ser generosas, de enterrar odios y de presentar una propuesta de peso, de unidad y de concordia.

Recordemos también la experiencia parisina que hizo de Bertrand Delanoë —el primer político francés en declarar abiertamente su homosexualidad— alcalde de París de 2001 a 2014. ¿Podríamos tener en Madrid una candidatura que una a las fuerzas progresistas, a esa izquierda que  ha demostrado con éxito que hay otras formas de gestionar? Lo hemos hecho entre 2015 y 2019 en el gobierno municipal con Manuela Carmena en la alcaldía y lo está haciendo la coalición entre PSOE y Unidas Podemos en el gobierno central (cuyos logros en circunstancias muy difíciles, puede que no hayan sido suficientemente reconocidos).

En nuestras manos está lograr un debate serio y honesto, con una actitud generosa, sobre el futuro que queremos. El riesgo, si no lo logramos, es la desmovilización, bien porque parte del electorado asuma que la victoria de la derecha recalcitrante está asegurada, bien porque las propuestas progresistas sean incapaces de convencer al voto indeciso o de volver a sumar a quienes se han/hemos decepcionado.

Es necesario encontrar un espacio que permita concentrar a las distintas voces y a las distintas agendas de la izquierda, y converger en una propuesta que promueva el crecimiento y desarrollo de nuestra ciudad desde la equidad y la sostenibilidad.

Es necesario encontrar un espacio que nos reúna para defender valores como la diversidad y la solidaridad, para garantizar derechos que hoy peligran como el acceso universal a la salud y a la educación, para evitar que se culpe a la inmigración y a minorías por las insuficiencias de las gestiones políticas, para priorizar el cuidado del ambiente sobre la "libertad" de hacer jugosos negocios y para luchar realmente contra la grosera desigualdad que divide Madrid.

No podemos resignarnos. Otro rumbo es posible. Y recordemos que el más noble motivo para la actividad política —con su dureza y el coste personal que esta puede suponer— es perseguir el bien común.